Queridos
hermanos y hermanas, les saludo a todos con mucho
cariño. Saludo a nuestros sacerdotes, a todos los
que han venido desde Campeche, retirado geográficamente,
pero siempre cercano a este Santuario. Saludo a todos
los peregrinos campechanos que han venido a todos
los campechanos que viviendo aquí en la Ciudad de
México han querido acompañarnos este día y a todos
y cada uno de los aquí presentes.
Desde
hace más de 4 siglos acudimos y se acude a este santo
lugar; personas de diferentes pueblos, de diferentes
diócesis, de diferentes naciones y traen consigo deseos
de su corazón, intensiones de sus diócesis, preocupaciones
y esperanzas íntimas de este modo el Tepeyac se ha
convertido para México y mucho más allá incluso de
sus fronteras en un lugar de gracia, en un lugar de
reconciliación, en un lugar de paz espiritual, en
un lugar de unidad, de identidad.
Aquí
experimentamos la bondad consoladora de aquella que
es nuestra Madre. Aquí encontramos a Jesucristo. Nos
detenemos ante la Madre del Señor y le imploramos:
Madre de Guadalupe muéstranos a Jesús; muéstranos
a nosotros peregrinos de Campeche, Aquel que es el
camino, la verdad y la vida.
Hemos
venido en peregrinación; ¿qué es una peregrinación?
es el viaje a un Santuario o a un lugar sagrado con
importantes connotaciones religiosas. El término peregrinación
proviene del latín: peregrinatio.
Y significa un viaje al extranjero o una estancia
en el extranjero, según estos orígenes etimológicos,
el peregrino, pues, es un expatriado, es un exiliado
y por eso todos nosotros sabemos que somos peregrinos
en esta tierra, porque estamos exiliados, ya que nuestra
verdadera patria es el cielo y allá todos nos dirigimos.
La Sagrada Escritura presenta la historia
del pueblo de Israel a partir de Abraham, como una
peregrinación y con subidas y bajadas, por caminos
breves y por caminos largos al final siempre conduce
a la tierra prometida. Peregrinar significa estar
orientados hacia una cierta dirección y caminar hacia
una meta, por eso, queridos hermanos y hermanas, que
nunca nos vayamos a perder y que siempre tengamos
bien clara todos nosotros esa dirección, esa meta
en nuestra vida. Esto atribuye también al camino y
a su cansancio su propia belleza, nos habla del fin
para el cual hemos sido creados ¿cuál es ese fin para
el cual hemos sido creados? Conocer, amar y servir
a Dios en esta vida y gozar de Él por toda la eternidad
en la tierra prometida del cielo. Ser peregrino significa
marchar, hacer un camino no sólo exterior, sino especialmente
interior.
Atención, queridos hermanos y hermanas, especialmente una atención
interior; avanzamos con los pies, con el corazón y
con el alma. Llevamos en la marcha todo lo que ha
sido nuestra con sus altos y sus bajos, pero es siempre
bueno llevar al Santuario una especial intención,
un especial agradecimiento, una súplica particular,
un deseo de encuentro con el Señor. El caminar por
las huellas de un agreste sendero soportando sed,
hambre, cansancio, muchas veces incluso soledad, desplazándose
desde lejos a este lugar de origen. El lugar de origen
de la paz.
Llevamos el cansancio de la vida, de la peregrinación, pero
vamos con la esperanza de ser escuchados y dando gracias
al Señor. La peregrinación, también, fue pensada por
el cristianismo naciente, como un criterio para entender
la vida en Cristo.
Eso es muy importante, queridos hermanos y hermanas, repito:
la peregrinación también fue pensada en los orígenes
del cristianismo, como un criterio para entender la
vida en Cristo, en los evangelios se reinterpreta
el subir a Jerusalén, como la llegada a la máxima
prueba de amor a los hombres, la misma muerte en cruz.
Los lugares de peregrinación más conocidos a lo largo de la
historia han sido tres. Jerusalén: donde vivió,
murió y resucitó nuestro Señor. Roma: donde
murió mártir el apóstol san Pedro, el primer Papa.
Y, Santiago de Compostela: donde según la tradición
está enterrado el apóstol Santiago, pero providencialmente
en un momento de suma importancia para la historia
de la humanidad más en concreto para la historia del
cristianismo y su evangelización, el Tepeyac se convierte
en el lugar escogido por la Madre de Dios para evangelizar
con una humilde imagen sagrada evangelizar toda América.
Y por eso este Santuario, esta Basílica de Guadalupe
en el que hoy estamos es considerado uno de los santuarios
más importantes de la fe católica.
