InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 

Homilía
pronunciada por
Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arquidiócesis Primada de México, en ocasión de la celebración Eucarística de Envío de la Familia y Juventud Misioneras, en la Basílica de Guadalupe.

8 de abril de 2006


El Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, hizo hoy el envío de más de cuatro mil jóvenes y familias misioneras que irán a unas 500 comunidades del país, llevando en mensaje evangélico en esta Semana Santa.

Muy queridos jóvenes, muy queridas familias que participan en la MEGAMISION de Juventud y Familia misionera en este año del 2006; queridos hermanos en el Ministerio Sacerdotal.

Hemos recitado en el Salmo Responsorial: que el Señor cuidará a su pueblo como un pastor cuida a su rebaño, una frase que llena el corazón de serenidad al saber que nuestras vidas no están solas en los difíciles caminos que recorren cotidianamente.

Sin embargo hay algo mucho más maravilloso, Dios cuida a su pueblo no de un modo lejano ni impersonal, sino de una manera cercana, cariñosa, tierna, que se hace próxima a cada corazón y que lo hace a través de cada  uno, de cada una de ustedes.

Para algunos es la primera experiencia misionera quizá, para otros es un eslabón más en la cadena de la fidelidad a la voz de Cristo que nos invita a la evangelización.

Unos y otros saben que durante esta semana cada uno de ustedes será el rostro de Dios para muchas personas, y que cada uno de ustedes será la forma en que Dios, Buen Pastor, cuidará a su pueblo.

Que hermosa responsabilidad, que maravillosa oportunidad, poder ser para tantos hombres y mujeres, para tantos niños y jóvenes, el rostro de Dios; poder ser para tantos corazones la palabra que Dios les dirige. Poder ser para tantas personas el consuelo que Dios derrama sobre su vida a veces sumida en la pobreza material y en la pobreza espiritual.

Esta es la tarea que ustedes miembros de la Familia y de la Juventud Misionera, llevarán a cabo en esta Semana Santa.

Una semana que será santa no sólo por los maravillosos Misterios que la Iglesia año tras año celebra en estos días, Misterio que nos habla del amor de Dios hecho hombre, que llega hasta la cumbre del dolor para salvar al hombre, sino que esta semana santa será santa porque ustedes serán canales de santidad en las comunidades y pueblos a los que llegarán con su esfuerzo, con su palabra, con su sonrisa y su empuje misionero.

Cómo tienen que estar llenos de gratitud y de compromiso sus corazones al constar esto que Dios pone en sus manos de jóvenes, en sus manos de familias, en sus manos de seglares comprometidos en su Iglesia.

Ustedes serán los canales de Santidad en esta semana santa, es decir, serán los caminos que recorrerá la vida de Dios hasta llegar a los corazones de sus hermanos.

¿En qué consiste esta santidad que ustedes van a llevar? Fundamentalmente en lo que nos dice el profeta Ezequiel en la Primera Lectura que acabamos de escuchar:

“Voy a hacer con ellos una alianza eterna de paz, los asentaré, los haré crecer y pondré mi Santuario entre ellos para siempre. Voy a ser su Dios y ellos van a ser mi pueblo”.

La santidad, todos ustedes lo saben, no es algo raro e inalcanzable, la santidad es algo necesario para el corazón humano en cualquier circunstancia en la que se encuentre porque la santidad es la paz del corazón, la santidad es el crecimiento del ser humano hasta su plenitud; la santidad es la certeza de la presencia de Dios en la vida de cada ser humano.

¿Podríamos nosotros negarle esto a alguien?, podríamos negarle a alguien la paz de su corazón?, podríamos negarle a alguien su crecimiento como ser humano?, podríamos negarle a alguien la presencia de Dios en su vida?.

Sin embargo,  las circunstancias de la vida de nuestros hermanos y hermanas nuestras ven como las situaciones de su existencia les niegan precisamente esto; se les niega la paz cuando se pierde la esperanza, cuando se pierden los valores que dan sentido a la existencia humana.

Se les niega el crecimiento cuando su vida se ve oprimida por la miseria, por la falta de horizontes humanos y espirituales, por la ignorancia religiosa que limita su vida espiritual.

Se les niega la presencia de Dios en su vida cuando no hay nadie que les hable del Dios del amor, del Dios de la esperanza, cuando no hay nadie que les lleve la paz de la reconciliación y la amistad de la Eucaristía; cuando no hay nadie que les lleve la luz del Evangelio y la certeza de la doctrina cristiana.

Ciertamente ustedes están aquí porque no le quieren negar esto a las comunidades a las que van a misionar durante estos días de la semana santa, porque en su corazón sienten la necesidad de acercarse a hermanos necesitados en lo espiritual y en lo material, y responder de esta manera al llamado que Dios deposita en sus vidas. Y sobre todo, porque no quieren que la entrega de Jesús nuestro Salvador y Señor, quede infructuosa por falta de operarios de la mies.

El Evangelio de San Juan nos hablaba de esta entrega, Jesús iba a morir por la nación, y no  sólo por la nación sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. Y el precio que Jesús iba a pagar por esto sería su misma vida.

Ustedes también van a pagar un precio en esta semana santa, un precio que es su tiempo de descanso, un precio que es su esfuerzo en estos días, un precio que es la exigencia personal de una vida que busca dar testimonio de los valores cristianos porque predicarán no sólo con palabras sino con su propia vida.

Quizá algunos de ustedes también estén dispuestos a pagar un precio un poco más alto, un precio de amor completo, de amor que se entrega en la generosidad, en la respuesta a la vocación, a la vida sacerdotal o consagrada; de amor que se da cuenta de que en el interior hay un amigo que invita no a dar una semana, sino a dar la existencia en una aventura que merece la pena ser vivida.

La amistad con Cristo hasta entregar la vida por él de modo completo, es un don que cambia radicalmente las ideas o los proyectos exclusivamente humanos que nosotros podríamos tener, como decía recientemente Su Santidad el Papa Benedicto XVI: “Cristo Sumo Sacerdote, en su preocupación por la Iglesia llama además en cada generación a personas que se preocupen de su pueblo.

En particular llama al Ministerio Sacerdotal a hombres que ejerciten una función paterna”.

La misión del sacerdote en la Iglesia es insustituible, por lo tanto nunca debe faltarnos la certeza de que Cristo sigue suscitando hombres, los cuales como los apóstoles, dejando toda otra ocupación, se dedican totalmente a la celebración de los Sagrados Misterios, a la predicación del Evangelio y al ministerio pastoral.

Muchas puertas se van a abrir delante de ustedes en estos días, les invito a que también ustedes abran las puertas de su corazón, las de su conciencia, las de su generosidad.

Encontrarse con Cristo abre de par en par las mentes y los corazones al Misterio inagotable de Dios que llena toda existencia humana.

Hoy el amor de Dios Padre llama a la puerta de nuestros corazones, no dejemos pasar esta llamada del mejor de los amigos a nuestra vida.

Que la Santísima Virgen, Santa María de Guadalupe, los llene de su fortaleza en el camino que hoy comienzan, y sobre todo, que sea Ella la que los acompaña, para que en esta semana santa cada uno se encuentre con el Cristo misionero a partir de hoy, ese Cristo que llevan en su corazón.  

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior