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Homilía
pronunciada por Mons. José de Jesús Martínez Zepeda, Obispo de la Diócesis de Irapuato, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

8 de octubre de 2010

Queridos hermanos presbíteros y diáconos, hermanas y hermanos de la vida consagrada, hermanas y hermanos todos en el Señor.

Ustedes, queridos hermanos, que peregrinaron a pie, salieron de Salamanca, Gto., el día 28 de septiembre y han caminado en un clima de esperanza, para alcanzar hoy, 8 de octubre, las plantas de la Virgen Santa María de Guadalupe, en su Basílica en la colina del Tepeyac. Sé que han vivido estas jornadas en un clima de misión evangelizadora, con el anuncio del mensaje fundamental de la salvación o "kerigma", para promover la conversión personal y la superación en la vivencia de la vida cristiana. Han participado en la celebración de la Eucaristía, la adoración del Santísimo Sacramento, el rezo del santo rosario y de otras devociones.

Han venido en representación de la Diócesis de Irapuato, trayendo las esperanzas, proyectos, trabajos, fatigas, penas, lágrimas y peticiones de todos. Además te traen cada uno sus propias peticiones y sus propios proyectos. En Chapa de Mota, Mex., como obispo de la diócesis, me uní al grupo de familias que llegaron para participar en la Eucaristía que presidir para saludar y compartir un momento largo con sus familiares y amigos antes de que estos afrontaran las etapas finales de la peregrinación, que transcurrió felizmente sin incidentes que lamentar y con una participación de peregrinos en aumento. Los presbíteros Efrén Castillo y Bernardo Guillén los han acompañado, caminado todo el trayecto. Otros presbíteros y uno de nuestros diáconos los visitaron en otros momentos.

Queremos ofrecer esta mañana al Señor, en presencia de la Virgen María, nuestros principales proyectos: En primer lugar la revisión trienal de nuestro plan de pastoral, que hemos emprendido con evaluaciones en cada parroquia y asambleas de decanato. En la Asamblea  diocesana de noviembre habremos de concluir con el anhelado enriquecimiento y ajuste del plan después de este tiempo de puesta en práctica. 2.- La apertura a horizontes más amplios de nuestro plan hacia aquellos grupos fuera de nuestro alcance, hasta ahora, con la organización de nuestra estructura diocesana. Por el momento se trata de contactar, orientar y formar a dirigentes en el ámbito de los empresarios, las universidades, los participantes en la política, y algunos grupos de trabajadores. 3.- El proyecto educativo del Seminario. Hasta ahora hemos atendido la preparación de los futuros profesores y esperamos que para agosto del 2012 tengamos una base de 14 presbíteros, con posgrado en diversas especialidades de la Teología, obtenidos en Roma y en la Universidad Pontificia de México. Estamos comprometidos con la construcción física del Seminario, en su etapa de teologado y estamos trabajando en el plan de formación con el objetivo de adaptar a la Diócesis de Irapuato, la Ratio Institutionis Sacerdotalis Mexicana, es decir: el Reglamento de formación sacerdotal que rige en México, adaptado a la Diócesis de Irapuato.

Esta mañana se han unido a nuestra concelebración otras comunidades parroquiales que han venido en autobuses acompañados de sus presbíteros, párrocos, vicarios a unirse a este momento ante la mirada maternal de nuestra Madre Santísima de Guadalupe.

JUZGAR

Somos conscientes de que la religiosidad popular es una riqueza en nuestra Iglesia, con todas estas ricas manifestaciones, en concreto con esta hermosa peregrinación, pero no basta para la autenticidad de la vida cristiana. Es necesario que la fe la enriquezca y la purifique. La fe ha de profundizar la raíz de la vida cristiana y darle consistencia para afrontar los retos y los desafíos del mundo contemporáneo. La fe es una opción fundamental y radical por Cristo, capaz de orientar y organizar la vida entera, prefiriendo a Cristo siempre y de inmediato, aún ante los afectos más significativos, el padre, la madre, la esposa o esposo, los hijos, etc. En el pasaje que ha sido proclamado San Lucas añade una comparación entre el demonio y Jesús.

Si éste es fuerte, Jesús es más fuerte (v 21-22). El resto del pasaje indica que el ser humano se encuentra con respecto a Jesús, frente a una decisión definitiva, en la que no debe mirar hacia atrás. En la primera lectura, San Pablo nos enseña que Cristo haciéndose "maldición" según la ley nos libró de la sentencia condenatoria de la ley y es para nosotros fuente de bendición (Gal 3, 13-14; cfr. 4, 5 ss).

La fe lleva al servicio fiel de Dios y de los hermanos. Por consiguiente, comprometámonos con decisión, en llevar a cabo nuestro plan de pastoral con toda fidelidad, dentro de la creatividad e impulso que concede a cada uno el Espíritu Santo, para unirnos así al proceso evangelizador de la Iglesia Universal en el espíritu de la Misión Continental. Esta evangelización renovada nos permitirá ser en verdad hijos de Abraham. Lo que el profeta anunció a Abraham, lo que Dios prometió Abraham, que sería bendecido en las futuras generaciones. Pues, quienes profesamos esta fe somos los verdaderos hijos de Abraham. Por tanto seamos estos hijos de bendición, renovando nuestra fe, convirtiéndonos en mejores discípulos y misioneros.

Que crezca y se robustezca en la audacia de conquistar nuevas metas, nuestro renovado espíritu misionero. No desistamos de orar y trabajar por las vocaciones sacerdotales, su desarrollo y maduración en un proceso de austeridad y entrega.

Que la Virgen María de Guadalupe, patrona de nuestra libertad, sin cuya presencia no puede entenderse nuestra identidad de mexicanos, nos cubra con su manto y nos proteja siempre.

Así sea.

 
 
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