Hoy al inaugurar
estas Instalaciones CENTRO DE PASTORAL del Santuario de Santa
Maria de Guadalupe, me vienen a la mente las palabras que
un hermano Canónigo, muy ilustre y querido, me entregó recién
llegado a formar parte del Venerable Cabildo de este Santuario,
Monseñor José Luis Guerrero quien escribía:
“En cuanto a qué es un Santuario
y a los elementos jurídicos y canónicos de nuestra Basílica,
no hay la menor dificultad para responder, ya que lo tenemos
todo en el Libro IV: "Misión de Santificar de la Iglesia",
Capítulo III, cánones 1230 a 1234 de nuestro actual Código
de Derecho Canónico, en donde se nos detalla lo que es, y
lo que debe hacer, a saber.......
En cuando a lo jurídico y canónico nada más hay que añadir,
en el caso concreto de nuestro Santuario de SANTA MARIA DE
GUADALUPE, es riquísimo el conjunto de particularidades históricas,
teológicas y pastorales que lo hacen tan único en la Iglesia,
y que conviene que tengamos siempre presentes.
En
primerísimo lugar hay que asentar que lo "único"
no le viene porque sea exclusivo o diferente, sino por el
maravilloso don de Dios que llamamos el "Acontecimiento
Guadalupano". Captar sus consecuencias y las responsabilidades
que al presente implica para nosotros, es necesario no perder
de vista que no es algo aislado en la historia del sorprendente
trato de Dios con la humanidad, se trata quizá del más bello
episodio, de toda la historia de la relación de Dios con nosotros.
Nuestro "Acontecimiento
Guadalupano" no está aislado: es el sublime episodio
de la relación de Dios y el hombre que arranca desde la creación.
Nuestro Acontecimiento Guadalupano no amplía ni cambia la
Revelación que está ya completa y consumada, pero sí la aclara
y adapta. Evocando y parafraseando a San Pablo en su carta
a los Gálatas (4, 4-6):
"...cuando
vino la plenitud de los tiempos de nuestro Continente, envió
Dios desde el cielo, a su propia Madre, la mujer de la que
El había nacido..., para rescatar a los que estaban sometidos
a la limitación de la antigua ley, a fin de que recobrásemos
la filiación adoptiva, Y, pues somos hijos, la envió Dios
desde el cielo, a nuestros corazones, por el Espíritu de
su Hijo, el cual clama: Madre, Madrecita, Señora y Niña nuestra..."[1].
Ella es nuestra Madre compasiva,
nuestra y de todos los que en esta tierra estamos y de las
demás variadas estirpes de hombres, los que a Ella clamemos,
los que la busquemos, los que en Ella confiemos, porque aquí
quiere estar para; “escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza,
para remediar, para curar todas nuestras diferentes penas,
miserias y dolores.” (Nican Mopohua vv. 27-31).
Esto, pues: mostrar a
su Hijo, manifestar su amor, compasión, auxilio, protección...
escuchar el llanto, la tristeza, remediar y curar todas las
diferentes penas, miserias y dolores, (Nican Mopohua vv.
27-31), donde más literal y cabalmente podemos hacerlo, los
que tenemos el privilegio de servir en este Santuario, es
en el servicio directo al nuestros hermanos peregrinos.
Hoy
se iniciamos una nueva página más del Acontecimiento Guadalupano,
que Santa María de Guadalupe nos permite escribir en el cruce
de sus manos, hoy bendecimos las instalaciones de este CENTRO
DE PASTORAL, que intenta ser un instrumento del amor de María,
para coordinar las acciones pastorales en bien de quienes
llegan a este Santuario. Este edificio remodelado, lleva en
el interior su corazón, el trabajo, la fatiga, los desvelos,
de tantos hermanos y compañeros nuestros que han laborado
aquí, para su acondicionamiento, ahora nos toca a nosotros,
los diversos Agentes de Pastoral de Santuario, darle vida,
desde el corazón mismo de María Santísima que recibe a todos
como sus hijos.
Gracias
Monseñor Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de
Guadalupe, Rector del Santuario, por su visión y empuje pastoral,
un sueño cobra realidad hoy, como muchos que han nacido de
su corazón de Padre y Pastor. Gracias Monseñor Diego, hoy
nos queda el compromiso de responder a lo que Nuestra Madre
Niña y Señora nos pide, ser discípulos y misioneros-testigos
de Jesucristo, para que nuestro hermanos peregrinos tengan
en Él vida. Hoy la Pastoral de la Iglesia
en su triple ministerio o función sacerdotal, mediante el
cual la Iglesia se constituye y crece, de acuerdo a la voluntad
de Cristo PASTOR, aquí se hace presente, deseamos cumplir
con la voluntad salvífica y universal de Dios, en la Áreas
de Pastoral: Profética, Litúrgica, Socio-Caritativa.
Hoy estando los coordinadores
de Área y colaboradores presentes queremos colocarnos al amparo
de nuestro Niña y Señora, y depositar en los humildes ayates
de nuestras vidas las rosas que hoy recibimos de nuestra Madre:
sus rosas, signo de su amor, y que serán esos signos del servicio
pastoral hacia nuestros hermanos. Grandes retos nos quedan por delante: específicamente,
la formación de nuestros Agentes de Pastoral en el Santuario,
y la implementación integral de la acción pastoral especifica
de atender al peregrino.
Deseo con su anuencia, Monseñor Diego, abocarnos
integralmente a renovar la formación humana, doctrinal y espiritual
de nuestro agentes y hermanos empleados en el Santuario y
potenciar adecuadamente los núcleos de atención al peregrino
en el Recinto Guadalupano, como son: las Tiendas del Encuentro,
la atención y preparación de las peregrinaciones, y la atención
sacerdotal y diaconal al peregrino.
Hoy sólo nos queda responder como nuestro
hermano, san Juan Diego, a Nuestra Señora y Niña: Voy a
cumplir tu encargo Niña y Señora. Gracias Monseñor Diego
por permitirnos esta oportunidad de servir en el nombre y
con el amor tierno de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe.