La
Comisión Diocesana de la Pastoral Indígena de
Tulancingo Hidalgo, integrada por las parroquias de la sierra
norte de Puebla, donde se ubican gran parte de los hermanos
que hablamos el Náhuatl como Juan Diego Cuauhtlatoatzin,
así también los hermanos Totonacas, cuya palabra
significa: hombre de tres corazones, es decir, los que aman
en plenitud, y los hermanos Otomíes de la Sierra de
Veracruz.
Venimos a postrarnos con fe y devoción ante la Sagrada
Imagen de Tonantzin Guadalupe, la Madre del verdadero Dios
por quien se vive, que ha querido reunirnos a todos como hermanos
en esta su casita Sagrada, que ella misma ha pedido para derramar
sobre cada uno de nosotros amor y compasión.
Con una fecha cercana al diez de mayo, fecha en que recordamos
con amor y cariño a nuestras madres terrenas, dicha
comisión tiene ese honor de poder tributar un homenaje
a nuestra Madre del cielo con nuestros ritos y costumbres
de nuestra cultura.
Este año 2006 tiene un significado muy especial, para
nuestra Diócesis de Tulancingo, con ocasión
de las Bodas de Oro de nuestro Señor Obispo Don Pedro,
se ha programado un Año Sacerdotal, un año dedicado
para que ustedes amados hermanos conozcan, amen y apoyen a
sus sacerdotes.
En realidad nos han dejado con la boca cerrada o nos han
sorprendido, al vivir esas hermosas y grandes muestras de
cariño hacia los sacerdotes de parte de los hermanos
indígenas de cualquier cultura que sea, el colocarnos
un collar, una corona de flores, al seguirnos con fe, nos
evangelizan porque sin ningún cuestionamiento ustedes,
simplemente ven en la persona: al “Otro Cristo”
delegado de Nuestro Señor, como lo llamaba Juan Diego.
También, tiene especial significado que ahora pongamos
en las manos de María los trabajos del próximo
encuentro de la región Huasteca, que se llevan a cabo
en el mes de noviembre en la comunidad de Papetlazalco en
vistas a aportar nuestra reflexión desde nuestro ser
como indígena a la Quinta Conferencia del CELAM. En
realidad Santa María de Guadalupe, hoy quiere decirnos
como a Juan Diego: “es nada lo que les aflige y mortifica,
a ustedes los llevo en mi regazo”, ustedes corren por
mi cuenta.
Hoy es un buen día hermanos, para que apoyados por
Nuestra Madre Santísima carguemos de ilusiones, esperanza
y confianza en Dios, y regresemos a nuestros pueblos llevando
en nuestro hállate las rosas de la esperanza, de la
alegría que fortalecen nuestro caminar como pastores,
religiosos y laicos.
Pedimos finalmente la protección maternal de Santa
María de Guadalupe, que ella nos siga alentando para
que nuestro caminar, no se desanime, sino que siga fortaleciendo
desde otra identidad cultural y desde nuestra fe.
Así sea. Amén