InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Breves> Ordenaciones Sacerdotales
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión de la celebración de Ordenaciones Sacerdotales, en la Basílica de Guadalupe.

5 de mayo de 2007

¿Por qué quiere irse al seminario?, ¿De dónde agarraría esto?

Los esposos que se aman entrañablemente, muchas veces sienten un abismo entre uno y otro, saben que hay una zona de misterio entre persona y persona, impenetrable, a donde no pueden acceder por más confianza y más amor que entre ellos se tengan.

Sus formadores que están aquí presentes, sus párrocos que los acompañaron, sus amigos que han estado cerca de los momentos importantes de su vida, los señores obispos que estuvieron cerca de ustedes en estos últimos años de su formación, también algo conocen de cada uno de ustedes. Pero ciertamente, todos ellos sienten que hay algo impenetrable, algo a donde no pueden llegar, algo que solamente el Señor conoce: “Antes de que fueras formado en el seno materno, Yo te conocí”, y eso es lo maravilloso que celebramos esta tarde. Cristo sí penetra por su Espíritu a lo más íntimo de su ser, a lo más profundo de su existencia, Él que lo conoce todo los ha llamado, pero no solamente los ha llamado, sino que esta tarde los consagra para que se identifiquen con Él y que se identifiquen con Él totalmente, no solamente en su corazón, con sus manos, con sus palabras, no con todo lo que ustedes son, con toda su historia. Y ustedes de tal manera serán transformados por ese Espíritu de Cristo, que podrán decir: esto es mi cuerpo, y no será el cuerpo de ustedes, será el cuerpo de Cristo. Ustedes dirán: yo te absuelvo, vete en paz, y ustedes saben que sólo Dios y Cristo su ungido tienen poder para perdonar los pecados, y así podríamos enumerar cada una de las acciones que ustedes van a realizar en su ministerio. No es por su capacidad, no va ser por sus estudios, no va ser por la inteligencia que ustedes tienen, va ser porque Cristo esta tarde los ha transformado y los ha identificado con Él de tal manera que ustedes van actuar en la comunidad en el nombre de Cristo.

Cada uno de ustedes en estos momentos estará recorriendo esos momentos en donde fueron sintiendo la llamada del Señor, en donde el Señor se hizo presente en sus vidas y los fue llamando para llegar a esta tarde a consagrarlos. Quizá, algunas de esas escenas les parezcan demasiado humanas, con mediaciones demasiado terrenas, pero es el Señor el que se hizo presente a través de la carne, a través de personas muy concretas. Quizá en el inicio fue una catequista, fue su abuelito, su abuelita, quizá fue una tía, quizá su mamá, su papá, quizá el señor cura de la parroquia, quizá un sacerdote que ocasionalmente conocieron. Cada uno de ustedes conoce la historia de su vocación y cada una de las historias de nuestra vocación, aunque mucho se parezcan, es singular y totalmente distinta. El Señor nos llama por caminos muy diversos y nos hace sentir su llamado, nos hace sentir su presencia y nos surge: “Ven y sígueme”

Esta tarde, ustedes ante este llamado del Señor se dirán: ¿cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho en mi familia, en mi seminario, las personas que puso en mi camino para que me orientarán?, ¿cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Esta tarde, la respuesta la tendrán en sus manos alzarán la copa de la salvación juntamente con su obispo y esa será la acción de gracias. Porque es la acción de gracias no solamente de ustedes, es Cristo el que eleva esta copa de la salvación, la acción de gracias perfecta al Padre. Porque el Padre le ha concedido a Él, a su Hijo Jesucristo, poderlos llamar, poderlos escoger entre otros muchos, para que le pertenecieran, para que ustedes fueran identificados con Él.

Queridos diáconos, esta tarde, es una tarde de alegría, de gozo en el Señor; sin embargo, ustedes saben que comienza una aventura.  La aventura de la fe, la aventura de Cristo. Ustedes saben que al ser identificados con el Buen Pastor, ese Pastor va estar presente para siempre en sus vidas, no habrá nada que los separe de Él, y ustedes necesariamente estarán pensando: aunque vaya por cañadas obscuras, el Señor está conmigo, mi Pastor me acompaña, nada temeré; su vara y su callado me acompañarán para siempre.

