12 de julio de 2010
Muy querido Vicario General
Mons. Joaquín Vázquez Ávila, muy queridos miembros de presbiterio.
Tenemos la alegría de que nos acompañen, verdad, los que han
venido desde Yucatán, y el Padre Mario que nos recibe aquí,
como Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia.
Y saludamos a todos, como ya lo habíamos hecho al principio.
Hermanas y hermanas, provenientes,
en primer lugar de Yucatán, también los del coro son de Yucatán
bendito sea Dios. Y las personas venidas o de otros lugares
de la República o de otros países. Seamos todos bienvenidos,
acogidos a las plantas de la Santísima Virgen de Guadalupe.
Ella que quería que esta fuera la casita a la que vinieran
todos sus hijos para abrirles su corazón y Ella escuchar sus
necesidades y salir al paso de resolver sus asuntos y problemas.
Queridísimos hermanos, en la
fidelidad de hijos llenos de gratitud, cumplimos un año más
con el compromiso de peregrinar hasta los pies de la Santísima
Virgen María, en su advocación de nuestra Señora de Guadalupe,
en este día fijado anualmente, para el encuentro de los hijos
de la Arquidiócesis de Yucatán con la Emperatriz de América.
¡Qué bueno que cada uno de
ustedes pudo acomodar sus compromisos, sus tareas de sus vidas
ordinarias, cotidianas, el esfuerzo económico para llegar
a este cerrito del Tepeyac con el corazón amplio, grande,
agradecido y suplicante! Dejamos ante la tilma milagrosa nuestras
oraciones, nuestras súplicas depositadas en esta bendita tilma
de nuestra Madre del cielo. Ella que quiso inculturarse de
una manera tan extraordinaria de tal manera que decían los
misioneros, que desde 1531, cuando son las apariciones los
indígenas de estas tierras venían miles y miles a pedir ser
bautizados. El gran milagro de la Inculturación de María y
de la misionariedad de esta bendita imagen de nuestra Señora
de Guadalupe.
Todos, seguramente, llevamos
en nuestros corazones las muchas bendiciones recibidas por
la maternal intercesión, en el silencio profundo de nuestro
corazón pidámosle también perdón por las veces en que no hemos
podido o querido estar a la altura de su inigualable bondad.
Las personas, decía recientemente el Papa Benedicto: necesitan
hoy ser llamadas de nuevo al objetivo último de su existencia,
reconocer que en su interior hay una profunda sed de Dios.
Necesitamos, decía el Santo
Padre: tener la oportunidad de enriquecernos del pozo de
su amor infinito. Es fácil ser atraídos por las posibilidades
casi ilimitadas que la ciencia y la técnica ofrecen. Es fácil
cometer el error de creer que se puede conseguir con nuestros
propios esfuerzos saciar las necesidades más profundas.
Ésta es una ilusión. Sin Dios, el cual nos da lo que nosotros
por sí solos no podemos alcanzar,
nuestras vidas están realmente vacías. Necesitamos ser llamados
continuamente a cultivar una relación con Cristo, que ha venido
para que tuviéramos vida y una vida en abundancia.
EL AÑO SACERDOTAL
El
Año Sacerdotal concluyó recientemente en la solemnidad del
Sagrado Corazón de Jesús,
me dio mucho gusto que un buen grupo de sacerdotes yucatecos,
según tengo presente unos 22 pudieron estar en Roma en esa
misa de 15,000 sacerdotes concelebrando con el Santo Padre
Benedicto XVI. La Iglesia Católica cuenta ahora con cerca
de 408.024 sacerdotes distribuidos en los cinco continentes.
