30
de julio de 2010
¿Quién
soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?
Mis
queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, queridos religiosos,
religiosas, hermanos y hermanas todos en el sacerdocio bautismal
de Cristo nuestro Señor.
En
el inicio de la misa hablaba yo de dos circunstancias particulares
que rodean esta nuestra peregrinación anual de la Diócesis
de Nuevo Laredo: la circunstancia de la violencia generalizada
en nuestra patria y en particular de nuestra diócesis. Ahí
en la ciudad de Nuevo Laredo son constantes los enfrentamientos,
la gente ya tiene temor muchas veces de salir a la calle,
pero quizá los momentos más difíciles de este episodio no
se han vivido precisamente dentro de la ciudad dentro de
otros lugares, por ejemplo: en Nueva Guerrero y Ciudad Miel.
El
domingo de Ciudad Miel no se celebraron misas, solamente
una con la presencia de 30 personas. Toda la noche había
habido el ruido de las bombas y de las balas. La gente estaba
asustada una población de por sí diezmada, queda aproximadamente
el 30% de la población en el pueblo. Todos los demás se
fueron ¿estos por qué se quedaron? se quedaron por que quizá
no tienen a dónde ir, no tienen una casa, un lugar, en otro
lugar de México, en otro lugar en Estados Unidos por se
han quedado, pero llenos de temor, llenos de pánico. Así
es que la intensión de orar por la paz hoy más que nunca
debe estar muy presente en todo México y en particular en
nuestra diócesis.
Venimos
con María; Reina de la paz, para que Ella interceda por
nosotros. Hablaba también de la circunstancia de los damnificados
por el Huracán Alex en nuestra diócesis y en toda nuestra
provincia ¿cuántos hermanos nuestros damnificados? Fíjense,
que esto ha hecho brotar el bien, porque los malos suelen
hacer mucho ruido, el bien no hace ruido. Sin embargo, ahora
afloró el bien y mucha gente de bien salió para dar la mano
a sus hermanos y todavía vamos a ver llegar más ayuda venida
de todos los rincones de México a favor de nuestra diócesis
y a favor de toda la provincia de Monterrey, porque todas
las diócesis son damnificadas a causa de este huracán.
Venimos,
también, con nuestra Señora representando a esos hermanos
damnificados que no pudieron acompañarnos, venimos a pedirle
por ellos, que los fortalezca, que les de esperanza y que
a todos los demás nos dé una gran caridad, para con nuestros
hermanos.
Hay
otra circunstancia particular de este año 2010, que no he
mencionado, y es que estamos en el año del Bicentenario
de la Independencia y Centenario de la Revolución. Sabemos
bien, como el señor cura Don Miguel Hidalgo, llamado padre
de la patria, convocó a la insurrección llevando, como primera
bandera nacional el estandarte de la Santísima Virgen de
Guadalupe, este estandarte unificó a nuestros hermanos en
el pasado, para luchar por su libertad, por su Independencia.
Hay
que considerar, también, que el otro grupo, los que defendían
la colonia, los que defendían el dominio español también
eran católicos, también eran hijos de María. Ellos se amparaban
bajo el auxilio de nuestra Señora del Pilar y de otras imágenes
de Santa María veneradas en España. Como es posible que
los hermanos se enfrenten unos con otros llevando la imagen
de la misma Madre aunque en distintos retratos, pero se
trata de la misma Madre. Quizá por eso los franciscanos,
cuando evangelizaron el noreste del país, y particularmente
Tamaulipas, no quisieron llevar la imagen de una Virgen
que pudiera causar división en el pueblo, a ellos se les
ocurrió llevar la imagen de nuestra Señora del Refugio.
Y es por eso que todo Tamaulipas está dedicado a nuestra
Señora del Refugio, pero sabemos que también Ella es la
Virgen María, la Madre de Dios.
