8 de diciembre de 2008
Muy
querido hermano Arzobispo Pedro, muy queridos hermanos sacerdotes,
amados hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo y
en Santa María de Guadalupe.
Hoy
es un día de bendiciones, de alegría, de canto y de esperanza,
porque nuestros pies han caminado para estar con María de
Guadalupe. Nuestros ojos ven con claridad el bello rostro
de la Santísima Virgen María nuestra Madre. Nuestra boca
le canta, le sugiere y le pide. Nuestro corazón late y suspira
de gozo por la ocasión de estar en casa de María de Guadalupe.
Nuestro pensamiento vuela hasta la presencia de Dios nuestro
Padre y de María nuestra Madre. Nuestra fe nos asegura que
María de Guadalupe nos ve y nos ama. Nuestra fe nos asegura
que María de Guadalupe nos ve y nos escucha y nuestros oídos
han escuchado la Palabra de Dios. Dejamos que esta Palabra
resuene en nuestros corazones; dejemos que esta Palabra
empape nuestros corazones porque la Palabra de Dios en esta
celebración es la importante.
Hemos
escuchado la Palabra de Dios te hace esta pregunta, en el
Libro del Génesis, Adán: “¿has comido acaso del árbol
que te prohibí comer?” Nuestro corazón dará una respuesta,
pero, también escuchamos: “el Señor ha dado a conocer
su victoria y ha revelado a las naciones su justicia”. Sabemos
Dios nuestro Padre todo lo sabe, todo lo puede, todo lo
tiene .
Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido
en Él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Nosotros todo lo tenemos usemos la
inteligencia para aprovechar lo que el Señor nos ha dado.
Él nos eligió con Cristo antes de crear al mundo para que
fuéramos santos e irreprochables a sus ojos; sino somos
santos la familia sufre; sino somos santos el pueblo sufre;
sino somos santos también nosotros sufrimos. Con Cristo
somos herederos también nosotros. Tenemos una grande herencia.
Una grande herencia está a nuestro alcance y en el Evangelio
amados hermanos escuchamos este saludo a María. Saludo que
le damos hoy en su casa, en esta hermosa Basílica: “alégrate
llena de gracia el Señor está contigo, alégrate porque eres
llena de gracia y alégrate porque el Señor está contigo.
No temas María porque has hallado gracia ante Dios, vas
a concebir y a dar a Dios un Hijo y le pondrás por nombre
Jesús, porque Él viene a salvarnos por eso le dan ese
nombre. El santo que va a nacer de ti será llamado Hijo
de Dios y María da su respuesta: Yo soy la esclava
del Señor cúmplase en mí lo que me has dicho”. Esa es
la respuesta de María, ahora nosotros preparemos la nuestra,
porque también hay que responder a esta Palabra del Señor
que hemos escuchado.
Bien,
amados hermanos y hermanas, de esta Palabra del Señor que
hemos escuchado hagamos una reflexión. El Dios que nos dio
la vida todo lo sabe, todo lo puede, todo lo tiene. Él está
totalmente de nuestra parte, está a nuestro favor, está
de nuestro lado. Él está muy cerca de nosotros, nos ve y
nos escucha y Él nos ha dado todo lo que necesitamos para
vivir en paz, para vivir contentos y para vivir limpios
de corazón, como la Inmaculada Concepción por lo tanto hay
que buscar estar cerca de Él, seguirlo y obedecerlo, hay
que buscarlo conocerlo y sobretodo hay que hacer lo que
a Él le gusta. Si alguno de nosotros hace lo que a Él no
le gusta; si alguno de nosotros maltrata, engaña y desprecia
a sus hijos. Esto no le gusta, entonces, nos ponemos en
su contra.
Seamos
pues, hermanos y hermanas, inteligentes, busquemos al Dios
que todo lo puede, todo lo sabe y todo lo tiene. Vivamos
cerca de Él, seamos obedientes y hagamos lo que a Él le
gusta. En el Santo Evangelio escuchamos el anuncio del ángel
Gabriel a un virgen desposada con un varón de la estirpe
de David llamado José. La virgen se llamaba María, después
de saludarla y de mostrar su belleza espiritual, la belleza
espiritual de María, le hace saber su vocación y misión
en la Iglesia, es decir: le hace saber que hoy y siempre
será la Madre de Dios y Madre nuestra. Después del diálogo
entre María virgen y el ángel, nos queda claro que nuestra
Madre: es llena de gracia, mujer de fe, bendita entre
las mujeres, virgen fiel y sobretodo es una Madre obediente.
María contestó: yo soy la esclava del Señor cúmplase
en mí lo que me has dicho. Es decir; es obediente.
Hermanos
y hermanas, antes de regresar a nuestra amada Arquidiócesis
de Tulancingo y hoy que recordamos y reafirmamos los derechos
del no nacido, les hago la siguiente propuesta: luchemos
por ser una Iglesia que mantiene un corazón limpio porque
respeta la vida, luchemos por ser una Iglesia que mantiene
unas manos limpias, porque respeta la vida y luchemos por
ser una Iglesia que mantiene unos labios puros, porque respeta
la vida. Quienes no respetan la vida, ni tienen corazón
limpio, ni tienen manos limpias, ni tienen labios puros.
Hagamos
un esfuerzo en ser una Iglesia que ánima, cuida y ora por
la familia, trabajemos por ser una Iglesia que evangeliza
a su niños, adolescentes y jóvenes. Decidamos ser una Iglesia
que busca llegar a la casa del Padre. Así como hoy hemos
llegado a la casa de María de Guadalupe, nuestra Madre.
Amados
hermanos y hermanas, demos gracias a Dios, que nos ha concedido
las gracias y dones en abundancia. Demos gracias al Señor
Jesús, porque nos ha dado la vida con su Palabra, nos da
la vida con su Cuerpo y con su Sangre. Demos gracias al
Espíritu Santo, porque nos ha dado sabiduría, inteligencia,
fortaleza, ciencia y piedad para vivir una vida agradable
a nuestros hermanos y agradable a sus ojos. Demos gracias
a la Santísima Virgen María de Guadalupe, porque nos acompaña
nos bendice y nos cuida.
Hermanos
y hermanas, ofrezcamos a Dios, nuestro Padre el esfuerzo
por mantener viva nuestra iglesia en Tulancingo. Ofrezcamos
al príncipe de la paz nuestros programas pastorales definidos
y acordados en nuestra asamblea de pastoral y en nuestras
foranias. Ofrezcamos al Espíritu Santo nuestro ánimo evangelizador,
nuestra voluntad por catequizar a nuestros niños, jóvenes
y personas mayores y ofrezcamos a la Santísima Virgen María
de Guadalupe nuestras decisiones por cuidar la fe, la unidad
y la misericordia de las familias, que integran nuestra
amada arquidiócesis.
Pidamos
a Dios Padre, al Dios que nos dio la vida llene nuestros
corazones de su amor, para que siempre respetemos los derechos
de nuestros hermanos y así los veamos todos los días y los
tratemos como nuestros hermanos.
Pidamos
al Señor Jesús cuide nuestros niños, a nuestros adolescentes
y a nuestros jóvenes de la droga, porque todos los días
les hacen propuestas y los persiguen con la droga en la
mano.
Pidamos
al Espíritu Santo nos regale sus sagrados dones para que nuestro
plan diocesano de abundantes frutos para bien de todos. Y
pidamos a la Santísima Virgen de Guadalupe nos cuide, nos
bendiga y nos acompañe siempre.
Amén.