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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de la Diócesis de Tehuacán, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

1 de febrero de 2009

Hermanos, hermanas, todos, el Evangelio que se acaba de proclamar y hemos escuchado, nos ayuda a encontrarnos con Jesucristo casi al inicio de su misión según lo presenta san Marcos. Llega Jesús a Cafarnaúm población a la orilla del mar de Galilea y que se va a convertir en centro de operaciones para ir desde allí a otras poblaciones. Es día sábado y como judío piadoso, Jesús va a la Sinagoga a participar en la oración, la lectura de la Sagrada Escritura y la instrucción, la enseñanza. Pero, Jesús no se suma a la asamblea como un oyente, sino que se pone a enseñar provocando asombro. Pues, enseña como quien tiene autoridad y no como los escribas. Estos en efecto eran intérpretes de la ley de Moisés basándose en la tradición de los antepasados, de judíos renombrados. Jesús no necesita ese apoyo tiene confianza en sí mismo para transmitir el mensaje de Dios. Esta enseñanza con autoridad de Jesús queda corroborada con el poder para actuar al curar a un hombre poseído por un espíritu inmundo. El diálogo intenso que se establece es muy clarificador.

El hombre poseído por el espíritu inmundo grita a Jesús: “¿qué quieres Tú con nosotros Jesús de Nazaret?”  Satanás defiende su territorio viendo en Jesús una amenaza. El hombre añade: “Ya sé quien eres, el Santo de Dios”.

Nos parecería con esta frase que el hombre poseído por Satanás reconoce el poderío superior de Jesús y así queda subordinado a Él. Sin embargo, es al contario propio de la posesión satánica, él hombre desenmascara a Jesús diciendo quien es con lo cual pretende quedar superior a Él. Pero, Jesús no entra en diálogos innecesarios, ni en gestos espectaculares porque significaría entrar en concesiones. Así con una palabra llena de autoridad le ordenó: cállate y sal de él. La sacudida violenta del hombre y un alarido del espíritu inmundo dejan estupefactos a lo presentes que exclaman, como será frecuente en san Marcos según lo irá mencionando. ¿Qué es esto? ¿qué nueva doctrina es esta? Este hombre tiene autoridad hasta para mandar a los espíritus inmundos y lo obedecen. La escena que se narra no es solamente de hechos que tuvieron lugar hace poco más de 2000 años, sino que habla también de nosotros en nuestro encuentro con Jesús. De modo que nos ubicamos en la escena, no como espectadores curiosos a la expectativa de algo ajeno a nosotros, queremos hacerlo como discípulos de Jesús a quienes Él ha llamado y quieren responderle.

Efectivamente en la escena anterior, propia del domingo pasado: Jesús llamaba a dos pares de hermanos; a Simón y su hermano Andrés; a Santiago y su hermano Juan. Queremos, también, nosotros estar en esta escena, como discípulos de Jesús viendo lo que hace y escuchando lo que dice para aprender su estilo de vida y hacerlo nuestro. Queremos dejarnos sorprender y fascinar por la autoridad de Jesús para hablar y actuar en circunstancias en que escuchamos opiniones y posturas tan diferentes y opuestas a su Evangelio por ejemplo: sobre el matrimonio, la familia y la vida. Sigue habiendo personas que se enfrentan a Jesús reclamándole ¿qué quieres Tú con nosotros? no dejándolo entrar rechazándolo, agrediéndolo. Lo grave es que estas posturas y acciones contra la vida humana, contra el matrimonio y la familia se presentan, como un derecho y un valor con signo de progreso y que el Evangelio de Cristo Jesús es algo conservador, como sinónimo de anticuado y superado.