Hemos venido aquí a mirar a Cristo, a encontrarnos con nuestra
Madre y a pedirles que nos enseñe a su Hijo, que nos
dé a su Hijo. Mirar a Cristo en María, esta invitación
para el hombre que busca; para el hombre que es peregrinante
en la vida se transforma siempre en una espontanea
petición. Una petición dirigida en particular a María,
que nos ha dado a Cristo como Hijo suyo. Y le decimos
hoy a nuestra Madre Santísima de Guadalupe: muéstranos a Jesús,
rezamos hoy así con todo el corazón, rezamos así,
también, no sólo en este momento interiormente en
la búsqueda del rostro del Redentor. Muéstranos a Jesús y
tengan la plena seguridad de que nuestra Madre responde.
María responde y nos presenta a su Hijo y nos da a
su Hijo.
Si san Juan afirma de Cristo que Él es el Hijo Único que está
en el seno del Padre, también podemos decir de Jesús,
que Él es el Único Hijo que está en el seno de María,
el Hijo que mora en el Padre, pero también en la historia,
quiso morar en María y lo sigue haciendo. Así se presenta
en esta providencial y hermosísima imagen de nuestra
Madre de Guadalupe. Ella no está sola, Ella muestra
a su Hijo en su seno, nos ofrece la vida y nos ofrece
al Salvador del mundo y por eso le gritamos muéstranos a Jesús con
esta petición a la Madre del Señor nos hemos puesto
en camino hacia este lugar. Esta misma petición nos
acompañará todos los días de nuestra y sabemos que
María escucha esta oración. Sí, en cualquier momento,
cuando miramos a María nos muestra a Jesús de este
modo podemos encontrar el camino justo seguirlo paso
a paso con la gozosa confianza de que ese camino lleva
a la luz, lleva a la alegría, lleva a la verdad, lleva
al gozo del amor eterno.
Esta Basílica de Guadalupe, este gran templo, alberga a Cristo
en su seno, es el lugar de la presencia de Dios y
dentro del templo venimos a encontrarnos con otro
templo, María, templo vivo de la presencia de Dios,
no solamente porque Dios habita en su alma, sino también
porque quiso albergarse en su corazón y en su seno,
no solamente para ser llevado o transportado por Ella,
sino para ser gestado en su interior comunicándole
la vida, de esta manera Cristo es la vida de María,
pero María es la vida de Cristo. Ambos se comunican
la vida, uno la vida sobrenatural, el otro la vida
natural. Así como Jesús en el Evangelio se presenta,
como la puerta de las ovejas, así también la Iglesia
presenta a María, como la puerta del cielo. Puerta
siempre abierta y por eso nos dice el Libro del Apocalipsis:
mira que he puesto ante
ti una puerta abierta que nadie podrá cerrar, es la
puerta por
donde ingresó el Verbo de Dios al mundo y la misma
puerta por donde pasan todos los hijos de Dios al
seno del Padre, verdadero camino y meta final hacía
donde caminamos y hacía donde aspiramos llegar.
Hemos venido a esta peregrinación anual ante la Virgen de Guadalupe
para agradecerle su protección maternal a lo largo
del año, para pedirle que nos siga acompañando en
nuestro peregrinar, como pueblo de Dios, particularmente
pueblo de Dios en Campeche, agradeciendo los acontecimientos
tan significativos para nuestra diócesis durante este
último año, como han sido las Ordenaciones Sacerdotales.
Como ha sido la consagración de la diócesis al Espíritu
Santo. La consagración de la diócesis al Corazón Inmaculado
de María.
Que nuestra Madre reciba esa gratitud y nos siga acompañando
durante todo este año, como hizo el pueblo de la promesa,
nosotros dejamos el Egipto del pecado, de la esclavitud
para poder vivir después del Bautismo una vida profundamente
cristiana. Esto nos impulsa a que en este día en que
hemos venido en peregrinación. Este día que nos reúne,
que también nosotros dejemos el Egipto de nuestros
pecados; que pensemos en todos los obstáculos, que
se interponen entre María y Jesús y nosotros. Y comprometernos
para vivir la vida de la gracia, para cortar la cizaña
de nuestra vida, para cortar todo aquello que es superficial
y animarnos a vivir en la fidelidad que nos pide Jesús
y que nos pide María. Muchos pueden ser los obstáculos,
que nos retienen ambiciones de dinero, ambición de
violencia, problemas de violencia familiar, malos
tratos, alcoholismo, droga, desordenes sexuales y
tantas otras cosas. Muchas cosas, que atentan contra
la dignidad del hombre, del ser humano, de la familia,
de mi familia en concreto. Obstáculos que ahora se
presentan y que llevan el nombre de crisis económica,
de crisis política, de crisis social. Pero, hermanos
y hermanas, levantemos firmes nuestra alma en la fe,
en la fe de nuestros padres, en aquellos que como
Juan Diego supieron hacernos entender que el camino
para construir una sociedad sólida, firme en sus bases
y justa no son aquellas cosas, que hemos mencionado.
Todo aquello socavaba grandemente los cimientos de
nuestra patria y de toda América, por el contrario
el Tepeyac es este símbolo de esperanza, símbolo de
amor, de fe, de renovado compromiso con Jesús y su
Madre. Ellos desean que todo nuestro país, que Campeche
se levante, que camine por el camino trazado por los
designios eternos, es decir, por el Padre al enviarnos
a Jesús, como Redentor. Y esto significa que Campeche
y todo México debe tomar el compromiso: de vivir en
la oración; de vivir en la fidelidad al Evangelio;
de vivir en la fidelidad al Evangelio; de vivir en
la fidelidad a los sacramentos; la fidelidad en la
solidaridad; debe decidirse asistir siempre aquellos
preceptos que el Señor nos pide. Santificar el día
del Señor, debemos tomar el compromiso de vivir auténticamente
nuestra fe más todavía, porque no se puede decir:
que creemos todavía lo suficiente, ni que amamos a
Dios como merece ser amado. Jesús ha hablado de sí
mismo como el pan de vida, la vida del mundo. La promesa
que el Señor atribuye aquellos que reciben su Cuerpo,
su Sangre es la vida eterna.
Como obispo de la Diócesis de Campeche, que hoy peregrina:
Madre y Señora me dirijo a ti y te pido humildemente
por todos nuestros sacerdotes, particularmente en
este Año Jubilar Sacerdotal, que este año acerque
a todos nuestros sacerdotes a vivir en la unidad de
Jesús Sacerdote, de Cristo Buen Pastor. A ti Madre
te pido por todas las familias, para que de ellas
surjan buenos y santos cristianos, que cambien nuestra
sociedad. Te presento Madre y Señora a los enfermos,
que con tanta esperanza dirigen su oración a ti. Muchos
de ellos nos han pedido que al llegar a este Santuario
le pidamos que por intercesión de nuestra Madre reciban
la salud de cuerpo y alma, que necesitan. Te pedimos
por todos nuestros jóvenes y niños para que preservados
de todo flagelo de inmundicia puedan vivir en la libertad
de los hijos de Dios.
Madre y Señora te presento a todos nuestros seminaristas, nuestros
diáconos que sepan responder con fidelidad a su llamado,
todas nuestras religiosas, nuestros obreros, nuestros
políticos. Madre en tus manos nos acogemos, somos
ya tus hijos, has de nosotros hijos fervorosos en
la fe y en el amor, capaces de construir la civilización
del amor. Tómanos entre tus manos junto a tu corazón
y ofrécenos a Jesús para que desde ti seamos gratos
a tu Hijo.
Y ahora pueblo de Campeche, como padre y pastor les exhorto
a que digamos en nuestro pensamiento, y me sigan con
su corazón las palabras de san Bernardo:
Si se levanta la tempestad en las tentaciones,
si caes en el obstáculo de las tristezas eleva tus
ojos a la estrella de mar… Invoca a María.
Si te golpean las olas de la soberbia, de la
calumnia, de la envidia mira a la estrella… Invoca
a María.
Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de
tus sentidos, quieren hundir la barca de tu espíritu,
que tus ojos vayan a esa estrella… Invoca a María.
Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos
pecados te sientes ir hacia el abismo del desaliento
y la desesperación, lánzale una mirada a la estrella
e invoca a la Madre de Dios, en medio de tus peligros,
de tus angustias, de tus dudas piensa en María… Invoca
a María. El pensar en Ella y el invocarla sean dos
cosas que no se aparten nunca, ni de tu corazón, ni
de tus labios y para estar más seguro de tu protección
no te olvides de imitar sus ejemplos. Siguiéndola
no te perderás en el camino, implorándola no te vas
a desesperar jamás. Pensando en Ella no te equivocaras.
Si Ella te tiene de la mano tú no te vas a hundir
jamás. Bajo su manto nada hay que temer. Bajo su
guía no habrá cansancio y con su favor llegarás felizmente
al puerto de la patria celestial.
Que así sea.