Este número parece un número muy grande, pero lo vemos que
se reduce en la proporcionalidad con los más de 1100 millones
de católicos, como decía muy bonito una intervención del Cardenal
Marc Ouellet, que hasta hace poco
era Arzobispo de Quebec y ahora ha sido nombrado por el Santo
Padre, Prefecto para la Congregación de los Obispos, y él
decía: más de 400, 000 sacerdotes, pero un solo sacerdote
que es Jesucristo. Necesitamos, pues, que el único mediador
de la Nueva Alianza; Aquel que presentó sus súplicas y plegarías
con fuertes fritos y lágrimas; Aquel que podía salvarlo
de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
En efecto, queridos hermanos,
el sacerdote es un don, un regalo del Corazón de Cristo: un
don para la Iglesia y para el mundo. Del Corazón del Hijo
de Dios, desbordante de caridad, proceden todos los bienes
de la Iglesia, y en él tiene su origen la vocación de esos
hombres que, conquistados por el Señor Jesús, lo dejan todo
para dedicarse totalmente al servicio del pueblo cristiano,
siguiendo el ejemplo del Buen Pastor. El sacerdote queda plasmado
por la misma caridad de Cristo, por ese amor que le llevó
a dar la vida por sus amigos y a perdonar a todos sus enemigos.
Por este motivo, los sacerdotes son los primeros obreros de
la civilización del amor. Y en este sentido, pienso en tantos
modelos de sacerdotes, conocidos y menos conocidos, algunos
elevados ya al honor de los altares; en otros casos, su recuerdo
permanece indeleble en los fieles, y quizá en una pequeña
comunidad parroquial,
pero que conserva con grande cariño, con grande gratitud el
recuerdo de todo el bien que un sacerdote de manera sencilla,
humilde aparentemente desapercibida hizo el favor de aquella
comunidad.
En la oración, el sacerdote
está llamado a redescubrir el rostro siempre nuevo del Señor
y el contenido más auténtico de su misión. Solamente quien
tiene una relación íntima con el Señor, podrá llevarlo a los
demás y podrá ser enviado. Se trata de un “permanecer con
Él” “de permanecer en Él” y acompañar siempre el ejercicio
del Ministerio Sacerdotal; debe ser la parte central, sobre
todo en los momentos difíciles, cuando parece que el trabajo
apostólico debe tener la prioridad. Donde estemos, en cualquier
cosa que hagamos, debemos “permanecer siempre con Él.”
LAS VOCACIONES SACERDOTALES
El Año Sacerdotal que ha concluido
debe provocar una grande humildad, confianza y gratitud en
una perspectiva de fe. La Iglesia no puede vivir sin el don
del sacerdocio, como se dice muy bien, verdad: sin sacerdotes
no hay Eucaristía. Eso lo decía el santo Cura de Ars:
sin sacerdotes no hay Eucaristía. Es por necesario
pedirle a Dios con intensidad e insistencia, y de ahí la necesidad
de continuar orando por nuestros sacerdotes y por el aumento
de las vocaciones sacerdotales.
Hoy más que nunca debemos permanecer
unidos en oración. Porque la primera forma de testimonio que
suscita vocaciones es la oración,
como nos muestra el ejemplo de santa Mónica, madre de san
Agustín, que suplicando a Dios con humildad e insistencia,
obtiene la gracia de ver volverse cristiano a su hijo Agustín,
el cual escribe: “Sin duda creo y afirmo que por sus oraciones
Dios me ha concedido la intención de no anteponer, no querer,
no pensar, no amar otra cosa que la realización de la verdad. Invito,
por tanto, a los padres de familia a rezar, para que el corazón
de sus hijos desde ahora se abra germen de vocación... se
convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de
la Iglesia y de toda la humanidad”. Porque la oración
es el primer testimonio que suscita vocaciones. Decía muy
bonito un Papa: ¿cuánto amas a tu pueblo? ¿cuánto oras
por él? como que hay una relación muy estrecha, verdad,
entre el amor al pueblo que se sirve y la oración del servidor.
Hoy más que nunca, pues, debemos
permanecer unidos en la oración, como decía san Agustín, verdad,
por ella se me concedió esta gracia. Por eso invito
a todos a rezar para que el corazón de sus hijos se abra a
la escucha del Buen Pastor y hasta el más pequeño germen de
vocación se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos
para el bien de la Iglesia y toda la humanidad. La oración,
pues, es el primer testimonio que suscitan nuevas vocaciones
con el ansia, con el deseo, con la decisión de consagrarse
a Cristo en el Ministerio Sacerdotal.
