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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en la Entrega de medallas a los alumnos de nuevo ingreso del Coro de Infantes de la Basílica de Guadalupe.

25 de octubre de 2008

Mis amados hermanos y hermanas, fieles laicos de Cristo. Mis amados hermanos y hermanas de la Vida Consagrada, muy queridos hermanos en ministerio diaconal, presbiteral, Cabildo de Guadalupe.

El día de ayer el Señor Jesús en el trozo del Evangelio reprochaba a sus conciudadanos no saber interpretar los signos de los tiempos, cuando son perfectamente capaces de interpretar los signos meteriológicos. Mis amados hermanos, la Iglesia de nuestros días cuida y ha cuidado siempre especialmente ser fiel a esta invitación del Señor Jesús: saber discernir, saber interpretar el paso de Dios por nuestra historia. El Señor Jesús es el Señor de la historia, se ha hecho historia, está con nosotros. Y nosotros tenemos la gracia y el privilegio de experimentar y vivir la presencia permanente de Santa María de Guadalupe, desde hace 477 años Ella camina a nuestro lado, Ella está junto a nosotros.

El Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium Et Spes, decía: “Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el rasgo dramático que con frecuencia le caracteriza.

Mis amados hermanos y hermanas, analizando el estado actual del mundo ¡cuántos signos tenemos que nos hablan de la presencia del Señor!  El mismo Concilio ha reconocido algunos de estos signos de los tiempos. Hace 43 años, en 1965 termina el Concilio, tenemos 43 años de Concilio Vaticano II. Seguramente es urgente celebrar otro, no sé. Es el Espíritu el que suscita esto, porque han aparecido nuevos signos, que estamos tratando de interpretar, dice el mismo Concilio que son signos de los tiempos, que son esenciales y señala: la solidaridad creciente de los pueblos, el ecumenismo, la preocupación por la libertad religiosa, la necesidad del apostolado de los laicos. Estamos en el siglo de los laicos.

El mismo Concilio dice: “Movidos por la fe, que le impulsa a creer que quien le conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, el pueblo de Dios se esfuerza en discernir en los acontecimientos, las exigencias y los deseos que le son comunes con los demás hombres de nuestro tiempo y cuáles son en ellos las señales de la presencia o de los designios de Dios.”

Mis amados hermanos, démonos cuenta del momento en que nos encontramos. El Señor de la historia, Dios, conduce la historia. Dios sigue actuando hoy, y es preciso según la invitación de Jesús darnos cuenta en el momento en que nos encontramos. Sus contemporáneos allá en Palestina en aquella época, no supieron aprovechar las actitudes prodigios del tiempo excepcional que estaban viviendo. Y nosotros hoy en el tercer milenio, hermanos, que estamos viviendo ¿la estamos aprovechando? ¿Aprovechamos esta presencia amorosa de Santa María de Guadalupe? ¿Esta presencia promotora, esta presencia que nos anima, que nos alienta?

Recuerdo un día, una persona me dice: Monseñor quiero regalarle un reloj, pero quiero que me de una frase para el reloj, una frase suya, algún pensamiento de usted. Y ese reloj tiene está frase: “mi tiempo vivido en Cristo, por Cristo y con Cristo alentado por la Santísima Virgen María es un tiempo de plenitud”.

Y es cierto, hermanos, cuando vivimos nuestro tiempo enraizados y cimentados en Cristo, como decía Pablo hace dos días nuestro tiempo es de plenitud, saboreamos de alguna manera ya la eternidad. En Grecia se designaba el tiempo de dos maneras. El Khronos o sea el tiempo que transcurre minuto a minuto, día a día, de la cual podemos llevar un control por medio del reloj, por medio del calendario, por medio de nuestras agendas, ahora por medio de la computadora, del celular. Es el tiempo cuantitativo y el que más determina nuestra vida. La otra expresión que se refiere al tiempo es: Kairós, palabrita rara, pero que puede entenderse como coyuntura especial que sucede en el Khronos, que sucede en el tiempo. Pero que tiene la virtud de transformar la vida; que tiene la virtud de darle dimensiones nuevas a la experiencia de la cotidianidad. El kairós no tiene en cuenta el número de días o de años, sino como vivimos cada instante. Este instante, este día, este año ¿realmente lo vivimos intensamente?  ¿En qué medida nos hizo crecer este tiempo? Sólo se crece desde Jesús; sólo se va madurando desde el aliento del Espíritu de Jesús que está en nosotros, hermanos. ¿En qué medida nos hizo crecer el tiempo? preguntémonos, este que estamos viviendo. Miren, Jesús crítica su generación porque se ha dejado dominar completamente por el Khronos, ahí la van pasando y a veces así somos nosotros la vamos pasando y por lo tanto no vamos más allá de nuestros afanes para perseguir la experiencia de la presencia del Reino de Dios entre nosotros.

Hoy el Señor Jesús a través de dos acontecimientos muy sencillos continúa invitándonos a vivir en plenitud nuestro tiempo; a darle sentido y razón de ser a nuestro tiempo. La mayor parte de las enseñanzas evangélicas llevando los soportes tanto de la vida real. A veces simplemente datos cotidianos; otras veces casos excepcionales. Miren, aquí se trata de la ejecución de unos galileos por Pilato, donde interviene la maldad del hombre y los muertos por accidente al derrumbarse la Torre de Siloé una desgracia natural. Aquí están dos acontecimientos: el uno es el resultado de una voluntad humana. Pilato gobernador romano dominaba una revuelta de zelotes, que querían derribar el poder establecido.