En
todo caso, especialmente las mamás aquí presentes, podrán
entender y darme la razón. Aunque quieran por igual a todos
sus hijos, traen más presente en su mente y en corazón a
su hijo que sufre; al que no tiene trabajo; al que está
separado de su esposa; de su esposo; al que tiene cualquier
otro tipo de problema; al que está enfermo, lo traen ustedes
muy presentes, los quieren a todos, pero el corazón se va
inmediatamente con el más pequeño, con el más pobre, con
el más necesitado de su cariño maternal.
Bueno,
pues, así es también la Santísima Virgen María, como es
la Iglesia y como era Cristo. El Espíritu del Señor está
sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado a llevar la
Buena Noticia a los pobres, bueno ¿y los demás qué?
que los demás también vengan a favor de los pobres. El Evangelio
también es para ustedes, pero vénganse junto con Jesús,
junto con la Iglesia, junto con María, vénganse, unámonos
todos a favor de los pobres. Claro los pobres de espíritu
son aquellos que aún teniendo abundancia material son sencillos
en su corazón; pobres de espíritu porque reconocen que todo
lo que tienen lo han recibido de Dios; pobres de espíritu
porque aquello que tienen no lo guardan celosamente, sino
lo comparte con los demás, especialmente con los más necesitados.
Así es nuestra Señora de Guadalupe vino presurosa al Tepeyac
para proteger, para alentar, para estar cercana a los más
pobres, a los más pequeños que eran los indios conquistados.
Esa fue su actitud siempre y lo es hasta ahora.
Escuchamos
en el Evangelio, como fue presurosa a la montaña porque
Isabel la estaba necesitando. Isabel se asombró: ¿quién
soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme? Y nosotros
los mexicanos seguimos todavía sorprendidos y diciendo:
¿pero quiénes somos nosotros para que María haya puesto
su mirada sobre nosotros, sobre este pueblo? Seguimos siendo
de alguna forma los consentidos de la Santísima Virgen María
y esto nos compromete para ser dignos hijos de María de
Guadalupe, y al igual que Ella ir presurosos al auxilio
de los necesitados; ir presurosos con los más pequeños,
con los más pobres de nuestro pueblo. María está con
nosotros. Pueblo que sigue siendo duramente golpeado
en muchos sentidos, ahora también golpeado por el crimen
organizado. María está con todos los levantados, con todos
los desaparecidos. María está fortaleciendo a estos hijos
e hijas de las Iglesia, que sufren por los secuestros que
son víctimas, pero María está también con las familias que
sufren terriblemente a causa de no tener noticia de sus
seres queridos. María está con nosotros, María está con
los que sufren, María también está cercana a aquellos que
ejercen la violencia y está como una Madre insistente con
sus hijos que se portan mal: conviértete, arrepiéntete,
cambia de vida, muchos hijos de María no la escuchan, algunos
usan su imagen, como un símbolo de protección, como un amuleto
de buena suerte, pero María no los va a proteger para el
mal. María no va a escuchar esas oraciones, María quiere
la conversión de todos los que se han dedicado al mal. María
los llama a la conversión, está con ellos pero para jalarlos
hacia Cristo, para convertirlos hacia el bien y está con
los que sufren para darles fortaleza y esta con los demás
para darnos compromiso con los necesitados.
¿Qué
difícil es entender el dolor de otros mientras nosotros
mismos no hemos sido tocados en ninguna forma? Que el Señor
nos dé la sensibilidad de la Santísima Virgen María, para
ser solidarios y trabajar todos por la paz, trabajar todos
por los damnificados, trabajar todos a favor de los más
necesitados.
Continuemos,
pues, esta Eucaristía pidiéndole al Señor no solamente por
las necesidades que cada quien trae en lo personal, no es
necesario siquiera que lo menciones el Señor ya sabe que
lo que necesitas. Pidámosle ante todo que nos haga dignos
hijos de Santa María de Guadalupe, que unidos para el bien
nos manifestemos, como hombres y mujeres de paz, como hombres
y mujeres al servicio de la justicia, como hombres y mujeres
al servicio de los necesitados.
Que
así sea.