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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Hipólito Reyes Larios, Obispo de la Diócesis de Orizaba, Veracruz, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

6 de junio de 2007

Muy queridos hermanos y hermanas, hace unos momentos presentamos, a los que estamos aquí presentes. Quiero también que reconozcamos mucho la presencia de nuestros seminaristas, tanto de Orizaba, como los que están ahí en el Seminario de la Sagrada Familia, como los que estén en el Seminario de Xalapa, en el Seminario de Texcoco y en el Seminario de Huajapan de León. Y en esta ocasión nos acompañan, también, varios de los medios de comunicación de ahí de nuestra ciudad vienen del diario el Mundo, el diario el Sol y también de la radio, les damos la bienvenida a nuestros hermanos de los medios.

En esta ocasión y en la presencia de la venerada imagen de nuestra Santísima Madre de Guadalupe y de san Juan Diego, quiero presentarles una pequeña síntesis de los 7 años que Dios nos ha concedido hasta ahora como Diócesis de Orizaba.

En la primera peregrinación que tuvimos, el 16 de mayo del 2001: se ofreció a nuestra Santísima Madre de Guadalupe la nueva Diócesis de Orizaba. Los frutos del Año Jubilar 2000. Su primera organización y evaluación anual. La construcción de su Seminario Menor y la primera etapa de la remodelación de la Curia Diocesana.

En la segunda peregrinación que fue el miércoles 4 de junio del 2002: los laicos y laicas, religiosas y formandas, seminaristas y sacerdotes que integramos el pueblo de Dios que peregrina en la querida Diócesis de Orizaba; nos encontramos hoy, como el beato Juan Diego, el más pequeño de sus hijos, a los pies nuestra Santísima Madre de Guadalupe, la siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive.

Hemos venido, decíamos, en peregrinación y ahora también movidos por el Espíritu Santo que está sobre nosotros; para alabar al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo y para recibir en esté hermoso y entrañable Santuario: el amor, compasión, auxilio y defensa de la Madre del amor, del temor y de la santa esperanza.

Le venimos a pedir que escuche nuestros lamentos y remedie nuestras miserias, penas y dolores, pero también le encomendamos que entregue a la Santísima Trinidad nuestra sentida acción de gracias por los 2 años que en aquella ocasión cumplimos; como nueva diócesis, como nueva porción del pueblo santo de Dios.

Venimos también para ofrecerle a Santa María de Guadalupe nuestra profunda gratitud por la V visita del Papa Juan Pablo II a nuestras tierras mexicanas y por la inminente y esperada canonización del beato Juan Diego que fue el 31 de julio en este mismo lugar.

Le pedimos a nuestra Santísima Madre de Guadalupe su interseción por nuestra querida Diócesis de Orizaba; por su obispo, sus sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas, por nuestro seminario, por nuestras parroquias, rectorías y capillas, por nuestras comunidades, por nuestras asociaciones, caminos y movimientos laicales, por nuestras autoridades civiles, por nuestros centros de trabajos y por todos los indígenas para que aprendamos amarnos y aceptarnos como hijos de un mismo Padre.

El miércoles 4 de junio del 2003: estuvimos también aquí presentes, nuevamente por gracia de Dios estuvimos reunidos en la semana de culminación de la Cincuentena Pascual y de la preparación para la venida del Espíritu Santo. Muchos representantes de nuestra querida Diócesis de Orizaba; pastores y fieles nos reunimos en este venerable recinto sagrado dedicado a nuestra amadísima Madre Santísima Madre de Guadalupe, después de haber sido testigos de la canonización de nuestro humilde hermano san Juan Diego. El pasado 31 de julio del 2002 y apunto de cumplir 3 años de la erección de nuestra Diócesis de Orizaba; creada por el Papa Juan Pablo II a través de la Bula “Adjutori ferre” que se traduce “dar una ayuda a los pastores solícitos”. El 15 de abril del 2002 desprendiendo su territorio que comprende 28 municipios de la Arquidiócesis de Xalapa, de la cual fue declarada sufragaría y dependiente de la congregación para los obispos. Recibió como sede a la Ciudad de Orizaba cuyo templo consagrado a san Miguel Arcángel fue elevado a la condición y dignidad de Iglesia Catedral, su erección canónica fue ejecutada el 13 de junio del mismo Año Jubilar 2000 y también somos conocedores de que el primer obispo de la nueva Diócesis de Orizaba, un servidor, nativo de Ciudad Mendoza y rector en ese tiempo del Seminario Mayor Arquidiocesano de Xalapa.

Al realizar la evaluación de esos 3 años primeros de nuestra diócesis nos unimos a la motivación que el beato entonces; ahora san Rafael Guízar Valencia expresó en un decreto del 8 de septiembre de 1920, para iniciar las peregrinaciones de la entonces Diócesis de Veracruz a la Basílica de Guadalupe en esta Ciudad de México, decía así el santo: “Uno de los más nobles sentimientos que hermosean el corazón de las personas es la gratitud, que en el se desarrolla al influjo del amor y de los beneficios recibidos, por lo cual a medida que aumentan los favores y se multiplican los afectos crece la gratitud en nuestra alma; como crecen y se desarrollan las plantas las flores mediante la sabia que reciben de la tierra”, desde luego que al hablar de los grandes favores recibidos, se refiere al inmenso amor que Santa María de Guadalupe ha prodigado a nuestra Iglesia Mexicana y de manera particular a la Iglesia de Veracruz, que en ese tiempo contaba con una sola diócesis y que actualmente alberga 8 iglesias diocesanas.

La siguiente ocasión que estuvimos aquí reunidos fue el miércoles 2 de junio del 2004: y en esa ocasión le presentamos a la Santísima Virgen María los frutos de nuestro plan diocesano de pastoral. La primera visita pastoral del obispo y la oración y promoción de las vocaciones al Ministerio Sacerdotal, a la Vida Consagrada y a la Vida Laical. Nuestro plan diocesano de pastoral partiendo del análisis de la realidad y del diagnóstico pastoral se ha propuesto como objetivo general; impulsar la pastoral de conjunto en nuestra diócesis, en comunión y participación para que el pueblo de Dios desde una Nueva Evangelización construya una Iglesia para nuestro tiempo y una sociedad renovada. Y ha contemplado en este momento histórico de nuestra iglesia diocesana de Orizaba, sin descuidar la vertebralidad del triple ministerio y la enorme importancia de las diversas pastorales; como principales urgencias o prioridades que deben atenderse, con sabiduría y eficacia; la pastoral juvenil y vocacional, la pastoral familiar, la pastoral social, la pastoral profética y la formación de agentes de pastoral.

La visita pastoral que comenzó a realizarse en esos tiempos, estuvo inspirada en Jesucristo, Buen Pastor: quien conoce a sus ovejas, quien va delante de ellas, que la guía hacía pastos y fuentes saludables, que da su vida por ellas. Por eso el objetivo de esta primera visita pastoral a las parroquias de nuestra diócesis fue encontrarme con las personas encomendadas a mi cuidado pastoral, escucharlas y dialogar con ellas, darme cuenta de su realidad, apoyar a los responsables de las comunidades y de las actividades apostólicas, ver por donde transitan los hijos de Dios, señalar con claridad las metas y los caminos a seguir, y procurar aproximarme y crear cercanía con todas las personas.

La siguiente visita que hicimos a esta Insigne Basílica fue el miércoles 1 de junio de 2005: en aquella ocasión decíamos: hemos venido a poner en las manos de Santa María de Guadalupe nuestra acción de gracias a Dios, por nuestros primeros 5 años de existencia, ya que nuestra Diócesis de Orizaba fue creada el 15 de abril del Año Jubilar 2000 por el Papa Juan Pablo II de feliz memoria.

También hemos venido para encomendarle a la Morenita, decíamos, la próxima peregrinación de los Obispos Mexicanos a la ciudad de Roma, en la cual tendré el gusto de participar para cumplir la así llamada visita Ad limina apostolorum, esta visita tiene dos fines esenciales: primero venerar los sepulcros de los santos apóstoles Pedro y Pablo, especialmente con la celebración de la Eucaristía, y segundo encontrarse con el sucesor de san Pedro y obispo de Roma, el Papa Benedicto XVI a través de una entrevista personal y de algunas audiencias más generales.

La visita Ad limina tuvo una preparación remota, en la que participaron todos y posteriormente se dio un informe que abarca los primeros 5 años sobre el estado de nuestra diócesis. Este informe después de muchas consultas, ayudas y apuraciones fue escrito y entregado a la Anunciatura para ser enviado a la Ciudad del Vaticano.

En ese mismo año, salió una carta circular, sobre el Año Guadalupano de la Diócesis de Orizaba, y decía así: Nuestra querida Diócesis de Orizaba ha recibido abundantes bendiciones de Dios, y ha caminado durante más de 5 años logrando realizar importantes proyectos pastorales, económicos, administrativos y de construcción que han repercutido para gloria de Dios y para todos los que la integramos. Cada uno de los acontecimientos que por gracia de Dios nos ha tocado vivir, los hemos disfrutado con profundo gozo espiritual, y nos han ayudado para acrecentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. De igual manera, las alegrías, las penas, los sufrimientos, el trabajo y la vida familiar han sido puestos en las manos de Dios, fundamentalmente en la celebración de la Sagrada Eucaristía, de los Sacramentos y de la religiosidad popular.

Ante esta hermosa experiencia de nuestro itinerario diocesano, me brota el profundo anhelo de poner a nuestra diócesis de una manera más visible, en las manos de Santa María de Guadalupe. Durante varios meses hemos sido testigos de la restauración, del antiguo templo de nuestra Señora de Guadalupe mejor conocido, como La Concordia, que además de ser una de las joyas arquitectónicas de nuestra diócesis, es meta de peregrinos y centro en donde se manifiesta la profunda fe, que Dios nos ha concedido.

Para aprovechar todos los elementos con los que Dios ha bendecido nuestra querida tierra, decidí en aquel tiempo, que el próximo año a partir del 1 de enero, fiesta de Santa María Madre de Dios hasta el 12 de diciembre de 2006, fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, este dedicada nuestra Diócesis de Orizaba a la reflexión y meditación entorno al evento guadalupano, y por eso lo declaramos Año Guadalupano 2006.

Tuvimos ahí la dicha de que nos visitaran algunos de los misioneros, que propagan las apariciones de la Santísima Virgen y que tienen aquí su sede. Como parte central de este acontecimiento, les propuse que el 7 de junio, en que vendríamos aquí en la peregrinación anual, trajéramos la imagen original que esta en el santuario de La Concordia, que data del año 1736, para ser tocada de manera solemne a la imagen original de Nuestra Madre de Guadalupe, plasmada en el ayate de San Juan Diego, y que se encuentra aquí en este lugar. En esa ocasión, también, se trajo la imagen bendita de la parroquia de La Perla para también ser retocada.

Me ha parecido también conveniente, que al cumplir 6 años de nuestra fundación como diócesis, sea erigido el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, La Concordia, como santuario diocesano de nuestra iglesia particular de Orizaba.

El día 12 de junio de 2006, en vísperas del VI aniversario de la erección de nuestra diócesis, y de la consagración como obispo, realizamos una magna celebración, en la que se consagró a nuestra diócesis a Santa María de Guadalupe y al mismo tiempo, coronamos solemnemente a Nuestra Madre Santísima.

Posteriormente el 12 de diciembre de 2005, se dio un decreto, que más o menos tiene los mismos contenidos de la circular, pero añade unos asuntos más sobre los privilegios que se pueden recibir en nuestro santuario diocesano. Terminaba diciendo: Ruego al Señor Nuestro Dios y Padre, que estos acontecimientos llenen de alegría cristiana a nuestros corazones, para difundirla copiosamente entre nuestros hermanos y también nos sirvan para acercarnos cada vez más al amor de Dios, en la persona divina de nuestro Salvador Jesucristo a través de la interseción y ayuda de Santa María de Guadalupe, Madre del Verdadero Dios, por quien se vive.

Posteriormente, hicimos otra evaluación, en junio 13 de 2006: ya por lo del tiempo la dejamos y pasamos a la parte final.

En esta peregrinación a la Basílica del año 2007, en este junio 6, los acontecimientos principales, en nuestra querida Diócesis de Orizaba, al cumplir sus 7 años de vida son: Primero; la consagración de la diócesis a la Virgen de Guadalupe y la conclusión del Año Guadalupano. Segundo; la canonización de san Rafael Guízar Valencia. Tercero; la conclusión de la primera visita pastoral del obispo a la diócesis y cuarto; el traslado, conocido en abril, del obispo, un servidor, a la Arquidiócesis de Xalapa. Y a esto agregamos el proyecto de nuestro Seminario Mayor, que ya ha sido presentado en una maqueta correspondiente.

Quiero poner en manos de Santa María de Guadalupe y en su corazón, a nuestra querida Diócesis de Orizaba, quiero pedirle que siga fortaleciendo y ayudando al administrador diocesano que resulte elegido. Quiero también manifestarle que nos conceda un obispo que sea el indicado para continuar los trabajos pastorales en nuestra querida diócesis, y pido a todos ustedes, que nos mantengamos unidos en la oración, en el afecto y en la bendición.

Así sea.

 
 
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