Mis queridos hermanos y hermanas,
el ambiente de los festejos del nacimiento del Redentor nos
llevan necesariamente a considerar los aspectos humanos que
se derivan de la encarnación del Hombre-Dios. El Verbo eterno
de Dios, parecería que está de sobra señalarlo, entró al mundo
mediante una familia con un padre y una madre. Tal como Dios
diseñó a la humanidad según lo podemos ver desde el principio,
precisamente en el Libro del Génesis, que nos hablan del diseño
original de Dios sobre el mundo y sobre la humanidad.
Quiero, mis queridos hermanos,
en esta ocasión invitarlos a centrar la atención en dos temas
muy importantes en estos días de la Navidad. El mismo de Dios
con nosotros y el que se ha suscitado en la sociedad del Distrito
Federal con ocasión de la aprobación jurídica del matrimonio
entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adopción
por parte de esas parejas. Reflexionemos primero un poco acerca
de este misterio que estamos viviendo en la Iglesia. Los textos
bíblicos nos invitan a profundizar en este misterio, que no
es fácil de entender de inmediato, es muy conveniente que
entendamos que por tratarse de un misterio tan profundo y
fundamental a nuestra fe cristiana no se comprende de una
sola vez, sino que requiere de tiempo y de paciencia para
irlo asimilando, para irlo saboreando, para irlo gustando.
Es precisamente lo que nos enseña la joven madre de Nazaret,
María, con su actitud de conservar todas las cosas en su corazón.
Parece que san Lucas nos quiere enseñar en esta catequesis,
estos son los evangelios, lo difícil que es comprender la
personalidad de Jesús. Jesús a la edad de 12 años sube con
sus padres a Jerusalén para cumplir por primera vez con el
deber de celebrar la Pascua. Es decir la fiesta más importante
de Israel, la que recuerda la liberación de la esclavitud
de Egipto. Jesús se encuentra en el umbral de la edad adulta,
provoca una situación de angustia, de inquietud, de desasosiego
en la familia santa, que desarrollaba su vida en la armonía
y en el entendimiento sereno. Entorno a la escena evangélica
hay muchas preguntas, que se nos pueden venir a la mente legítimamente
y que nos obligan a buscar el verdadero sentido de la narración.
Pero debemos descartar, mis
queridos hermanos y hermanas, el quedarnos en consideraciones
románticas sobre las virtudes caseras de la Sagrada Familia.
No podemos soslayar que estamos frente a una familia muy especial,
en la que la madre es virgen, José no es padre biológico y
el Niño no es un simple hombre. Precisamente, por eso debemos
hacer un esfuerzo por entender cuál es el mensaje que Dios
nos quiere dar a través de un texto sagrado que al mismo tiempo
es obra de san Lucas. El verdadero Padre de Jesús es Dios
y la Virgen, Madre María, y José el padre adoptivo, no deben
olvidarlo. Su presencia en el templo presagia ya al entrar
a la edad adulta, su misión: enseñar a la humanidad el proyecto
divino del Padre para salvar al hombre, a todo hombre, a todo
el hombre. A fin de que asumiendo sus mandatos se comprometa
haciendo lo que le toca y logre el fin para el cual fue creado.
Entonces, su extravío, su pérdida en el templo es ocasión
para hacerles entender esto.
En efecto, mis hermanos, toda
la vida de Jesús transcurre, según el Evangelio de Lucas,
en una continua y muy especial relación con su Padre. Una
relación de perfecta obediencia hasta que el día en que desde
la cruz diga: Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu.
La Virgen María recibe la respuesta, como pregunta doble
¿por qué me andaban buscando? ¿no sabían que debo ocuparme
de las cosas de mi Padre? Pero no como un retobo, mis hermanos,
alguno puede decir: a que berrinchudo chiquillo, no, no es
un retobo, mis hermanos, sino un recordarlo. Un recordatorio
de algo que debería saber María y que como es natural, como
Madre no comprende fácilmente. Sí, la humilde doncella de
Nazaret, María, meditaba esto en su corazón. Hoy a nosotros
se nos invita a meditar continuamente este misterio a fin
de asimilarlo cada vez más para nuestro provecho espiritual
en la fe.
Es cierto que la Familia Santa
es muy especial, sin embargo, y para pasar al segundo tema,
es muy importante que entendamos que la familia tal como se
entiende en el lenguaje universal es una realidad humana,
que Jesús asumió y consagró al hacerse hombre. Por tanto,
mis amados hermanos y hermanas, la Iglesia lo que hace, como
deber, es mantener y proteger esta institución divina tal
como se entiende. Insisto, universalmente, es decir: constituida
por un padre y una madre y los hijos de ambos. Esto es una
familia en más estricto sentido del término y tiene su fundamento
en el matrimonio. La familia natural en cuanto a comunión
íntima de vida y de amor fundada en el matrimonio entre un
hombre y una mujer, es el lugar primario de la humanización
de la persona y de la sociedad, lo dice el Papa Benedicto
XVI, mis hermanos. La cuna de la vida y del amor es la
familia, con razón, pues, se ha calificado a la familia como
la primera sociedad natural. Una institución divina, fundamento
de la vida de las personas y prototipo de toda organización
social, hasta aquí el Papa.
