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Palabras de Mons. Jorge Palencia, Vice- Rector y Coordinador General de la Pastoral, durante la Inauguración del Centro Pastoral del Santuario de Santa María de Guadalupe.

27 de mayo de 2007

Hoy al inaugurar estas Instalaciones CENTRO DE PASTORAL del Santuario de Santa Maria de Guadalupe, me vienen a la mente las palabras que un hermano Canónigo, muy ilustre y querido, me entregó recién llegado a formar parte del Venerable Cabildo de este Santuario, Monseñor José Luis Guerrero quien escribía:

“En cuanto a qué es un Santuario y a los elementos jurídicos y canónicos de nuestra Basílica, no hay la menor dificultad para responder, ya que lo tenemos todo en el Libro IV: "Misión de Santificar de la Iglesia", Capítulo III, cánones 1230 a 1234 de nuestro actual Código de Derecho Canónico, en donde se nos detalla lo que es, y lo que debe hacer, a saber.......   

En cuando a lo jurídico y canónico nada más hay que añadir, en el caso concreto de nuestro Santuario de SANTA MARIA DE GUADALUPE, es riquísimo el conjunto de particularidades históricas, teológicas y pastorales que lo hacen tan único en la Iglesia, y que conviene que tengamos siempre presentes.

En primerísimo lugar hay que asentar que lo "único" no le viene porque sea exclusivo o diferente, sino por el maravilloso don de Dios que llamamos el "Acontecimiento Guadalupano". Captar sus consecuencias y las responsabilidades que al presente implica para nosotros, es necesario no perder de vista que no es algo aislado en la historia del sorprendente trato de Dios con la humanidad, se trata quizá del más bello episodio, de toda la historia de la relación de Dios con nosotros. Nuestro "Acontecimiento Guadalupano" no está aislado: es el sublime episodio de la relación de Dios y el hombre que arranca desde la creación. Nuestro Acontecimiento Guadalupano no amplía ni cambia la Revelación que está ya completa y consumada, pero sí la aclara y adapta. Evocando y parafraseando a San Pablo en su carta a los Gálatas (4, 4-6):

"...cuando vino la plenitud de los tiempos de nuestro Continente, envió Dios desde el cielo, a su propia Madre, la mujer de la que El había nacido..., para rescatar a los que estaban sometidos a la limitación de la antigua ley, a fin de que recobrásemos la filiación adoptiva, Y, pues somos hijos, la envió Dios desde el cielo, a nuestros corazones, por  el Espíritu de su Hijo, el cual clama: Madre, Madrecita, Señora y Niña nuestra..."[1].

Ella es nuestra Madre compasiva, nuestra y de todos los que en esta tierra estamos y de las demás variadas estirpes de hombres, los que a Ella clamemos, los que la busquemos, los que en Ella confiemos, porque aquí quiere estar para; “escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza, para remediar, para curar todas nuestras diferentes penas, miserias y dolores.” (Nican Mopohua vv. 27-31). 

Esto, pues: mostrar a su Hijo, manifestar su amor, compasión, auxilio, protección... escuchar el llanto, la tristeza, remediar y curar todas las diferentes penas, miserias y dolores, (Nican Mopohua vv. 27-31), donde más literal y cabalmente podemos hacerlo, los que tenemos el privilegio de servir en este Santuario, es en el servicio directo al nuestros hermanos peregrinos.

Hoy se iniciamos una nueva página más del Acontecimiento Guadalupano, que Santa María de Guadalupe nos permite escribir en  el cruce de sus manos, hoy bendecimos las instalaciones de este CENTRO DE PASTORAL, que intenta ser un instrumento del amor de María, para coordinar las acciones pastorales en bien de quienes llegan a este Santuario. Este edificio remodelado, lleva en el interior su corazón, el trabajo, la fatiga, los desvelos, de tantos hermanos y compañeros nuestros que han laborado aquí, para su acondicionamiento, ahora nos toca a nosotros, los diversos Agentes de Pastoral de Santuario, darle vida, desde el corazón mismo de María Santísima que recibe a todos como sus hijos.

Gracias Monseñor Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, Rector del Santuario, por su visión y empuje pastoral, un sueño cobra realidad hoy, como muchos que han nacido de su corazón de Padre y Pastor. Gracias Monseñor Diego, hoy nos queda el compromiso de responder a lo que Nuestra Madre Niña y Señora nos pide, ser discípulos y misioneros-testigos de Jesucristo, para que nuestro hermanos peregrinos tengan en Él vida. Hoy la Pastoral de la Iglesia en su triple ministerio o función sacerdotal, mediante el cual la Iglesia se constituye y crece, de acuerdo a la voluntad de Cristo PASTOR, aquí se hace presente, deseamos cumplir con la voluntad salvífica y universal de Dios, en la Áreas de Pastoral: Profética, Litúrgica, Socio-Caritativa.

Hoy estando los coordinadores de Área y colaboradores presentes queremos colocarnos al amparo de nuestro Niña y Señora, y depositar en los humildes ayates de nuestras vidas las rosas que hoy recibimos de nuestra Madre: sus rosas, signo de su amor, y que serán esos signos del servicio pastoral hacia nuestros hermanos. Grandes retos nos quedan por delante: específicamente, la formación de nuestros Agentes de Pastoral en el Santuario, y la implementación integral de la acción pastoral especifica de atender al peregrino.

Deseo con su anuencia, Monseñor Diego, abocarnos integralmente a renovar la formación humana, doctrinal y espiritual de nuestro agentes y hermanos empleados en el Santuario y potenciar adecuadamente los núcleos de atención al peregrino en el Recinto Guadalupano, como son: las Tiendas del Encuentro, la atención y preparación de las peregrinaciones, y la atención sacerdotal y diaconal al peregrino.

Hoy sólo nos queda responder como nuestro hermano, san Juan Diego, a Nuestra Señora y Niña: Voy a cumplir tu encargo Niña y Señora. Gracias Monseñor Diego por permitirnos esta oportunidad de servir en el nombre y con el amor tierno de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe.


    [1].- El texto original es: "...cuando vino la plenitud de los tiempos, envió Dios desde el cielo, a su propio Hijo, nacido de una mujer, sometido a la sancion de la ley para rescatar a los que estaban sometidos a la sanción de la ley, a fin de que recobrásemos la filiación adoptiva, Y, pues sois hijos, envió Dios desde el cielo, a nuestros corazones, el Espíritu de su Hijo, el cual clama. Abba, Papá..." (Gal. 4, 4-6).

 
 
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