Estimados hermanos sacerdotes. Mons. Vicario
General, Camerino Conteras Apolonio. Señor Rector del Seminario,
Rolando Martínez Lara y nuestro Director Espiritual Diocesano
de la peregrinación de la Pía Unión de Peregrinos, José Luis
García Cardoso. Todos hermanos sacerdotes de la diócesis.
Quiero saludar al seminario en sus dos grandes secciones que
es el Seminario Mayor con la Teología, la Filosofía y el Introductorio.
Y el Seminario Menor con el año de nivelación y la vocación.
Las hermanas de la Vida Consagrada de las veinte comunidades
que laboran, que sirven en nuestra diócesis, saludar a los que
nos coordinan la Pía Unión de Peregrinos, Javier Zúñiga y sus
colaboradores, tanto los más cercanos a nivel diocesano, como
los delegados a nivel parroquial y comunitario. A todos ustedes
hermanos peregrinos, que de una manera oficial y solemne desde
el lunes comenzamos a peregrinar de la iglesia catedral, celebrando
la Eucaristía, pidiéndole buen viaje, a las seis de la mañana
partía nuestra peregrinación que se fue engrosando al caminar
durante todo el territorio diocesano. Y hoy aquí reunidos nos
encontramos, para traerle a nuestra Madre todos nuestros agradecimientos
y súplicas, para que bendiga nuestros hogares, nuestras parroquias
y nuestra diócesis. Vamos a reflexionar en este acontecimiento.
Con María de Guadalupe discípulos misioneros de su Hijo.
Con gran alegría toda la Iglesia Diocesana de Atlacomulco,
postrada a los pies de la Morenita del Tepeyac, nuestra Madre
y Señora María de Guadalupe, está celebrando el grande sacramento
de la Eucaristía, para revitalizar su ser de Discípulo Misionero
de su querido Hijo Jesucristo nuestro Rey y Señor.
Hoy venimos con nuestros corazones llenos de agradecimientos,
pues traemos el reconocimiento de muchos favores que por medio
de Ella hemos recibido de Dios. Presentamos a nuestros hermanos
sacerdotes, puntal y crecimiento de nuestra Iglesia Diocesana,
que con su entrega abnegada y generosa, nos conducen a la salvación.
Agradecemos la presencia de la Vida Consagrada entre nosotros,
ya que su testimonio y labor pastoral, en la vivencia de cada
uno de sus carismas, nos impulsa a seguir adelante.
Traemos el seminario henchido de jóvenes valientes y sanos
que están llenos de ilusión en el camino de discernir el futuro
de su vocación para el servicio. Ofrecemos el amor de los esposos
y de las familias por la vida. Vida en todos los sentidos, misma
que llena todos los ambientes de nuestras comunidades y las
renueva. Presentes están nuestros jóvenes, futuro y realidad
actual de nuestros quehaceres. Presentes a manos llenas en la
peregrinación y todos, sin duda, aún en sus casas, presentes
en nuestro corazón siendo hoy portadores de sus aspiraciones.
Aquí están los laicos, tan valiosos en la dinámica de la construcción
del Reino. Esos niños y esos ancianos, esos enfermos y esos
campesinos, esos de edad media y esos indígenas, esos trabajadores
de las fábricas y esos que salen a otras poblaciones a laborar,
esas mujeres y esos hombres... Un inmenso conglomerado que tiene
un rostro católico inconfundible, que quiere involucrarse cada
día más en la pastoral. Nuestros 12 decanatos, cada día con
más vida apostólica; teniendo como deseo y finalidad la tarea,
sin apuros, de la creación de un nuevo plan de pastoral; trabajo
dinamizado por los agentes ya enumerados, organizados en grandes
comisiones diocesanas, junto con las tareas profética, litúrgica
y social; estamos llenos de esperanza.
Todo ello va fortaleciendo nuestro discipulado, mismo que nos
impulsa a ser misioneros de verdad. Volteamos hacia Ti, Virgencita
Santa, para aprender paso a paso el itinerario cierto de un
discípulo misionero de tu Hijo Jesús. El mensaje de Guadalupe
es un Evangelio claro de cómo seguir al Señor y de cómo llevarlo
a sus hermanos. Tú viniste al Tepeyac como misionera de tu Hijo
para ayudarnos a que todos los mexicanos nos convirtamos en
auténticos discípulos.
No podemos quedarnos tranquilos, nosotros los bautizados, nosotros
que hemos venido peregrinando hasta el Tepeyac, manifestando
que somos discípulos de Jesús; necesitamos, como misioneros,
salir al encuentro de las personas, las familias y las comunidades
para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo,
que ha llenado nuestras vidas de sentido, verdad y de amor,
de alegría y de esperanza. Urge acudir en todas las direcciones
para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra,
que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados
por la victoria pascual, del Señor de la historia, que Él nos
convoca en Iglesia, y quiere multiplicar el número de discípulos
misioneros en la construcción de su reino en nuestra diócesis.
María Santísima de Guadalupe hemos venido a pedir tu compañía
siempre cercana, llena de comprensión y. ternura; enséñanos
a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, amor y servicio,
como lo hiciste en la visitación a tu prima Isabel, para que,
peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha
hecho en nosotros conforme a su promesa.
Quédate con nosotros Virgen Santa, María de Guadalupe, con
nuestras familias y con nuestras parroquias, con nuestras comunidades
de vida consagrada y con nuestro seminario, con nuestros niños
y con nuestros jóvenes, con nuestros enfermos y con nuestros
sacerdotes, con nuestros ancianos y con nuestro señor obispo,
con nuestros campesinos y con nuestros indígenas, con nuestros
empleados y con nuestros profesionistas... Fortalécenos a todos
en la fe para que seamos auténticos discípulos misioneros de
tu Hijo Jesucristo. |
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