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Homilía
pronunciada por Mons. José de Jesús Martínez Zepeda,
Obispo de Irapuato, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Irapuato a la Basílica de Guadalupe.

8 de octubre de 2006

Muy queridas hermanas y hermanos todos en el Señor, una peregrinación es semejante al camino de de la vida con sus momentos de partida, de marcha, de fatiga, de oración, de reposo y esperanzas renovadas para llegar a la meta, que en esta ocasión ha sido la Basílica de N. S. de Guadalupe, en el Tepeyac.

Nos unimos festivamente a la celebración del Año Jubilar con motivo de los 475 años de sus apariciones ofreciendo también las celebración hemos tenido en nuestra Iglesia local. Los que han venido a pie, han tenido tiempo de reflexionar sobre el llamado y la misión que Dios ha encomendado a esta Diócesis.

Nos postramos a las plantas de María porque la auténtica devoción a Ella nos lleva directamente a Jesucristo quien queremos que sea Nuestro Señor, nuestro Guía y nuestro Salvador y encontrar en él, la gracia y la fuerza para servir a nuestros hermanos como él mismo nos amó: hasta morir por nosotros en la cruz.

¿A qué hemos venido? A dar gracias por la toma de conciencia que hemos acrecentado a través de la elaboración de nuestro plan de pastoral, queremos renovar nuestra Diócesis renovando nuestras parroquias. El plan general estará constituido con la suma de los planes parroquiales. Esto nos ha exigido primeramente un conocimiento más exacto de la realidad realizando un visiteo a las familias de nuestras parroquias.

Hemos hecho después un diagnóstico reconociendo las urgencias para asumirlas como desafíos a nuestra labor pastoral a los que habremos de responder con acciones oportunas, eficaces y bien programadas. Ha crecido el entusiasmo en nuestras comunidades. La integración de los presbíteros entre sí y con los laicos es uno de los signos más tangibles.

Damos gracias por la generosa entrega de cada día de los presbíteros y diáconos de nuestra diócesis, que gastan su vida siguiendo a Cristo en el servicio a los fieles. Por los nuevos presbíteros y diáconos que hemos podido ordenar.

Por todos nuestros seminaristas que este año han llegado a 110: 48 en el seminario mayor 17 en el curso introductoria que ahora tenemos en un nuevo edificio en Salamanca y el resto de nuestros alumnos en seminario menor en Lagos de Moreno. Por que hemos podido avanzar en las negociaciones para la adquisición de un terreno donde podamos construir el seminario.

Damos gracias por el testimonio de la vida consagrada y de todos lo fieles laicos que buscan ser santos en las diversas circunstancias de la vida. Hemos venido a pedir a Dios que nos bendiga, a pedir luces y fuerzas para seguir adelante sin desfallecer.

A recibir las inspiraciones que nos llegan por su palabra y que este domingo nos dan una catequesis sobre la familia, el amor que es su fundamento y lo que la mantiene viva. En la actualidad crecen las uniones libres donde las parejas parecen no interesarse siquiera por el matrimonio civil. Los divorcios aumentan cada día aún entra las familias que se dicen practicantes de la religión católica.

Cada día aumenta el número de aquellos que acuden a los tribunales eclesiásticos para pedir que sus matrimonios fallidos sean examinados para ver si existen causales de nulidad que les permitieran intentar un nuevo matrimonio por la iglesia.

Sin pretender hacer un análisis exhaustivo podemos señalar como las causas principales de esta situación la cultura postmoderna que ha trastocado el orden de los valores privilegiando casi en forma exclusiva el beneficio económico y dando a la vida un enfoque individualista y pragmático que busca sólo el placer personal.

Ante esta situación el Papa y los obispos desde hace unos años han hecho un llamado a una nueva Evangelización insistiendo en la que han llamado la inculturación del Evangelio, es decir que la manera de vivir y de orientar la existencia propuesta por Jesús permee todos los ambientes donde se desarrolla la vida: el hogar, los lugares de trabajo, de esparcimiento, de convivencia, etc.

La palabra de Dios en el segundo relato de la creación (Gen 2,18-24) en un lenguaje no científico sino poético, narra el origen de la pareja humana: "En aquel día, dijo el Señor Dios: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude...hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó: Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Está será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre.

Por eso el hombre abandonará su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
Dentro de un estilo popular nos presenta unas verdades profundas: que el mundo tiene su origen en Dios, que él ha querido la vida, que ha creado al hombre a su imagen, que lo ha hecho rey de la creación y que lo ha hecho hombre y mujer para qua ambos se complementen en su ser y en su vida.

Es Dios quien ha querido que el hombre y la mujer se amen y “formen una sola carne”. En el relato bíblico se ve" además, que no hay superioridad ni dominio del uno sobre el otro, sino Igualdad. Dios los ha hecho de la misma naturaleza y con la misma dignidad. En el evangelio (Mc 10, 2-16) Jesús para contestar a la pregunta sobre el divorcio que le plantearon los fariseos, para ponerlo a prueba se apoya en las páginas del Génesis o sea en la voluntad original de Dios “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". También en tiempos de Cristo resultaba difícil la fidelidad en el matrimonio. El conocía la norma que había dado Moisés a su pueblo "Por su terquedad" pero dice a sus seguidores que por encima de esa norma de Moisés está el plan de Dios, por lo que afirma "si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio" Es exigente lo que propone Jesús. El es consciente de que esta pidiendo una actitud difícil. Así lo interpretan también los apóstoles que le vuelven a preguntar sobre el tema.

Una cosa es que civilmente se facilite el divorcio, o sea, que no esté penalizado, y otra, que los cristianos podamos acomodarnos a criterios permisivos que van contra la voluntad de Dios. La norma de conducta de un cristiano no se puede basar en la moda o entre las partes interesadas. Habremos de cuidar que nuestra catequesis sea una verdadera inculturación del evangelio que permita adquirir criterios capaces de someter a crítica las propuestas indiscriminadas que hacen de muchas maneras los medios de comunicación contra la concepción de la vida, de la familia y de la vida matrimonial.

Que el amor del señor Jesús que se hace presente en la eucaristía fortalezca nuestras familias y la Virgen María extienda su manto para protegerlas de todas las acechanzas del enemigo. "Dulce Madre, no te alejes, tu vista de nosotros no apartes; ven con nosotros a todas partes, y nunca solos nos dejes; ya que nos proteges tanto como verdadera madre, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo". Amén.

 
 
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