12 de agosto de 2010
Muy
queridos hermanos sacerdotes, muy queridos consagrados y
consagradas. Muy queridos hermanos y hermanas peregrinos
de la Arquidiócesis de Monterrey. Muy queridos hermanos
y hermanas, todos, aquí presentes.
Hemos
escuchado en la segunda lectura que cuando llegó la plenitud
de los tiempos Dios nos envió a su único Hijo nacido de
una Mujer, para rescatarlos de la ley del pecado y para
darnos el Espíritu de hijos de Dios. Tengamos presente,
hermanas y hermanos, que nosotros estamos reunidos aquí
en esta conciencia de que somos de verdad hijos e hijas
de Dios. Y en esa confianza nos sabemos amados de Dios;
nos sabemos aceptados y acogidos por la infinita misericordia
de Dios. Este amor, esta misericordia de Dios tiene una
expresión, un rostro femenino que es el rostro, el corazón,
la persona de María de Guadalupe, nuestra Madre. En Ella
nosotros tenemos la oportunidad de experimentar ¿cuánto
nos ama Dios? ¿cuánto nos acepta Dios? ¿y cuánto espera
Dios que brille cada uno y cada una la dignidad de ser hijos
de Dios? Por eso, queridos hermanos y hermanas, en esta
confianza nos acercamos nosotros este día a la casa común,
a la casa de esta familia de Dios, que es la Iglesia y que
tiene por expresión el amor maternal, amoroso de María.
Y nos acercamos para confiarle todas las cosas buenas que
nosotros queremos agradecer.
Queremos
agradecer que este fenómeno natural, que por providencia
de Dios acaeció en nuestra ciudad y en nuestra región tenemos
que agradecer que aunque tuvimos que lamentar la pérdida
de algunas vidas humanas, no en la proporción de la grandeza
y de la gravedad del fenómeno. Tenemos que agradecer la
expresiones de solidaridad, de caridad, de servicio desinteresado
de unos para con otros, para resolver las necesidades inmediatas
después de este fenómeno. Nuestra ciudad, nuestra patria
sea ha manifestado verdaderamente, solidaria con los que
más gravemente han sufrido las consecuencias de este fenómeno.
Tenemos que agradecer que la esperanza no decaiga; que el
aliento se mantenga y que la fe se sobreponga a todos los
motivos que pudiéramos tener de desaliento o de desanimo.
Todo esto lo venimos a agradecer a Dios por intercesión
de su Santísima Madre, que es también Madre nuestra.
En
lo eclesial queremos nosotros agradecer el proceso de evangelización
a través de la misión permanente que está creciendo cada
vez más en las universidades parroquiales, pero sobre todo
en la conciencia del pueblo de Dios. Pueblo de Dios en misión
permanente y tenemos que agradecer que esta nuestra vocación
misionera está también creciendo en la conciencia de nuestros
hermanos presbíteros, de nuestros hermanos agentes de pastoral.
Tenemos que darle gracias a Dios, y este esfuerzo, este
dinamismo misionero pastoral lo vemos culminar con nuestro
Plan Diocesano de Pastoral 2006-2010. Lo vemos culminar,
pero lo vemos abrirse a los próximos años como una verdadera
prioridad. No podemos en el mundo, en las circunstancias
que nos ha tocado vivir mantenernos replegados, acomplejados,
inactivos. Tenemos que comprometernos más en la transformación
de nuestra sociedad con el compromiso de la misión que toca
cada corazón, cada conciencia y que con la fuerza de la
Palabra de Dios transforma la vida. La vida personal, la
vida familiar, la vida social.
Tenemos
que agradecer y queremos hacerlo ahora por todos los frutos
de vocaciones que el Señor suscita en su Iglesia. Vocaciones
a la Vida Sacerdotal, el día de mañana vamos a tener la
gracia de ordenar 15 nuevos diáconos que serán en el futuro
presbíteros, pasado mañana vamos a ordenar a 15 nuevos sacerdotes,
15 nuevos presbíteros. Hemos iniciado ya nuestro curso en
el Seminario donde ya han ingresado jóvenes, que quieren
descubrir la autenticidad del llamado que ellos sienten
a seguir a Jesús más de cerca en el Sacerdocio Ministerial.
