11
de octubre de 2010
Muy
querido señor arzobispo de Morelia Norberto Suarez Cinta.
Muy querido señor Rector Mons. Diego Monroy Ponce de quien
también haré un recuerdo personal. El estuvo presente en
mi ordenación sacerdotal en el año de 1972, por cosas de
la providencia, él era diácono y sirvió en mi ordenación
como diácono, como dar testimonio, la memoria y las fotografías
de manera que también hace muchos años somos amigos y hermanos
en el sacerdocio de Cristo. Muy queridos hermanos sacerdotes.
Y muy queridos hermanos peregrinos.
Como
cada año estamos aquí ante la imagen de la Santísima Virgen
de María Guadalupe, para cumplir la promesa que cada año
hacemos de volver el año entrante, como decían los judíos
al celebrar la pascua, hasta el año entrante en la Jerusalén
liberada, así decían.
Venimos
con el cansancio de los días y las fatigas del camino pero
por dentro con gran alegría, nos sentimos fortalecidos,
porque todo lo que hemos vivido en nuestros días, ha sido
parte de la peregrinación de la fe que María nos enseñó
a vivir desde el pesebre hasta la cruz de esta manera, escuchando
la palabra, meditándola en el corazón, perseverando en la
oración confesando la grandeza y la misericordia de Dios,
alentando nuestra esperanza del Reino, finalmente entrando
gozosos, como los peregrinos de todos los tiempos a este
Santuario lugar de la presencia del señor y casita de la
Virgen Morena. Así hemos venido recorriendo la peregrinación
de la fe de María de estos días.
Sabemos
que aquí estamos representando a nuestras parroquias, a
nuestras familias, muchas de ellas nos acompañan en este
momento y con nuestro obispo a la cabeza sentimos la presencia
de toda la iglesia diocesana, pues donde está el obispo
dice San Ignacio de Antioquia, ahí está la iglesia.
Cada
año tenemos motivaciones especiales en nuestra peregrinación,
y este año una de ellas es la celebración del bicentenario
de la Independencia de México, y centenario de la Revolución
Mexicana. Acontecimientos que no estamos celebrando solamente
desde el punto de vista patriótico, si no desde el punto
de vista de la fe.
Pues
sabemos como dice el Concilio Vaticano ll, que Jesús es
el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia
el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización,
centro de la humanidad, gozo del corazón humano y total
plenitud de sus aspiraciones. Es por eso que cuando se cumplieron
los designios divinos llegada la plenitud de los tiempos
dice San Pablo en los Gálatas, cuando se cumplieron los
designios divinos la Santísima Virgen María, entró de una
manera especial, pues no hizo tal con ninguna otra nación
dice el Papa. Y lo hizo con el único fin con que ella que
ya está en la gloria, se hace presente en el tiempo, para
darnos el fruto bendito de su vientre. Así lo comprendieron
nuestros héroes cuando tomaron el estandarte de la Virgen
de Guadalupe en los momentos decisivos de nuestra historia,
como tantos que recuerda en este año.
Como
hombres de fe, y como sacerdotes que eran, el cura Hidalgo
y el cura Morelos, fueron profundamente guadalupanos. Hidalgo
tenía con él su escapulario guadalupano todo el tiempo,
y por eso no se me hace raro que en Atotonilco tomará la
bandera con la Virgen de Guadalupe.
Morelos
proclamó a la Virgen de Guadalupe como patrona de nuestra
libertad, reglamentó el culto a la morenita y manifestó
su amor a ella en uno de los Sentimientos de la Nación.
No menos que ellos fueron guadalupanos otros de los Insurgentes;
sacerdotes algunos, laicos la mayoría. También muy guadalupanos
muchos de los revolucionarios, particularmente los del centro
por que los del norte tenían otra manera de pensar.
El
mensaje guadalupano está en el origen de la independencia
nacional. Porque en la historia de la salvación es la Mujer
de la que nació Jesús para que todos nosotros gozáramos
de la libertad de los hijos de Dios, y que no fuéramos más
esclavos de nadie.
Envió
Dios a su hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley,
para liberarnos, de toda esclavitud y darnos la posibilidad
de llamar a Dios “Abba” que quiere decir “Padre”, y así
ser hijos todos.
Ningún
mexicano puede esclavizar a otro, ni dejarse esclavizar
por otro, eso gracias a la Virgen de Guadalupe, también
estamos tan ligados a la historia de la Virgen de Guadalupe,
porque ella la Madre de Jesús, es la mujer que supo pronunciarse
por los oprimidos, los pequeños, los que tienen hambre y
sed de justicia. Derrotando a los poderosos y a los que
se creen mucho, como canto en su Magníficat, que quedo sugerido
en la lectura del evangelio.
