¿Por
qué quiere irse al seminario?, ¿De dónde
agarraría esto?
Los esposos que
se aman entrañablemente, muchas veces sienten un abismo
entre uno y otro, saben que hay una zona de misterio entre persona
y persona, impenetrable, a donde no pueden acceder por más
confianza y más amor que entre ellos se tengan.
Sus formadores
que están aquí presentes, sus párrocos
que los acompañaron, sus amigos que han estado cerca
de los momentos importantes de su vida, los señores obispos
que estuvieron cerca de ustedes en estos últimos años
de su formación, también algo conocen de cada
uno de ustedes. Pero ciertamente, todos ellos sienten que hay
algo impenetrable, algo a donde no pueden llegar, algo que solamente
el Señor conoce: “Antes de que fueras formado
en el seno materno, Yo te conocí”, y eso es
lo maravilloso que celebramos esta tarde. Cristo sí penetra
por su Espíritu a lo más íntimo de su ser,
a lo más profundo de su existencia, Él que lo
conoce todo los ha llamado, pero no solamente los ha llamado,
sino que esta tarde los consagra para que se identifiquen con
Él y que se identifiquen con Él totalmente, no
solamente en su corazón, con sus manos, con sus palabras,
no con todo lo que ustedes son, con toda su historia. Y ustedes
de tal manera serán transformados por ese Espíritu
de Cristo, que podrán decir: esto es mi cuerpo, y no
será el cuerpo de ustedes, será el cuerpo de Cristo.
Ustedes dirán: yo te absuelvo, vete en paz, y ustedes
saben que sólo Dios y Cristo su ungido tienen poder para
perdonar los pecados, y así podríamos enumerar
cada una de las acciones que ustedes van a realizar en su ministerio.
No es por su capacidad, no va ser por sus estudios, no va ser
por la inteligencia que ustedes tienen, va ser porque Cristo
esta tarde los ha transformado y los ha identificado con Él
de tal manera que ustedes van actuar en la comunidad en el nombre
de Cristo.
Cada uno de ustedes
en estos momentos estará recorriendo esos momentos en
donde fueron sintiendo la llamada del Señor, en donde
el Señor se hizo presente en sus vidas y los fue llamando
para llegar a esta tarde a consagrarlos. Quizá, algunas
de esas escenas les parezcan demasiado humanas, con mediaciones
demasiado terrenas, pero es el Señor el que se hizo presente
a través de la carne, a través de personas muy
concretas. Quizá en el inicio fue una catequista, fue
su abuelito, su abuelita, quizá fue una tía, quizá
su mamá, su papá, quizá el señor
cura de la parroquia, quizá un sacerdote que ocasionalmente
conocieron. Cada uno de ustedes conoce la historia de su vocación
y cada una de las historias de nuestra vocación, aunque
mucho se parezcan, es singular y totalmente distinta. El Señor
nos llama por caminos muy diversos y nos hace sentir su llamado,
nos hace sentir su presencia y nos surge: “Ven y sígueme”
Esta tarde, ustedes
ante este llamado del Señor se dirán: ¿cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho en
mi familia, en mi seminario, las personas que puso en mi camino
para que me orientarán?, ¿cómo pagaré
al Señor todo el bien que me ha hecho? Esta tarde, la
respuesta la tendrán en sus manos alzarán la copa
de la salvación juntamente con su obispo y esa será
la acción de gracias. Porque es la acción de gracias
no solamente de ustedes, es Cristo el que eleva esta copa de
la salvación, la acción de gracias perfecta al
Padre. Porque el Padre le ha concedido a Él, a su Hijo
Jesucristo, poderlos llamar, poderlos escoger entre otros muchos,
para que le pertenecieran, para que ustedes fueran identificados
con Él.
Queridos diáconos,
esta tarde, es una tarde de alegría, de gozo en el Señor;
sin embargo, ustedes saben que comienza una aventura.
La aventura de la fe, la aventura de Cristo. Ustedes saben que
al ser identificados con el Buen Pastor, ese Pastor va estar
presente para siempre en sus vidas, no habrá nada que
los separe de Él, y ustedes necesariamente estarán
pensando: aunque vaya por cañadas obscuras, el Señor
está conmigo, mi Pastor me acompaña, nada temeré;
su vara y su callado me acompañarán para siempre.
Ustedes saben
que al ejercer el ministerio, tendrán muchos llamados,
que ese ministerio en determinados momentos les va a parecer
poco eficaz y quizá el camino del poder les parezca más
interesante. Quizá, el camino del poder les parezca que
contribuye más a la transformación de ese pueblo
al cual ustedes se quieren consagrar y recibirán la tentación
de tomar otros caminos; el de la ciencia, el de las influencias,
etc. Y ustedes saben que sólo el Espíritu de Dios,
sólo la Palabra de Dios cambia el corazón del
hombre, porque aunque cambiaran las estructuras, aunque cambiara
el sistema, sino cambia el corazón del hombre; el mundo
sigue sin una seguridad, sin una certeza. Ustedes saben que
sólo la Palabra de Dios, sólo el Espíritu
de Dios que ustedes comunicarán a través de los
sacramentos, de los misterios que van a celebrar con la comunidad,
sólo esos instrumentos son los que pueden hacer nueva
nuestra comunidad, nuestra sociedad. Por supuesto que todas
las ciencias y todos los avances técnicos, científicos
deben estar al servicio de su ministerio, pero saben que finalmente
la transformación del corazón es lo único
que puede traernos, un mundo nuevo, una vida nueva. Recibirán
ustedes la tentación del placer, de dejar ese ministerio
que les pide renuncias; en su vida personal, en el ejercicio
mismo de su ministerio, porque tienen que consagrar sus días
y sus horas a la comunidad, a los fieles y muchas veces no verán
resultados y dirán: ¿para qué tanto esfuerzo?,
¿para qué tanto sacrificio? mejor voy a satisfacer
mis anhelos, mis deseos, voy a realizarme.
