Para todos nosotros aquí presentes,
en este mes de María, en este mes de mayo. El 5 de mayo es una
fecha muy importante, muy especial, tenemos hoy una cita anual,
llena de cariño con nuestra Madre Santísima. Somos privilegiados
de vivir en estas tierras, donde María Santísima ha querido
poner su casa, en el Tepeyac.
Hoy venimos como tantos y tantas mexicanos
y mexicanas llenos de fe a visitar a nuestra buena Madre del
Tepeyac. A este santuario mariano el más visitado del mundo.
Hoy nuestras inspectorías de nuestra Señora de Guadalupe reservan
este día para que como Familia Salesiana vengamos a dar gracias
a Dios y nuestra buena Madre.
¡Qué hermoso encontrarnos en la casa
de María! ¡Qué hermoso encontrarnos como Familia Salesiana de
México a los pies de nuestra Madre del Tepeyac!
Venimos un poco cansados y asoleados
por la peregrinación, que le hemos ofrecido a Ella, pero con
grande gozo en nuestro corazón. Y como siempre nuestro buen
Dios nos quiere alimentar con el pan de su Palabra y con el
pan de la Eucaristía. Y miren que hermoso mensaje nos deja Dios
y nuestra buena Madre a través de estas lecturas que se nos
han proclamado, dice la primera lectura: que así como nosotros
somos una grande multitud escuchando la Palabra de Dios, así
también los primeros cristianos en Antioquia se congregaron
numerosos para escuchar la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios que es capaz de dar vida eterna. María santísima
es la Madre del Creador por quien se vive. Nosotros hoy agradeciendo
al Dios de la vida, este grande regalo de la vida en nosotros
y en todos los demás.
Queremos reconocer que la Palabra de Dios nos da vida eterna
y es muy significativo que en hebreo: Palabra de Dios, se diga
con la palabra Dabar. Dabar en hebreo significa; palabra,
pero también significa; cosa, cosa creada por Dios, es decir
que cuando Dios habla crea. La Palabra de Dios es creadora,
es fuente de vida y nosotros en la Eucaristía queremos acoger
la vida que la Palabra de Dios nos trae.
Esta Palabra es la que predicaba Pablo
y Bernabé y que al rechazarla algunos judíos, en el fondo estaban
rechazando la palabra de vida, la vida eterna. Nosotros acogiéndola,
queremos acoger la vida de Dios en nuestras vidas. Y miren Pablo
y Bernabé tuvieron que sufrir persecución a causa de la Palabra,
vale la pena pagar un precio alto por la palabra que da vida
y vida para siempre. Pero esta iniciativa de Pablo y Bernabé,
esta iniciativa de llevar la Palabra de Dios es en el fondo
la misión que Jesús nuestro Señor realizó.
En el Santo Evangelio hemos escuchado,
quizás con palabras un poco difíciles que Jesús manifiesta al
Padre, que Jesús revela al Padre, que conocer a Jesús es conocer
a Dios nuestro Padre, Jesús manifiesta al Padre con sus palabras
y con sus obras, Jesucristo nuestro Señor es la revelación maravillosa
de Dios. Nosotros conocemos a Dios porque conocemos las palabras
y las obras de Jesús; esa palabra que da vida en Cristo palabra
eterna, encarnada y resucitada se ha manifestado esplendorosamente.
Por eso hoy estamos cantando las maravillas
del Señor. Por eso en la segunda lectura se nos dice de algo
maravilloso que está por venir, donde la Iglesia, nosotros queridos
hermanos y hermanas, queridos muchachos y muchachas, nosotros
vamos a estar engalanados, como una novia se prepara, se adorna,
para con su novio en la boda y Dios enjugará toda lágrima de
nuestros ojos, ya no habrá muerte, ya no habrá luto, ya no habrá
llanto, ya no habrá dolor; todo eso va a quedar superado en
la vida que Cristo Jesús nos viene a comunicar de parte del
Padre.
Nosotros participaremos de la fiesta eterna de la vida en plenitud.
Y por eso estamos ya alegres, y por eso nos gozamos de alimentarnos
de esta Palabra de Cristo que da vida eterna. Que hermoso que
Jesús diga: “Mis palabras corresponden a mis obras, si no
les creen a mis palabras, créanle a las obras que Yo hago”.
Dios quiera que cada uno de nosotros aquí presentes, que
toda la Familia Salesiana en México pudiera decir lo mismo.
Hermanos y hermanas del mundo, si no
le creen a mis palabras, créanle a mis obras, mis obras manifiestan
el amor del Padre, mis obras manifiestan la vida de Dios, mis
obras manifiestan el triunfo del Resucitado.
Cada uno de nosotros salesianos de don Bosco, cada una de nosotras
hijas de María auxiliadora y miembros de la Familia Salesiana
tendríamos que ser como Jesús manifestadores del amor de Dios,
que quien nos vea, vea la gloria de Dios, que el que no le crea
a nuestras palabras, le crea a nuestras obras, que nuestras
obras correspondan a nuestras palabras como Jesús y que nosotros
manifestemos al mundo la vida que Cristo Jesús nos ha traído.
Que se acabe la muerte fruto del pecado y el egoísmo, fruto
de la injusticia y de la maldad.
Que reine la vida de Dios a través de nosotros como se ha manifestado
a través de Cristo Jesús y de María Santísima. Sabemos que nuestra
Madre Santísima de Guadalupe con la cinta que tiene en la cintura
amarrada está simbolizando que está embrazada, que tiene en
su seno la vida del Verbo Eterno de Jesucristo Nuestro Señor.
María es aquella que supo acoger a través de palabra; con fe,
la vida de Dios. Pero María fue aquella que supo transmitirla
a la Iglesia y a la humanidad con sus palabras y con sus obras.
Hoy al agradecer a Dios Padre el don
de la vida en Cristo Resucitado, al agradecer a Dios Padre el
don de la vida a través de María nuestra Madre, donde san Juan
Bosco sabe que brotó toda nuestra Familia Salesiana. |
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