En
esta peregrinación queremos tener muy presente la invitación
de los obispos mexicanos en su carta pastoral sobre el bicentenario,
invitación a renovar nuestra conciencia sobre la responsabilidad
que tenemos antes los desafíos, que el presente nos pone,
y a comprometernos a seguir colaborando en la construcción
de nuestra patria, con renovado ardor convencidos de que
todos debemos ser unos protagonistas de los acontecimientos,
y no solo espectadores de ellos, la carta pastoral que escribimos
los obispos de México en esta ocasión ha sido presentada
a partir del día 1º de septiembre, y se encuentra en sus
parroquias en las librerías, después de esta peregrinación
sería muy bueno que la leyeran personalmente, para así darle
un seguimiento espiritual al compromiso que significa estar
aquí ante la Virgen de Guadalupe, este día y este año.
Tenemos
otro motivo muy grande en este momento no menor que la anterior,
estamos celebrando el jubileo episcopal de los 25 años de
ministerio de nuestro querido arzobispo Alberto Suarez Silba
que entre otros motivos por este particular preside hoy
nuestra eucaristía, inicio su episcopado en Tacámbaro y
después hace 15 años está ya con nosotros en Morelia.
Jubileo
episcopal, el jubilo dice san Agustín, que es una alegría
que no puede expresar con palabras lo que siente el corazón,
y añade, se canta haya en la sierra, en la vendimia o en
algún otro trabajo intensivo, el canto con júbilo, que trabajo
más intensivo que el de un obispo, por lo que hoy nuestro
corazón canta con júbilo, y también con maestría, como dice
el salmo “cantad con júbilo y maestría”. Por ello nos inspiramos
en María que salta con júbilo, por que Dios ha hecho grandes
cosas a través de la pequeñez de su sierva. Así lo siente
don Alberto, tengo la certeza nos dice de que a través de
mi pequeñez y a pesar de mis limitaciones, el Buen Pastor
sigue manifestándose, asiéndose presente y actuando en medio
de su pueblo.
En
tanto que llega la fecha jubilar en diciembre, pedimos a
la Virgen de Guadalupe que le conserve la humildad para
que el Señor siga actuando en él y que le conceda la gracia
de la sabiduría, para verlo todo con la mirada de Dios la
bondad para amar y comprender al estilo del corazón de Jesús
que está en el centro de su escudo episcopal, y la firmeza
para conducir a sus hermanos para conducirnos por caminos
de justicia y santidad. Las exigencias de la vocación y
la misión del obispo son tantas y tan grandes como el mismo
lo confiesa que humanamente se siente abrumado muchas veces,
siente su indignidad y su impotencia para responder a ellas.
Pero
como enseña el Papa Juan Pablo ll en la exhortación sobre
los pastores del rebaño el obispo nunca está solo, es por
eso que con él los sacerdotes, las religiosas y los fieles,
asumimos ante Nuestra Reina y Madre la Santísima Virgen
de Guadalupe los compromisos que Dios nos pide en este momento
a través de los siglos de los tiempos en primer lugar contra
la violencia que impera nos comprometemos a ser participes
de la paz y en la reconciliación en todos los ambientes,
la familia el trabajo, la política, el mundo de la economía,
las relaciones sociales, no podemos seguir igual y se nos
invitaba hace un momento a cambiar a raíz de esta peregrinación.
En
segundo lugar en el combate que tenemos que librar, contra
la pobreza, nos comprometemos a esforzarnos para ser del
progreso una vocación y del bien común una prioridad sobre
el bien particular, ante la impunidad y el crimen nos comprometemos
con la justicia y los derechos humanos, ante la deficiencia
de la educación de los niños y jóvenes, queremos optar por
una educación, en el respeto y la libertad, para difundir
los valores que engrandecen a la persona y la llevan a reconocer
su dignidad y a vivir sus convicciones, empezando con los
valores religiosos, en contra de un laicismo mal entendido,
y no olvidemos que los principales educadores son los padres
de familia, la educación recae en la propia familia.
En
medio de un secularismo que busca excluir a Dios de la vida
pública y genera un relativismo moral y un utilitarismo
como criterio supremo de la verdad y del bien, nos esforzaremos
por hacer de nuestras comunidades cristianas verdaderas
escuelas de comunión de solidaridad y de una nueva cultura
cristiana, porque la fe que no se hace cultura, nos enseñan
los Papas, no se encarna, la cultura es el camino de la
fe.
Así
en esta eucaristía después de esta peregrinación asumimos
estos compromisos, y otros que personalmente cada quien
pueda sellar ante la Virgen de Guadalupe, solo respondemos
a lo que Dios nos pide hoy, solo así será verdad hoy el
doble grito que resuena, esos vivas a México, y esos vivas
a la Virgen de Guadalupe que resuenan en toda la patria,
desde que resonaron por primera vez con una sola voz en
la parroquia de Dolores, hagamos verdad esos vivas a la
patria a la Virgen, que seamos pues fieles a la Virgen de
Guadalupe, fieles a nuestra patria y fieles a nuestra condición
de ciudadanos de cristianos y católicos.
Que
así sea y nos lo conceda la Virgen de Guadalupe.
Amén.