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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Hipólito Reyes Larios, Arzobispo de la Arquidiócesis de Xalapa, en ocasión de la peregrinación de su arquidiócesis, a la Basílica de Guadalupe.

21 de abril de 2010

Muy queridos hermanos y hermanas, cuando llegamos a este Santuario Nacional, la Insigne Basílica de Santa María de Guadalupe. Todos nosotros la reconocemos, como Madre de Dios y Madre nuestra y se nos hace muy fácil decirlo, pero esto a lo largo de los siglos no fue así tan sencillo. Para reconocer que María es verdaderamente la Madre de Dios, en primer lugar se tuvo que reconocer que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre.

El Credo nos dice: creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo Único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos. Entonces, reconocemos que Él es la segunda persona de la Santísima Trinidad, Dios Hijo, pero llega el momento de la historia, como nos dice la lectura que escuchamos de la Carta a los Gálatas: cuando llegó la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley de Moisés, para liberar a los que estaba sometidos por la ley y para constituirlos, como hijos de Dios.

Entonces, Jesucristo, el Hijo de la Virgen María, engendrado por obra del Espíritu Santo en su seno, nacido de Santa María la Virgen, como dice el Credo de los Apóstoles: es verdadero Hombre. El Monseñor Guizar lo definía de una manera muy sencilla: ¿quién es Jesucristo? Jesucristo es Dios Hijo hecho Hombre. De esta manera que parece muy fácil, pero que se llevó muchísimo tiempo para llegar a esto, que nosotros ahora lo creemos con tanta sencillez y además con tanto fervor.

Al ser Jesús Hijo de la Virgen María, entonces a la Virgen se le reconoce como la Madre de nuestro Señor, como en el Evangelio, cuando visita la Virgen a su prima santa Isabel. Ella le dice: ¿cómo es que la Madre de mi Señor viene a verme? ¡qué privilegio que la Madre del Señor, que la Madre de Dios!  Sin embargo, algunos de pensadores de otros siglos decían: pues, no es nada más la mamá del Hombre Jesús, pero no es la mamá de Dios. Y nos dicen; que encontraron en Alejandría, allá en Egipto hace como un siglo una tumba de un cristiano y ahí entre las cosas que le pusieron a esta persona había un pergamino escrito en griego y que es la oración más antigua, después del Magníficat, que tiene la Iglesia y esa que nosotros también nos la sabemos, que dice así:

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios

no desprecies las oraciones

que te hacemos en nuestras necesidades.

Antes bien líbranos de todos los peligros o Virgen gloriosa y bendita.

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios.

Entonces, desde ese siglo, ya se reconocía a la Virgen como Madre de dios y posteriormente en uno de los concilios se declaro este dogma María es verdaderamente Madre de Dios. Claro algunos dicen: bueno es la Madre del Hijo Único de Dios, sería la frase completa, la Madre del Hijo Único de Dios. Y por eso la Virgen se va presentando a lo largo de los siglos, así como Madre de Dios. Cuando nosotros leemos los relatos del Nican Mopohua vemos como se dirige la Virgen a Juan Diego, ahora san Juan Diego, y le va diciendo: hijo mío, el más pequeño. Y constantemente en las apariciones le vuelve a repetir: hijo mío, el más pequeño, mira que no es nada lo que te preocupa y conturba ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿no estás por ventura en mi regazo? No te preocupes estás bajo mi cuidado. Y yo he querido este templo, ahora esta maravillosa Basílica, para dar mi amor, auxilio, defensa, ayuda. Entonces, la Virgen María es verdaderamente Madre del Hijo Único de Dios y de ahí viene también que sea Madre de todos los que integramos el cuerpo místico de Cristo, es decir: de todos y cada uno de nosotros los bautizados, que por el bautismo somos constituidos hijos de Dios y también hijos de la Virgen María.

El Papa Pablo VI en el Concilio Vaticano II hizo esta declaración: María, Madre de la Iglesia. Y eso quiere decir que es la madre del cuerpo místico de Cristo, de cada uno de nosotros que lo constituimos. Por eso nosotros con todo derecho nos dirigimos a la Virgen María, como nuestra Madre. Por eso tenemos tanta confianza y por eso nosotros lo manifestamos de muchas maneras. Lo más agradable desde luego es siempre la Santa Eucaristía, el sacrificio de su propio Hijo, que fue crucificado, muerto y sepultado y que resucitó al tercer día de su muerte. Pero también lo hacemos a través de la devoción popular, a través del rezo del Rosario, del Angelus, de las peregrinaciones, de las antorchas y de todo lo que significa la religiosidad popular. Por eso es muy importante este reconocimiento, que cuando nosotros venimos a visitar a la Santísima Virgen nosotros la veneramos, la queremos con todo el corazón. Pero sabemos que Ella siempre nos va a conducir a su Hijo, por eso esa frase que dicen: todo a Jesús por María o todo a María para Jesús. Queda también el lema del Papa Juan Pablo II, cuando él dice: Totus tuus, y en su escudo tiene una cruz que significa: Jesús. Y en la parte inferior derecha de su escudo está una “M” que significa: María. Entonces, significa: Totus tuus, todo tuyo, Virgen María para Jesús.

Tenemos eso que aprenderlo también nosotros o sea somos todos de María, pero siempre para Jesús. Nunca podemos separar a la Virgen María de su Hijo Jesucristo, a la Madre de Dios y a la Madre de la Iglesia. Entonces, nosotros estamos contentos y felices.