Ustedes saben
que no habrá realización completa para ustedes,
sino en Cristo Jesús, identificándose con Él
y teniendo una entrega total, como la que Él tuvo para
con nosotros. Ustedes tendrán momentos de oscuridad,
pasarán por cañadas obscuras pero siempre deberán
recordar que están identificados con el Buen Pastor y
ese Buen Pastor está presente siempre en su vida, que
nada pueden temer, van a salir de ahí, de esa situación,
de esa tentación, porque su vara y su callado les van
a dar su seguridad y ¿cuál es la vara y su callado
del Señor? lo acaban de escuchar en el Evangelio:
“ya no los llamo siervos, los llamo amigos”
Ustedes están convencidos y con este convencimiento deberán
vivir su sacerdocio de que el Señor los ama, que Él
los eligió entre muchos y no por sus méritos,
ni por sus capacidades, sino simplemente por el amor que les
ha tenido. Y el que se siente amado y se siente querido, será
capaz de amar no con un amor humano, que todos tenemos, sino
como yo los he amado, con ese amor de Cristo, con ese amor como
Cristo sabe amar, por eso, esa es la vara y el callado que les
da seguridad, el sentirse amados, el sentirse queridos por Cristo.
Esta tarde en
un ceremonia tan elocuente que es toda una catequesis; para
sus papás, sus hermanos, sus amigos, sus formadores.
Ustedes van a recibir la imposición de las manos en primer
lugar de parte del obispo y como signo de comunión del
presbiterio de esta su Iglesia, de esta Arquidiócesis
de México, ¿qué quiere decir esto? que
ese Espíritu de Dios que reciben, que esa imposición
de las manos por lo cual ustedes se transforman en presbíteros,
ese ministerio que reciben no lo pueden ejercer sino no están
en comunión con su obispo, si ese Ministerio Sacerdotal
no lo ejercen en comunión con su presbiterio, no se les
da un poder aislado para que ustedes tengan su parcela. Es la
imposición de las manos de su obispo junto con su presbiterio
y ahí es donde tendrá sentido ese ministerio que
reciben precisamente por la imposición de las manos del
obispo y de su presbiterio, pero ustedes saben que la Ordenación
Sacerdotal no es solamente por la imposición de las manos,
sino por la imposición de las manos, y la oración
de la Iglesia. Quiere decir que recibe ese ministerio en favor
del pueblo santo de Dios, es la oración de la Iglesia
la que los acompaña esta tarde, es la oración
de la Iglesia la que siempre estará acompañando
su ministerio.
Ustedes no estarán
sobre el pueblo, ustedes se ordenan para servir al pueblo de
Dios, para ser servidor porque yo no he venido a ser servido,
sino a servir, esta tarde recibirán el Crisma, serán
ungidos con ese Crisma tan significativo, que significa “Cristo”.
Quiere decir; que ustedes se identifican totalmente, son ungidos,
son revestidos, son transformados en Cristo, eso es lo que significa
ese Crisma que los va a invadir, que se va a derramar en sus
cabezas y que va a penetrar sus cuerpos. Es Cristo el que entra
en ustedes, los transforma, los hace suyos.
Esta tarde, en
una ceremonia también, muy sencilla pero elocuente, recibirán
los instrumentos de su ministerio, recibirán el cáliz,
la ostia, recibirán el vino, la patena y el cáliz.
Con la ostia, con el vino, quiere decir; que la Eucaristía
será el centro de todo su ministerio, que nada de lo
que hagan tendrá sentido, sino se encamina hacia la Eucaristía
que ustedes diariamente deben celebrar, sin la Eucaristía
ninguna actividad de su Ministerio Sacerdotal tendrá
sentido. Toda su vida es sacerdotal, quiere decir; que es sacrificial,
es cuerpo que se entrega, es sangre que se derrama. Y así
lo dirán continuamente a la comunidad: “Este
es mi cuerpo que se entrega por ustedes, esta es mi sangre que
por ustedes se derrama”, ojala que así siempre
se sientan como una oblación, como la oblación
de Cristo ofrecidos continuamente al Padre para la salvación
del pueblo que se les va a encomendar.
Esta tarde, todos
nos alegramos con ustedes, y todos nos gozamos que ustedes hayan
sido elegidos y todos los acompañaremos para que siempre
se sientan identificados con el Señor que los ha llamado.
Que así sea. |
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