Allá
en las montañas de Guerrero hay un saludo muy agradable, novedoso,
le preguntan a uno: ¿cómo está tu corazón?.
Hoy en estos momentos si fijamos nuestra mirada, en la mirada
de Santa María de Guadalupe escucharemos este saludo:
¿cómo está tu corazón? Y creo que todos los que vinieron
a pie, los que vinieron en autobús, el seminario, los sacerdotes
nuestros hermanos que radican en el D.F y están con nosotros
aquí presentes, y podríamos decir que también todas las personas
que bondadosamente nos acompañan, amistosamente están con
nosotros, podemos escuchar este saludo ¿Cómo está tu
corazón?
Y creo que podemos decir con toda verdad hoy, el corazón de
los Mepas, de los Nasavi, de los Nahuas, de los Mestizos,
de la Diócesis de Tlapa, está muy contento. No solamente contento
con la sonrisa de Tonantzin Guadalupe, con sus brazos que
nos acoge y nos cobija con un cariño maternal escuchando nuestras
quejas, nuestros problemas, nuestras tristezas.
También nuestro corazón esta lleno de una gozosa esperanza
al descubrir en nuestro Hermano Juan Diego, uno de nuestro
pueblo, que ha sido elevado por su humildad, por su servicio,
por su amor a Santa María de Guadalupe, a la dignidad de los
altares, a ser Santo.
En él vemos la posibilidad de que todos los de la Montaña podamos
ser santos, podamos ser reconocidos por Dios, podamos ser
reconocidos por la Iglesia. Nuestro encuentro con María de
Guadalupe este día se va haciendo tradicional, ya es el número
catorce, que venimos con este mismo gozo y con esta misma
esperanza.
Y nuestro objetivo es variable, son muchas las razones que
nos atraen y que nos hacen venir con gozo, alegría y esperanza,
es corresponder al cariño de Tonantzin Guadalupe.
En nuestros pueblos de la Montaña, una tradición, una costumbre
bellísima es la correspondencia, corresponder a los beneficios,
corresponder a la amistad, los pueblos se corresponden a la
amistad, los pueblos se corresponden en sus fiestas patronales.
La comunidad que celebra su fiesta patronal es visitada por
todas las demás comunidades de alrededor con sus bandas de
música gratuitamente, reciben a cambio la hospitalidad, la
alimentación y el hospedaje, es una tradición y una hospitalidad
bellísima, tradición y costumbre, cualidad de nuestros pueblos.
Queremos corresponder al cariño de Tonantzin Guadalupe porque
Ella está con nosotros, Ella desde siempre ha corrido presurosa
a la montaña de Tlapa para escucharnos de cerca nuestros lamentos,
en nuestros problemas, en nuestras inquietudes, en nuestros
planes pastorales, ahí está por todas partes, por los caminos
la encontramos en muchas ermitas, en todos lo hogares, aún
en aquellos hermanos nuestros que dicen que han cambiado de
religión, en sus hogares permanece la presencia, la imagen
de María de Guadalupe.
Como no corresponder, quisiéramos traer las bandas de música
y quisiéramos traer los collares y quisiéramos traer todo
lo que se usa allá de tradiciones, menos el alcohol, menos
las cervezas, aun eso con medida.
Quisiéremos todo eso, pero traemos un corazón agradecido,
traemos una voluntad muy firme para escucharle, escuchar sus
consejos, escuchar sus orientaciones, escuchar también su
saludo y su consuelo.
Y María lo hace a través de la palabra de Dios, es Ella, María
de Guadalupe, quien le ha dicho a Jesús: “Hagan lo que El
les diga”, después de haberle manifestado Tonantzin Guadalupe
a su hijo Jesús: “Mira tienen estas necesidades, tienen estas
realidades, tienen estos problemas”. A nosotros ahora nos
dice: “Hagan lo que él les dice”.
Y a través de la Liturgia de la Palabra que acabamos de escuchar,
es Dios, por intercesión de Tonantzin, quien nos dice en el
Salmo Responsorial y en la Primera Lectura de Jeremías: “Dichosos
ustedes que confina en el Señor”. “Dichoso el que confía en
el Señor”, y al mismo tiempo es una felicitación, es una
maternal recomendación: “Dichosos los que confían en el
Señor” y como no reconocer y ver que confianza tan grande
tienen nuestros pueblos de aquella región, en Dios.
En qué forma tan espontánea, tan alegre manifiestan en sus
fiestas patronales la devoción al Señor del Santo Entierro,
a Jesucristo Por esta razón muchos sacerdotes laicos no pudieron
venir, allá están en la fiestas de los viernes, el tercer
viernes de Cuaresma. Desde allá nos acompañan en sus procesiones,
con sus músicas y con su participación también en las Eucaristías,
con su confesión también.
“Dichosos los que confían en el Señor”. Muchachos, peregrinos
a pie, escuchen está felicitación de Dios: porque la Peregrinación,
el sacrificio, el esfuerzo que han hecho, es para ustedes
esa felicitación.