Debe quedar bien claro, entonces,
mis hermanos, que la Iglesia no condena las tendencias sexuales,
como si fueran por sí mismas intrínsecamente malas, hablo
de las tendencias, no de la prácticas. Lo que ella hace en
nombre de la ley de Dios es desaprobar las relaciones íntimas,
es la práctica. Precisamente, por ir contra el sexto mandamiento
contra el que también pueden actuar los heterosexuales. El
cumplimento de su misión la Iglesia debe señalar la necesidad
de respetar el proyecto original de Dios. En esto no puede
la Iglesia contradecir la ley, no, y lo menos que debe hacer
es no dejar de advertir la gravedad y el riesgo de esas prácticas
frente al mandato divino.
En consecuencia, mis amados
hermanos y hermanas, frente a la aprobación de la Asamblea
del Distrito Federal al aprobar el supuesto ‘matrimonio’ entre
personas del mismo sexo, la comunidad católica, por medio
de su magisterio, se ha visto obligada, a causa de su misión,
a defender la voluntad de Dios expresada claramente en la
Sagrada Escritura y en la tradición cristiana al desaprobar
que se use el término matrimonio para una realidad que casi
no tiene nada que ver con lo que implica en el uso común.
En todo caso ya se había denominado esto con el nombre de
‘sociedades de convivencia’; por tanto, es importante aceptar
que no se debe crear confusión denominándolo con el término
de ‘matrimonio’. Hay que llamar a cada cosa por su nombre,
por su nombre específico, al pan, pan y al vino, vino, y no
dar vueltas.
Mis hermanos, es importante
tener en cuenta, pues, esto que no dice la Iglesia, no crear
confusiones en este momento, no. La unión de dos personas
del mismo sexo no dan las condiciones de un auténtico matrimonio.
Esto es lo que, con todo derecho y obligación defiende la
Iglesia. Y si no es un verdadero matrimonio, según entendemos
comúnmente, tampoco entonces puede pretender adoptar hijos,
claro, que disparate.
Mis hermanos, el hijo no es
una mascotita, no, es fruto del amor, del padre y de la madre;
es una bendición de Dios; es expresión de la fecundidad del
Dios Uno y Trino. El amor de Dios es fecundo y el amor entre
los esposos debe de tener esta fecundidad, por eso decimos
que es una comunidad perfecta de comunión íntima de vida y
de amor.
No se trata, entonces, mis
hermanos, que quede bien claro, no se trata de cerrazón, de
retraso, oscurantismo, ni menos autoritarismo de la Iglesia,
no. Se trata del ejercicio de un deber moral y de un servicio
a la humanidad. Por otro lado el Magisterio se ha pronunciado,
ya en muchas ocasiones, por el respeto a las personas con
tendencias sexuales diferentes. Ellas merecen respeto y consideración.
De ninguna manera, por el sólo hecho de sus tendencias, están
fuera de la salvación, porque DIOS, como lo señala san Pablo:
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad, incluida también este aspecto de la verdad.
La institución familiar es
la realidad más hermosa, palabras del Papa Benedicto XVI, La
institución familiar es la realidad más hermosa, más importante,
más influyente de la humanidad. Es el primer patrimonio de
la humanidad. Por eso reconocer y ayudar a la familia es uno
de los mayores que se puedan presentar hoy al bien común y
al verdadero desarrollo del hombre y de la sociedad. Termina
el Papa diciendo, en este apartado, en el mensaje de la Jornada
Mundial de la Paz, del año pasado, 2008: el futuro de la
humanidad pasa a través de la familia. Imagínense, hermanos,
que futuro nos espera entonces si aprobamos y aplaudimos estás
cosas. El futuro de la humanidad pasa a través de la familia.
Dios, es su misterio más íntimo, es una familia y nuestras
familias son reflejo de este Dios Uno y Trino.
Que la Sagrada Familia de Nazaret
interceda por nosotros, para que esta nuestra querida patria
mexicana se mantengan los valores evangélicos propios de la
familia según el proyecto bondadoso de Dios y alcancemos así
una verdadera madurez integral, es decir: en lo económico,
en lo político, en la justicia, en la cultura, en lo social.
Que la preciosa Niña, Santa
María de Guadalupe, que bendice y preside todas nuestras familias,
nuestros hogares, interceda por nosotros.
Amén.