Mons. José Elías, estimados hermanos sacerdotes de las dos
Diócesis de San Juan de los Lagos y de Ciudad Lázaro Cárdenas,
religiosos, religiosas, mis queridos seminaristas de las dos diócesis,
hermanos todos en Cristo.
Hemos venido en nombre de nuestras Diócesis de Ciudad Lázaro
Cárdenas, Michoacán y de San Juan de los Lagos movidos por el
Espíritu, es el Espíritu Santo quien nos ha movido una vez más
a esta peregrinación, a visitar a la Señora, a nuestra Madre en
la que nosotros llamamos la Casa Madre.
Para experimentar, una vez más, su abrazo, ese abrazo materno
que nos llena del amor de su Hijo Jesús. Y también hemos venido
a poner bajo su protección nuestro caminar diocesano y en particular
para que a mí me dé su corazón de Madre para que yo sea el obispo
buen pastor para nuestra Diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas y
para que oremos también por nuestra diócesis hermana de San Juan
de los Lagos para que tenga pronto su padre y pastor, su nuevo
obispo.
Mis hermanos, en esta Eucaristía es Jesús el Señor quien nos
dice una vez más, como el apóstol Juan: “Ahí tienes a tu Madre”,
metamos en nuestro corazón este regalo y que sea una actitud
permanente en nosotros. La actitud de san Juan: y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa. Hoy empezando conmigo
un nuevo obispo, todos acogemos a María de Guadalupe en nuestra
casa, la casa de nuestros corazones, de nuestra familia, de nuestra
diócesis. Ella ha sido, es y será la compañera de nuestro caminar
comunitario y también de manera especial ante tantos seminaristas
la compañera de nuestra vocación, de nuestra respuesta, de la
lucha por darle siempre al Señor un fiat renovado como
el de la Virgen.
Quiero invitarles a todos, sacerdotes, religiosos, religiosas,
seminaristas y laicos, que hoy al escuchar del corazón de nuestra
Madre: “Acaso no estoy aquí que soy tu Madre” quiero invitarles
a que aprendamos de Ella lo siguiente --quería decirles muchas
cosas, pero sólo unas cosas nada más. Primero: hoy que venimos
a la Casa Madre a prendamos de Ella, de nuestra Madre del Cielo
a buscar la voluntad de Dios en todo lo que acontece nuestra vida
y a decirle: sí al proyecto de Dios para nosotros concretamente
en estas dos diócesis.
Segundo: la Virgen María para nuestra felicidad, nos invita
también a contemplar las cosas de Dios; que aprendamos a contemplar
y a saborear las cosas de Dios. Que aprendamos a saborear la Palabra,
que aprendamos a saborear la Eucaristía y a contemplar a Jesús
presente, ahí, y así vivir en la alegría espiritual hasta decir
cada uno en su propia vida: “Mi alma glorifica al Señor y mi
espíritu se alegra en Dios mi Salvador”, sí que el alma, la
vida de cada uno de nosotros se alegre gozando el amor de Dios.
Tercero: que aprendamos de Ella a ser obispos, sacerdotes,
religiosos, cristianos con una prontitud al servicio que no seamos
cristianos floreros, sino que como María nuestra Madre, así como
hoy peregrinamos a su casa, así también aprendamos a peregrinar
en el amor cada día de nuestra vida, y por esto Ella nos enseña
a servir con prontitud, generosidad, sencillez y alegría en la
comunidad para que Jesús siga haciendo el milagro de la Bodas
de Cana.
También aprendamos a ser fieles, fieles hasta el fin, más allá
de los obstáculos, más allá de los desánimos, más allá de las
tentaciones, más allá de esas pruebas que a veces nos desaniman
en el camino, que aprendamos de Ella a estar siempre de pie ante
las cruces de la vida, porque recordemos, es en la cruz cuando
más nos parecemos a Jesús, y por esto quiero decirles aceptemos
con alegría una vez más el regalo de Jesús en está Eucaristía.
Jesús nuevamente nos ofrece a su Madre: “Ahí tienes a tu Madre”.
Pero, también yo quiero decirles que para mí está Eucaristía
es un regalo, un regalo de manera especial por la presencia sacerdotal,
es algo que comentamos ayer y que decíamos: ¿por qué no nos unimos
Lázaro y San Juan de los Lagos? Y aconteció la Virgen nos abrazó
y nos reunió. Y por eso para mí que estoy empezando como obispo
es un cariño de la Virgen, para decir que debo tener siempre como
obispo un corazón sacerdotal, siempre abierto a mis hermanos sacerdotes,
es por ellos por quien el Señor me ha llamado a servir y por eso
gracias a mis hermanos sacerdotes. Porque la Iglesia nos necesita,
nos necesita como sacerdotes santos, alegres, servidores, disponibles,
no buscando grandezas, únicamente buscando ser discípulos alegres
del Señor Jesús. Y también me da mucha alegría ver tantos seminaristas
y al ver a tantos seminaristas de San Juan de los Lagos y los
pocos sacerdotes y seminaristas que tenemos en Lázaro, en Lázaro
necesitamos sacerdotes, ahí tienen las puertas abiertas. Ayer
comentaba con un Arzobispo y me decía que tenía yo que invitar
a sacerdotes a la diócesis, y le dije: Dios me los va a poner
en el camino, y creo que ya me está poniendo aquí una diócesis
hermana. Creo que en estas peregrinaciones vamos a fortalecer
nuestra fraternidad y ojala algunos de San Juan de los Lagos se
animen, tienen fama de santos así que con mucha alegría los aceptamos.