Todos
estos son motivos que nosotros reconocemos y queremos agradecer
ahora por manos, por intercesión de la Santísima Virgen
de Guadalupe, Madre del Verdadero Dios por quien se vive,
Madre de nuestro Dios por quien nosotros tenemos vida y
esperamos la gracia de la salvación. Pero junto con agradecer,
estos y muchos otros beneficios, que ustedes tendrán presentes
en su vida personal, en su vida familiar, en su vida parroquial,
junto con agradecer todos estos beneficios. Tenemos que
hacer conciencia de graves carencias que abren para nosotros
un gran campo de oportunidades para proyectar nuestra fe,
nuestra vida cristiana.
Por
ejemplo: el tema de la violencia, de la inseguridad,
que venimos padeciendo y que no vemos que aminore. Tenemos
que intensificar nuestra oración para que esto cese y podamos
vivir en paz, y podamos trabajar en paz, en armonía, en
honestidad y justicia. No podemos ser presa de la ambición
de unos pocos que quieren enriquecerse a base de embrutecer
a nuestra juventud; de destruir nuestras familias. No estamos
dispuestos a eso; queremos la paz, queremos la justicia;
queremos el orden social para buscar con nuestro esfuerzo;
con nuestro trabajo diario, honesto el pan para vivir, el
techo para estar, el vestido para tener, nada más.
Tenemos
que intensificar nuestra oración, como de hecho ya se hace
en familia en lo personal, en las celebraciones eucarísticas,
en las horas santas, en las comunidades se hace mucha oración.
Tenemos que intensificarla, y tenemos también que desarrollar
otras actividades que pudieran contribuir a la pacificación
de nuestra sociedad y de nuestra patria. Somos ciudadanos,
ciudadanos sí, de este mundo, pero tenemos una fe. Una fe
que proviene de la aceptación de Cristo y esta fe ilumina
y amplia nuestra razón. Y nos hace verdaderamente libres;
somos ciudadanos que reconocemos las instituciones de nuestra
patria; somos ciudadanos respetuosos de las leyes que nos
rigen. Pero tenemos, desde nuestra fe, el compromiso de
hacer prevalecer los valores que nos han distinguido, como
familia, como comunidad cristiana. Tenemos que, con todo
respeto, hacer prevalecer los valores de la familia, del
santo matrimonio, de la vida en cualquiera de sus etapas
desde su gestación hasta su consumación natural. Todos estos
valores han dado identidad y son raíz de vida y de pujanza
de nuestra patria. Con toda naturalidad, con absoluta libertad,
con pleno respeto a los que piensan diferente, nosotros
cristianos, discípulos de Cristo, hijos de María tenemos
la oportunidad de consolidar con más convicción y con más
eficacia los valores que emanan de nuestra fe cristiana
y católica.
Aunque
hubiera, y aunque de hecho hay, muchos que no quieren que
hablemos, que no quieren que nos expresemos, que le incomoda,
que queramos hacer valer nuestra identidad cristiana y católica.
Somos ciudadanos respetosos de las instituciones, respetuosos
del marco legal, respetuosos de la pluralidad, respetuosos
de la diversidad de opiniones, pero tenemos el derecho de
consolidar más y más nuestras convicciones que emanan de
la fe y que son para vivirse en esta historia, en este mundo,
en esta sociedad.
Son
tareas que tenemos por delante, menos mal que son tareas
estimulantes, son tareas que nos renuevan y que nos animan.
Vamos confiados, hermanos y hermanas, en el amor de Dios,
nuestro Padre. Dios, cuando llegó la plenitud de los tiempos
nos envió a su único Hijo Jesucristo nacido de esta bendita
Mujer, Santa María de Guadalupe, para que nosotros fuéramos
hijos de Dios y lo somos, lo somos, nos gloriamos, reconocemos
esta gracia, la manifestamos, la celebramos, como lo estamos
haciendo hoy. Somos de verdad hijos de Dios y con la infinita
bondad de Dios manifestada en Cristo y con un rostro maternal
en Santa María de Guadalupe queremos volver a nuestra casa,
volver a nuestra tierra, volver a nuestras actividades verdaderamente
esperanzados, verdaderamente fortalecidos, renovados para
seguir viviendo nuestra vocación cristiana en medio de este
mundo, de esta sociedad y en este momento histórico que
nos ha tocado vivir, no es otro.
Pongamos,
hermanos y hermanas, sobre el altar el Pan y el Vino, pero
junto con el Pan y el Vino todos los motivos que nosotros
que nosotros queremos agradecer. Pongamos también todas
las necesidades que quisiéramos remediar. Con la gracia
de Dios y con nuestro compromiso.
Así
sea.