También es ésta felicitación para todos los que han hecho
un esfuerzo venir en autobús. También una felicitación para
aquellos hermanos y hermanas que radican aquí en el DF y que
hoy, en esta mañana nos han traído un sabroso almuerzo, ¿por
qué lo hacen? porque confían en el Señor. Dichosos ustedes.
Dichosos ustedes, escuchen hermanos seminaristas, escuches
esas palabras, pongan atención a esta palabra dulcísima de
Tonantzin Guadalupe, mis hermanos Diáconos, tenemos cuatro
Diáconos y otros en vías de llegar a dar este paso, escuchen
este saludo de María, dichosos ustedes Enfeo, Pancho, Pedro,
dichosos ustedes que confían en el Señor y que prestan y hacen
su diaconado ya con mucha valentía.
Esta felicitación es al mismo tiempo una recomendación, sigan
confiando en Dios Nuestro Señor, no se desvíen de ahí, ninguno
de nosotros nos desviemos de esa confianza en Dios. No queramos
poner nuestra confianza en los bienes materiales, pongamos
esa confianza y esa fe en Dios Nuestro Señor.
Porque también Dios nos instruye, en esta materia, en este
tema pues tan importante y tan necesario para nosotros a través
de está parábola que providencialmente nos ha tocado escuchar
en la Liturgia de hoy, la parábola de Lázaro y el rico, riqueza
y pobreza, que no solamente se refiere a la riqueza material,
es la riqueza y pobreza espiritual.
Y este tema es mucho muy importante y realista para nuestra
región de la Montaña: pobreza y riqueza. Durante mucho tiempo,
mucho tiempo esta región esta considerada como una de las
regiones no solamente de México sino del mundo entero, como
la región más pobre del orden material.
Por eso es un reto, es un desafío para la Iglesia que peregrina
en esta región, trabajar, organizar, planear, juntamente con
todos los laicos, con todo el pueblo, la forma de salir de
esa pobreza extrema, de esa que podríamos, en muchos casos,
llamar hasta miseria, porque ya no queremos recoger las migajas
que caen de la mesa de los que tienen más.
Ya no queremos que dependamos de esas situaciones de asistencialismo,
la Iglesia tiene como proyecto conjuntamente con los laicos,
todos los religiosos y religiosas la vida consagrada que peregrina
con nosotros allá en la montaña, con los sacerdotes diocesanos,
tenemos la intención de que todas nuestras gentes, y todos
nosotros con ellos, podamos tener los bienes convenientes.
Una riqueza unos bienes materiales que no nos estorben para
adquirir los bienes espirituales; una riqueza en el orden
material que sirva para vivir la caridad cristiana. Pobreza
y riqueza, por eso es conveniente tener en cuenta lo que nos
sugiere el Papa Benedicto, en una de sus primeras intervenciones
ante el mundo, concretamente ante México a través de los Obispos
en la visita a Limina: “Evangelicen”, nos dijo el Papa “a
todas las personas que disponen de bienes materiales, para
que los compartan cristianamente con aquellos que no los tienen.
Pobreza y riqueza”, un tema mucho muy importante para profundizarlo
a través de Evangelio.
Para que quien tiene pueda participar cristianamente de esos
bienes y para quien tiene menos pueda recibir con humildad,
y pueda, promoverse y pueda convertirse en promotor de su
propio desarrollo.
Esto, refiriéndonos a los bienes materiales, pero cuando Jesús
nos habla en está parábola de riqueza y pobreza quiere que
también nosotros caigamos en la cuenta de la pobreza espiritual
y esto que tenemos que presentarle a la Virgen Tonantzin Guadalupe,
que nos conoce perfectamente bien, para estar alerta y no
caer en la pobreza espiritual, que no nos destrocen aquellos
males como es el vicio del alcoholismo, como es el vicio de
la violencia, como es la situación de las divisiones entre
los pueblos.
¡Cómo son los problemas a causa de las situaciones políticas!
Pobreza espiritual que trae como consecuencia la división,
la violencia y muchas otras cosas que causan la muerte.
Pues hoy le damos muchas gracias a Tonantzin Guadalupe, que
además de recibirnos y brindarnos su cariño, su amor, nos
da estos consejos para que los pongamos en práctica allá en
nuestra Diócesis, a través de nuestro Plan de Pastoral.
Un Plan de Pastoral que requiere de una renovación, de una
evaluación constante, un Plan de Pastoral que requiere de
la participación de todos, de todas las estructuras de las
Diócesis creadas y de otras que sean necesarias y que deben
crearse para complementar y para hacer eficaz este proyecto
de Dios. Eso es lo que quiere ser el Plan Diocesano de Pastoral.
Queridos hermanos y hermanas, muchísimas gracias por haber
venido y les invitamos para sigamos participando en este momento
que sigue, que es la parte Eucarística.
Que hagamos de esta parte, que desde el Papa Juan Pablo II
y ahora Benedicto XVI, nos han indicado acerca de la Eucaristía,
la Eucaristía Luz y Vida del mundo, Luz y Vida de nuestra
Diócesis, Luz y Vida de los Nahuas, Luz y Vida de los Seminaristas,
Luz y Vida de los Religiosos y las Religiosas, Luz y Vida
de los Sacerdotes. Lo pedimos así a Tonantzin Guadalupe. Así
sea.