Entonces les decía: que todo esto también es un marco de la
celebración maternal, del cariño maternal de nuestra Madre y también
al ver a tanta gente y al escuchar la Palabra, yo decía: verdaderamente
ustedes son un pueblo religioso, pero ya no digo las segundas
palabras de Pablo. Y son un pueblo religioso, ¿saben por qué?
Porque ustedes saben donde está la casa de la Madre y vienen aquí
al altar de la Madre, son un pueblo verdaderamente religioso.
Termino diciendo esto, para después invitar a Mons. José Elías
a que nos diga una palabra en nombre de nuestra comunidad hermana
de San Juan de los Lagos, les repito: aceptemos con alegría el
regalo de esta Eucaristía: “Ahí tienes a tu Madre”, qué
significa para cada uno de nosotros hoy, en está Eucaristía a
los que estamos aquí, para mi como obispo ¿qué significa hoy para
mí “Ahí tienes a tu Madre”?, y que cada uno de nosotros
se responda en el silencio de su corazón lo que Jesús nos vuelve
a decir hoy y retornemos a nuestras diócesis con el corazón de
nuestra Madre en nosotros. Vayamos, pues, con la confianza del
Hijo en brazos de su Madre.
Que Dios les bendiga.
Así sea.
Excelentísimo señor, hermanos sacerdotes, hermanos en la fe.
Ya escuchamos la autorizada palabra del excelentísimo señor Fabio,
pero sinceramente yo quiero decirles algo que me ocurrió hoy,
exactamente hoy, venia pensando; es verdad de un lugar mariano
por excelencia como es San Juan de los Lagos venimos a ver a la
Madre y es verdad allá se le quiere mucho, sí, pero como que hay
una prevalencía de uno de los epítetos principales de nuestra
Reina la maternidad hacia nosotros.
Allá se cree que es nuestra Madre y se le quiere, pero como que
nos acordamos más de que es la omnipotencia suplicante, como que
dejamos el saborear ser hijos suyos para cuando venimos aquí a
la Villa, a la Basílica de Guadalupe, y yo venía pensando, pues
sí, llevamos el corazón henchido de gozo porque vamos estar con
Ella, sí traemos los sentidos bien agudizados para embeberlos
en Ella contemplándola y gozándola, pero no podíamos evitar que
escapara un suspiro, que escapara un anhelo como insatisfecho,
veníamos esta vez y nos sentíamos como hijos huérfanos de obispo,
como que éramos rebaño a quien le faltaba la guía sabía, pronta,
sonriente de nuestro obispo Javier, que dejo de serlo ya por los
designios de Dios.
Y decía: ¿podremos, Ella y nosotros, quedar en plenitud de
gozo y de satisfacción?, Ella contestó y dijo: que pasa que no
estoy yo aquí que soy su Madre, creen que puedo encontrar problemas
yo insolubles, sobretodo si mis hijos quieren amar, y miren el
Espíritu Divino le llenó el corazoncito con una dedicatoria rica,
especial a nosotros, pero ya con pastor y nos colocó al señor
Fabio para que no apareciéramos como rebaño frío, seco, sin la
guía del pastor y así no nada más nos dio esto, sino nos dijo
también, oigan acuérdense que el hijo debe asemejarse a la Madre,
el corazón de esta Madre chula que tienen quiere a todos los hombres,
todos son sus hijos y por eso dijo: voy a crecerles también los
brazos los voy a extender más quiero que abracen una diócesis
hermana que viene a decirme lo que ustedes; que me quieren mucho
y lo que más me pone feliz, dice Ella, es que tienen ganas de
quererse mucho.
Si nos queremos mucho como hermanos dóciles y cariñosos creo que
van a brotar fáciles las soluciones que el excelentísimo Señor
Dios sonriente como lejanas, porque estando la caricia de la Madre,
todo se siente dulce, todo se siente realizable, todo se siente
cristalino y fácil. Y me callo porque estoy estorbando, soy yo
un segundón que vine a poner mi pie aquí, porque me pidió el que
fuera nuestro obispo: vaya represénteme, aunque claro yo veía
las dimensiones estaban muy reducidas para semejante cometido,
ya me voy a callar. Y que el Señor nos ayude a todos a cumplir
lo que el excelentísimo señor Fabio nos acaba de recomendar. |
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