¡Jesús, queremos escucharte porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna! Pero, desgraciadamente nosotros mismos con frecuencia somos esa persona poseída por ese espíritu inmundo: del placer sexual, del afán de riquezas, de poder, ególatras y desafiantes contra los que no piensan y actúan como nosotros. Que en esas circunstancias Jesús se nos ha acercado de diversas maneras, por ejemplo: por medio de personas buenas, pero lo hemos rechazado, diciéndole con fastidio ¿qué quieres Tú con nosotros? Déjanos en paz, vete con lo tuyo a otra parte. Jesús, sin embargo, permanece junto a nosotros ofreciéndonos su Palabra que nos da vida; su poder que nos ama y nos salva. Contemplemos agradecidos y fascinados la autoridad de Jesús para hablar y actuar en bien nuestro y de los que nos rodean.

La Virgen María de Guadalupe se convirtió en la mejor discípula y seguidora de Cristo Jesús al encontrarnos con Ella, Ella nos lleva a su Hijo. Cuando de Ella recibimos compasión, amor, auxilio y defensa lo que hace Ella es compartirnos la abundancia de vida nueva de Hijo. La fe en la Virgen María de Guadalupe es necesariamente fe en Cristo Jesús. Y aquí estamos celebrando esta fe en el día domingo, el día del Señor Jesús Resucitado.

Venimos agradecidos porque el Señor nos ha concedido tener a lo largo de un año la visita pastoral a las parroquias de la diócesis, incluido el seminario y las casas de religiosas. Hemos avanzado en la elaboración y ejecución del plan de pastoral a nivel parroquial, decanal y diocesano con su marco de la realidad y con su marco doctrinal, que derivan en programas concretos en las tareas fundamentales y en las prioridades de modo que la vidita pastoral se convierte en meta intermedia o sea a su vez el punto de partida, que nos lanza a afrontar retos impostergables uniéndonos a la Misión Continental en un espíritu, ya no de pastoral, de mantenimiento o conservación, sino de pastoral misionera convencidos que Jesús: es el camino, la verdad y la vida. Que al encontrarnos con Él no podemos dejar de convertirnos en perseverantes discípulos y entusiastas misioneros suyos.

Hermanos sacerdotes, los planes pastorales de las respectivas parroquias y decanatos serán eficaces en la medida que los hagamos nuestros y los integremos a la Misión Continental para que el Evangelio de Jesucristo llegue a todas las familias; a las más apartadas comunidades de nuestra diócesis; a las diversas subculturas y etnias. Nuestro celibato, como nos dice san Pablo, en la Carta a la Comunidad de Corinto: “no es una carga, sino un gozo, porque nos unifica y alegra en el Señor Jesús para bien de nuestros hermanos”.

Hermanas y hermanos religiosos, laicos, familias, que no seamos sordos a la voz del Señor. Vengan lancemos vivas al Señor; aclamemos al Dios que no salva; acerquémonos a Él llenos de júbilo y démosle gracias. Nos dice el Salmo Responsorial: “vale la pena entregarnos a Cristo Jesús para seguirlo, para vivir, anunciar, celebrar y vivir su Evangelio”. Pidámosle su ayuda por intercesión de nuestra Madre buena, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe, con Ella ofrecemos a Dios este año 2009 sin dejarnos abatir por las crisis y adversidades, sino con la esperanza cierta puesta en Jesucristo que nos salva, más aún como discípulos y misioneros suyos somos enviados por Él para prolongar su misión y nos recuerda el mismo Cristo Jesús: “si tuvieran fe, como un granito de mostaza podrían decirle al árbol o la montaña: cámbiate de lugar y desobedecería”. De modo que sostenidos por Jesús que nos envía, queremos actuar con su autoridad en su nombre, para anunciar su Evangelio que sea fecundo, se haga vida en nuestras familias, en nuestra vida diocesana.

Vengan y puestos de rodillas adoremos y bendigamos al Señor que nos hizo, pues, Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Él es nuestro pastor y nosotros sus ovejas. Con Cristo Jesús unidos a Él damos fruto en abundancia porque entonces somos parte del Reino de los Cielos, levadura que hace crecer la masa.

 
 
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