Todo presbítero, todo consagrado,
toda consagrada, fieles a su vocación, transmiten la alegría
de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder
a la llamada universal a la santidad. Este año, queridos hermanos,
hemos tenido estudiando en Roma a 13 personas de los cuales
son 6 sacerdotes, y tenemos también a un padre trabajando
en la Congregación para los Obispos y otro padre trabajando
en el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede. Y ahorita el padre
Fermín, que es el diplomático, está en Burkina Faso, los tenemos
presentes también en nuestra plegaría de esta mañana. Por
tanto, para promover las vocaciones específicas al ministerio
sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso
e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo
de todos los que ya han dicho su "sí" a Dios y al
proyecto de vida que Él tiene sobre cada uno.
El testimonio personal, hecho
de elecciones existenciales y concretas, animará a los jóvenes
a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro.
Para ayudarles es necesario el arte del encuentro, del diálogo
capaz de iluminarlos y acompañarlos, a través sobre todo de
la ejemplaridad, de la existencia vivida como verdadera vocación.
Así lo han hecho tantos Santos
en la historia de la Iglesia, sobre todo con el testimonio
de su vida, de su ejemplo aprendían los fieles a orar.
Por eso, queridos hermanos, quería también ofrecerle a la
Santísima Virgen María un decreto que hemos querido hacer,
como provincia de Yucatán, o sea la Diócesis de Tabasco, Campeche,
Yucatán y la Prelatura de Cancún Quintana Roo, que para nosotros
el Prelatura de Cancún- Chetumal. Un decreto en el que les
pedimos al roll de 300 parroquias de toda la provincia, que
ojala a partir de septiembre en todas las parroquias cada
semana haya estudio de Biblia, haya estudio del catecismo
de la Iglesia Católica y haya estudio del Compendio de la
Doctrina Social. Biblia, Catecismo, Compendio, que todas las
parroquias de una o de otra, manera naturalmente pediremos
a los presiden, aquí está el Padre Sanat que coordina el equipo
de pastoral social de toda la provincia, que preparen un poquito
instrumentos que nos ayuden, precisamente asimilar mejor,
en el caso de él, el comprendió de la Doctrina Social de la
Iglesia. Lo mismo le pedimos al Padre Juan Pablo Mau con respecto
al CEBEC y a todo lo de la cuestión catequética y lo mismo
a las comisiones respectivas de Biblia de la provincia. De
manera que Biblia, Catecismo, Compendio, los tres grandes
libros de que son una joya, obviamente la Biblia, pues, es
para toda la humanidad, pero el Catecismo ya Compendio para
nosotros los católicos que no los hemos conocido, apreciado,
valorado, estudiado, asimilado suficientemente. Así que llévense
también esto en sus mentes: Biblia, Catecismo, Compendio.
CONCLUIMOS
Oh María, llena de gracia,
preservada de todo pecado desde el primer instante de tu concepción,
abogada de gracia y ejemplo de santidad, intercede por nosotros
ante tu Hijo, para que seamos santos e irreprochables a sus
ojos, por el amor, acogiendo y celebrando el don de la vida
humana, desde su concepción hasta su término natural.
Madre Santísima de Guadalupe,
que descendiste al Tepeyac para entregarnos a tu Hijo, te
has dado como Madre y nos acoges en tu regazo, recíbenos y
derrama sobre nosotros todo tu amor, compasión, auxilio y
defensa.
Ayúdanos a escuchar a tu Hijo
Cristo Jesús, a seguirlo como discípulos perseverantes y anunciarlo
como ardorosos misioneros. Con tu intercesión, queremos profundizar
en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por caminos
de justicia y de paz. Esto hay que pedírselo mucho a nuestro
Señor por intercesión de la Virgen María, porque hemos pasado
una etapa, y la seguimos pasando, delicada, compleja de nuestra
querida patria México.
María, Madre Buena, queremos
caminar contigo y crecer en la esperanza que nos lleva a vivir
cada día en tu presencia, para celebrar gozosos el fruto bendito
de tu vientre, Jesús.
Amén.
Notas