Hace un año no pudimos venir a la peregrinación por la crisis de la influenza y que no nos permitió hacer esta peregrinación, quiere decir que ya son dos años. Y ahora, pues, nuevamente nos presentamos y tenemos muchas cosas que agradecerle al Señor a través de la Santísima Virgen María. En primer lugar, pues, le agradecemos todo lo que va realizando en nuestras vidas. Le agradecemos que se esté promoviendo la Santidad en nuestra diócesis. Que nosotros sigamos venerando a san Rafael Guizar Valencia, al beato Ángel Dario Acosta Surita. Y que la causa del padre Juan Manuel Martín del Campo vaya caminando muy bien. En esta misma semana, el próximo viernes, allá en la catedral en Jalapa tendremos la clausura del proceso diocesano de virtudes heroicas y fama de santidad del padre Juan Manuel Martín del Campo será una celebración a las 7:00 de la noche y después se hará la clausura de este proceso. Y después, más o menos por allá por el 19 de mayo llevaremos con el padre Rafael y otros sacerdotes este proceso a Roma, para que se entregue a la congregación de las causas de los santos.

Y cuando nos ponen a santos sacerdotes es para que nosotros aprendamos; para que nosotros imitemos sus virtudes; su entrega total a Cristo y a su Iglesia. Eso es lo que nosotros tenemos que aprender. Y la santidad, también, así como la influenza es contagiosa pero si vemos testimonios valiosos, si todos luchamos por corresponder a la gracia de Dios, que ella es la que nos transforma y va realizando maravillas.

En parte de nuestro seminario también hemos caminado en un trabajo de mayor unidad, también dentro de poquito se hará la colecta de nuestro seminario, ahora de una manera más general y ciertamente con la autonomía que se tiene en esta querida institución, donde no solamente están los seminaristas de nuestra arquidiócesis, sino también de las queridas Diócesis de Córdoba y Orizaba. Entonces, le damos gracias a Dios por todo este trabajo de varios años de la Pastoral Vocacional y de nuestro Seminario.

En el campo pastoral tenemos nosotros ahora, después de varios meses de reflexión lo que llamamos la iniciación cristiana de adultos y es que nos damos cuenta que todos necesitamos, y especialmente los que están más distantes de la participación en las ceremonias litúrgicas y en la Iglesia, pues, necesitamos una mayor evangelización. Lo que decía el Papa Juan Pablo II: una nueva evangelización con más ardor, con nuevas expresiones, con nuevos métodos. Eso es entonces lo que estamos tratando valorando todo lo que tenemos en los distintos movimientos y en las distintas pastorales en el Camino Neocatecumenal y en cada una de las asociaciones que tradicionalmente y la Acción Católica, que gracias a Dios han sido de tanto fruto, para nuestra Iglesia.

En el campo pastoral también hemos promovido lo referente al Plan Diocesano de Economía. Y también se han fijado lo que llamamos los aranceles y estipendios pensando siempre en aquellos que más necesitan y no exagerando en lo que se va pidiendo en cada una de las celebraciones o en la celebración de los sacramentos. Sino considerando que lo que se ha dado gratuitamente, pues, hay que ejercerlo así, pero se necesita también todo un planteamiento de sostenimiento de la iglesia, del culto y también de los sacerdotes. Y por eso mismos se ha trabajado arduamente en eso.

Dios nos ha bendecido también con varios problemas. A mí me llama la atención cuando sale en el Libro de los Hechos de los Apóstoles y dice: que los apóstoles después de ser despreciados, de sufrir, dice: que salieron felices alabando a Dios de poder haber padecido por Cristo. Creo que es algo que también nosotros tenemos que aprender bien; que todos los padecimientos que nos vengan, si lo hacemos en Cristo nos alegran y un caso concreto ha sido; la situación del padre Rafael Muñiz, que todavía no termina él está ahora libre bajo fianza, pero se está siguiendo el proceso y tenemos ciertos temores de que se sigan buscando cosas que no existen. Es decir; pruebas que realmente no se pueden manifestar.

Y por eso yo les quiero pedir a todos y cada uno de ustedes, que continuemos con la oración. Hemos tenido también, pues, algunas otras situaciones que nos agobian, algunas situaciones de problemáticas, de dificultades y por lo mismo, pues, tenemos que mantenernos siempre unidos en la oración y en la repuesta a la gracia de Dios.

Que el Señor nos conceda seguir caminando, como arquidiócesis, como una porción del pueblo de Dios feliz de servir al Señor, de amarlo con todo el corazón. Y que nos haga crecer también entre nosotros el amor fraterno de tal manera que nos preocupemos sinceramente unos por otros y que veamos el bien de los más necesitados.

Que santa María de Guadalupe siga siendo la Reina de México y de cada uno de nosotros. que la reconozcamos siempre, como Madre de nuestro Señor Jesucristo y Madre nuestra. Y que la devoción nosotros  la manifestemos todos los días, ya sea en la Eucaristía lo más preciado, ya sea en el rezo de Rosario en familia o en comunidad o ya sea también el rezo del Angelus. Que fueron de las devociones que más nos recomendó el Papa Pablo VI.

Pues, que el Señor nos bendiga y nos conceda caminar en su presencia conducidos por nuestro Señor Jesucristo  y con el amor de santa María de Guadalupe.

Que así sea.

 
 
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