La represión política, mis amados hermanos, es de todas las épocas y de todos los tiempos. El otro suceso es puramente fortuito se desploma una torre de Jerusalén, es un accidente material, todo lo que a caerse puede ser, mis hermanos, portador de un mensaje, es un signo si sabemos hacer su lectura desde la fe, desde el Evangelio, desde la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas.

Pensemos ¿cómo nos habla Dios hoy en día? Tal la enfermedad, tal los frascazos, tal el éxito, tal solicitud, tal amistad, tal responsabilidad, tal accidente, tal hijo que nos da preocupaciones, dolores de cabeza: que ya cayó en la droga, que ya cayó en el alcoholismo, que no ha encontrado el sentido a la vida, que se ha dejado llevar por estas corrientes niquilistas, destructoras, absurdas.

Mis amados hermanos y hermanas, todo es signo. ¿qué quiere Dios decirnos a través de estas cosas? ¿qué quiere decirnos hoy cuando la familia es atacada y destruida? Hay intentos de destruirla, de acabarla ¿qué quiere decirnos el Señor cuando hay leyes que se oponen a la vida, que destruyen la vida desde su comienzo? ¿qué quiere decirnos el Señor ante tanta violencia, ante tanta inseguridad, ante tanta corrupción, ante esta crisis económica? ¿qué nos está diciendo el Señor? ¿Piensan ustedes que aquellos galileos eran más pecadores que los demás?, pues yo les digo que no, dice Jesús, si no se convierten, aquí está la enseñanza que quiere darnos el Señor, sino se convierten todos ustedes perecerán de la misma manera. Podemos equivocarnos en la interpretación de los signos de los tiempos, hermanos, pidámosle al Señor las luces del Espíritu, para saber vivir cada momento, cada día, cada instante enraizados y cimentados en Cristo.

En tiempos de Jesús, hoy también por desgracia, es corriente esa interpretación, se creía que las víctimas de una desgracia recibían un castigo por sus pecados. Es una manera fácil de justificarse, es una manera fácil de acallar la conciencia, ya estamos al final de los tiempos, ya está todo por acabarse. Bendice unas velas, bendice los alimentos, guárdalos, mira que ya viene el fin del mundo. Cuidado, no nos dejemos engañar.

Que el Señor Jesús, mis hermanos, da otra interpretación a las catástrofes, a las desgracias. No son un castigo divino, Jesús lo afirma sin equívoco alguno. No obstante, mis amados hermanos, son para todos una invitación a la conversión; una invitación al cambio de vida; una invitación a dar frutos. El pecado, los apetitos desordenados, la codicia; en definitiva el irrespeto a la vida, son actitudes que nos juzgan y condenan y pueden producir un desenlace peor, que si nos cayera encima la misma Torre de Siloé o de la Torre de Pemex o la Torre Latinoamericana.

Mis amados hermanos, el creyente, nosotros, hemos de vivir según los criterios de Jesús; según la inspiración de Jesús en actitud constante de producir buenos frutos, eso es lo quiere decir con la Parábola de la higuera y el labrador. Dios nos ha dado a cada uno la capacidad de hacer el bien, de cultivar la justicia, de mantener unas relaciones sanas con los demás y con Dios mismo. Pero, como dueño y señor de esas higueras, que somos nosotros. El Señor puede exigirnos, puede pedirnos cuentas, mis hermanos, soy una higuera estéril para Dios, para mis hermanos. Tenemos aquí un elemento capital de apreciación de los signos de los tiempos: la paciencia de Dios. La intercesión de ese viñador es una línea de conducta para nosotros. La intercesión de la Señora del Cielo permanentemente, mis hermanos, es una línea de conducta para nosotros. Ella no va a dejar que se nos quiebre este país, este continente, definitivamente. Ella sigue intercediendo definitivamente por nosotros.

Es necesario, pues, no perder un minuto en trabajar en nuestra propia conversión. Como Dios es paciente con nosotros, nosotros debemos ser pacientes con los demás e interceder, también, a favor de los demás, pensemos en esto.

Que la Señora del Cielo a quien hoy festejamos en este sábado nos anime. Anime a estos niños que hoy reciben la medalla de la Virgen de Guadalupe, para que experimenten su protección, su auxilio, su defensa y sobretodo una medalla es para que nos recuerde que tenemos que vestirnos de las virtudes de quien llevamos esa medalla. Que nuestros niños, como nosotros lo intentamos los adultos, nos revistamos cada día de las virtudes, de los sentimientos, de las actitudes de la misma Señora del Cielo Santa María de Guadalupe.

Que el Señor bendiga a los profesores que tiene estos niños, a los hermanos la sallistas que con tanto cariño desde hace ya casi sesenta años van guiando, conduciendo, llevando a nuestros niños por los caminos del Señor.

Pensando en esto, viviendo nuestro Khronos, nuestro tiempo en Cristo, por Cristo y desde Cristo lleguemos, mis hermanos a un Kairós, a una plenitud.

Que así sea.

 
 
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