Ustedes saben que al ejercer el ministerio, tendrán muchos llamados, que ese ministerio en determinados momentos les va a parecer poco eficaz y quizá el camino del poder les parezca más interesante. Quizá, el camino del poder les parezca que contribuye más a la transformación de ese pueblo al cual ustedes se quieren consagrar y recibirán la tentación de tomar otros caminos; el de la ciencia, el de las influencias, etc. Y ustedes saben que sólo el Espíritu de Dios, sólo la Palabra de Dios cambia el corazón del hombre, porque aunque cambiaran las estructuras, aunque cambiara el sistema, sino cambia el corazón del hombre; el mundo sigue sin una seguridad, sin una certeza. Ustedes saben que sólo la Palabra de Dios, sólo el Espíritu de Dios que ustedes comunicarán a través de los sacramentos, de los misterios que van a celebrar con la comunidad, sólo esos instrumentos son los que pueden hacer nueva nuestra comunidad, nuestra sociedad. Por supuesto que todas las ciencias y todos los avances técnicos, científicos deben estar al servicio de su ministerio, pero saben que finalmente la transformación del corazón es lo único que puede traernos, un mundo nuevo, una vida nueva. Recibirán ustedes la tentación del placer, de dejar ese ministerio que les pide renuncias; en su vida personal, en el ejercicio mismo de su ministerio, porque tienen que consagrar sus días y sus horas a la comunidad, a los fieles y muchas veces no verán resultados y dirán: ¿para qué tanto esfuerzo?, ¿para qué tanto sacrificio? mejor voy a satisfacer mis anhelos, mis deseos, voy a realizarme.

Ustedes saben que no habrá realización completa para ustedes, sino en Cristo Jesús, identificándose con Él y teniendo una entrega total, como la que Él tuvo para con nosotros. Ustedes tendrán momentos de oscuridad, pasarán por cañadas obscuras pero siempre deberán recordar que están identificados con el Buen Pastor y ese Buen Pastor está presente siempre en su vida, que nada pueden temer, van a salir de ahí, de esa situación, de esa tentación, porque su vara y su callado les van a dar su seguridad y ¿cuál es la vara y su callado del Señor? lo acaban de escuchar en el Evangelio: “ya no los llamo siervos, los llamo amigos” Ustedes están convencidos y con este convencimiento deberán vivir su sacerdocio de que el Señor los ama, que Él los eligió entre muchos y no por sus méritos, ni por sus capacidades, sino simplemente por el amor que les ha tenido. Y el que se siente amado y se siente querido, será capaz de amar no con un amor humano, que todos tenemos, sino como yo los he amado, con ese amor de Cristo, con ese amor como Cristo sabe amar, por eso, esa es la vara y el callado que les da seguridad, el sentirse amados, el sentirse queridos por Cristo.

Esta tarde en un ceremonia tan elocuente que es toda una catequesis; para sus papás, sus hermanos, sus amigos, sus formadores. Ustedes van a recibir la imposición de las manos en primer lugar de parte del obispo y como signo de comunión del presbiterio de esta su Iglesia, de esta Arquidiócesis de México, ¿qué quiere decir esto? que ese Espíritu de Dios que reciben, que esa imposición de las manos por lo cual ustedes se transforman en presbíteros, ese ministerio que reciben no lo pueden ejercer sino no están en comunión con su obispo, si ese Ministerio Sacerdotal no lo ejercen en comunión con su presbiterio, no se les da un poder aislado para que ustedes tengan su parcela. Es la imposición de las manos de su obispo junto con su presbiterio y ahí es donde tendrá sentido ese ministerio que reciben precisamente por la imposición de las manos del obispo y de su presbiterio, pero ustedes saben que la Ordenación Sacerdotal no es solamente por la imposición de las manos, sino por la imposición de las manos, y la oración de la Iglesia. Quiere decir que recibe ese ministerio en favor del pueblo santo de Dios, es la oración de la Iglesia la que los acompaña esta tarde, es la oración de la Iglesia la que siempre estará acompañando su ministerio.

Ustedes no estarán sobre el pueblo, ustedes se ordenan para servir al pueblo de Dios, para ser servidor porque yo no he venido a ser servido, sino a servir, esta tarde recibirán el Crisma, serán ungidos con ese Crisma tan significativo, que significa “Cristo”. Quiere decir; que ustedes se identifican totalmente, son ungidos, son revestidos, son transformados en Cristo, eso es lo que significa ese Crisma que los va a invadir, que se va a derramar en sus cabezas y que va a penetrar sus cuerpos. Es Cristo el que entra en ustedes, los transforma, los hace suyos.

Esta tarde, en una ceremonia también, muy sencilla pero elocuente, recibirán los instrumentos de su ministerio, recibirán el cáliz, la ostia, recibirán el vino, la patena y el cáliz. Con la ostia, con el vino, quiere decir; que la Eucaristía será el centro de todo su ministerio, que nada de lo que hagan tendrá sentido, sino se encamina hacia la Eucaristía que ustedes diariamente deben celebrar, sin la Eucaristía ninguna actividad de su Ministerio Sacerdotal tendrá sentido. Toda su vida es sacerdotal, quiere decir; que es sacrificial, es cuerpo que se entrega, es sangre que se derrama. Y así lo dirán continuamente a la comunidad: “Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes, esta es mi sangre que por ustedes se derrama”, ojala que así siempre se sientan como una oblación, como la oblación de Cristo ofrecidos continuamente al Padre para la salvación del pueblo que se les va a encomendar.

Esta tarde, todos nos alegramos con ustedes, y todos nos gozamos que ustedes hayan sido elegidos y todos los acompañaremos para que siempre se sientan identificados con el Señor que los ha llamado.

Que así sea.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados