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Homilía
pronunciada por Mons. Carlos Garfías Merlos,
en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Cd. Nezahualcóyotl a la Basílica de Guadalupe.

1 de mayo de 2006

Queridos hermanos:

En la alegría de las fiestas pascuales que compartimos con la Iglesia Universal, fortaleciéndonos en la fe en Cristo Resucitado, hoy nos reunimos llenos de esperanza en esta Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe para encontramos junto con Cristo Resucitado, con nuestra Madre, la Santísima Virgen María, la Morenita del Tepeyac.

La diócesis de Nezahualcóyotl llega hoy por diferentes caminos para postrarse a los pies de la Santísima Virgen de Guadalupe y dejarse cubrir llena de confianza por los brazos abiertos y llenos de ternura que nos extiende la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, quien nos acoge diciéndonos "Hijitos míos, ¿no estoy yo aquí que soy su Madre?" (Nican Mopohua). Como a San Juan Diego la mirada de la Madre nos hace sentir importantes y valiosos y nos dispone para llevar su mensaje de consuelo, de esperanza y de aliento a todos nuestros hermanos.

En este año venimos con el impacto de los últimos acontecimientos que han sucedido en nuestra diócesis y que queremos presentar con mucha confianza a nuestra Madre: la muerte del padre Alejandro Trujillo y el padre Ramón Valle, junto con el hecho doloroso y desconcertante de la presentación del padre Cesar Torres como presunto homicida. Acontecimientos que nos han hecho vemos entre nosotros mas hermanos y dispuestos a la solidaridad y al apoyo comunitario y que a la vez nos han hecho sentir la oración y el acompañamiento de muchos hermanos Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos y Laicos de otras Iglesias particulares de México.

Previamente habíamos preparado esta peregrinación anual como un acontecimiento importante y trascendente en nuestra diócesis en el proyecto de renovación pastoral que estamos impulsando y en el compromiso de la elaboración del plan diocesano de pastoral. Lo hemos preparado como un momento de especial relevancia en este año 2006 que en nuestra diócesis se ha dedicado como año de la familia y de la vocación. Queremos presentar a nuestra Madre Santísima de Guadalupe el anhelo para que nuestras familias vivan mas unidas y la suplica ferviente de que nuestra diócesis sea bendecida con abundancia de vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida consagrada.

Con nuestras familias anhelamos que sepamos hacer realidad lo que nos dice la liturgia de la palabra que hemos proclamado y que en libro del Eclesiástico nos recuerda: "quien honra a su padre encontrará alegría en sus hijos y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre". La carta a los Colosenses nos insiste y confirma: "mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos obedezcan en todo a sus padres porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos para que no se depriman". Con cuanto anhelo presentamos a todas las familias de nuestra diócesis de Nezahualcóyotl al cuidado maternal de la Santísima Virgen de Guadalupe y a la protección permanente y segura de la Sagrada Familia, que a la vez que son el modelo para todo la familia cristiana, serán los mejores intercesores para que nuestras familias encuentren el camino de la consagración y del amor, recibiendo el llamado para practicar las virtudes domesticas al interior de cada familia: "sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vinculo de la perfecta unión" (Col. 3,12-13).

Mas allá de nuestra familia en el contexto comunitario y en las circunstancias que vivimos en nuestra sociedad y en nuestro país será muy importante que pongamos bajo la mirada protectora de Maria de Guadalupe los acontecimientos que han surgido conmoviendo a familias, trabajadores, mineros, empresas, migrantes y que han enfrentado a la sociedad civil y a las autoridades; lo mismo que las próximas elecciones del 2 de julio, con la esperanza de que en todos estos hechos podamos encontrar el llamado para superar definitivamente nuestros egoísmos, nuestros rencores y resentimientos, nuestras envidias y competencias, nuestras injusticias y violencias, nuestras desconfianzas y descalificaciones, nuestras agresiones y rechazos; y que puedan ser un llamado para cultivar más el respeto, el perdón, el diálogo, la justicia, la colaboración y la solidaridad, la organización y el servicio. Que reconfortante será saber que recibimos de María de Guadalupe su protección y su cariño y qué mejor regalo que ofrecerle nuestro compromiso para mejorar el ambiente de cariño y afecto profundo dentro de nuestras familias y para participar y colaborar mas conciente y comprometidamente con nuestra sociedad y nuestro país.

En relación al aspecto vocacional de este año 2006, desde la renovación de nuestras familias, nuevamente renovemos ante María el propósito y el empeño pastoral que queremos lograr de que en cada parroquia de nuestra Diócesis tengamos en este año al menos un candidato para la vida sacerdotal o para la vida consagrada. En nuestra súplica renovemos el propósito que tenemos en la diócesis para lograr el mejor acompañamiento para nuestros candidatos al sacerdocio tanto fuera como dentro del seminario. ¡Cuánta esperanza necesitamos alimentar en nuestra Iglesia diocesana, que al cumplir 27 años de vida, pide insistentemente la bendición de abundancia de vocaciones a la vida sacerdotal, para poder seguir creciendo y madurando, ofreciendo frutos de nueva evangelización y de experiencia de comunión a la Iglesia y al mundo!

Con el anhelo de que el fruto del encuentro con nuestra Madre de Guadalupe sea abundante, encontrémonos con Cristo Resucitado en la Eucaristía y llenos de la paz y la confianza del Resucitado y con la experiencia de la ternura y el cariño de nuestra Madre regresemos a nuestras parroquias de la Diócesis de Nezahualcóyotl para continuar alegres y entusiastas cumpliendo con nuestra vocación en el ambiente renovado de nuestras familias, recordando siempre que la familia unida y que reza es de la diócesis de Neza, y la que no por eso anda de cabeza.


En Cristo Nuestra Paz.

+ Carlos Garfías Merlos
Obispo de Nezahualcóyotl.

 
 
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