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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Nuncio Apostólico en México, S.E.R. Mons. Christophe Pierre, en ocasión de la Jornada Mundial por la Paz, en la Basílica de Guadalupe.

1 de enero de 2008

Al comenzar el Año Nuevo, deseo hacer llegar a ustedes y a todos los mexicanos mis fervientes deseos de paz. En particular quiero ofrecer estos deseos a su Eminencia el Señor Cardenal Primado de México, Cardenal Norberto, con sus auxiliares y también con el venerable Cabildo, en particular a Monseñor Diego Monroy.

Nos reunimos hoy a los pies de la imagen de nuestra Señora de Guadalupe para celebrar con toda la Iglesia la solemnidad de María Santísima, Madre de Dios. Este misterio nos llena de estupor, y decimos con la liturgia de la Iglesia: lo que los cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno hecho hombre para cumplir con la voluntad de estar con nosotros. Dios Emmanuel, llamó a una mujer elegida entre todas las mujeres a convertirse verdaderamente y plenamente en Madre de Dios. María, la mujer que concibió en su seno por obra del Espíritu Santo y dio a luz a un hijo, Jesús, Hijo del Padre. Esta mujer, Virgen y Madre recibe de Dios mismo este título de Madre de Dios, que corresponde a lo que pasa realmente en su existencia de mujer.

En la familia se experimenta los elementos esenciales de la paz: justicia y amor entre hermanos, autoridad de los padres, servicio afectuoso a todos los miembros, ayuda mutua, disponibilidad para acoger y también perdonar. La Iglesia desde el Concilio de Éfeso en 431 definió como verdad de fe la divina maternidad de María y el título Theotokos, Madre de Dios. Así, en María la humanidad empieza un nuevo camino hacia Dios, con este Dios que quiere nacer y vivir entre nosotros, invitándonos a compartir su vida divina.

En María la humanidad, nuestra humanidad, se abre a Dios y descubre su verdadero sentido a los pies de la mujer que concibió a Cristo por la fe en su corazón, antes de concebirlo físicamente en su cuerpo. Hemos venido, también nosotros, dejar al Hijo de Dios nacer y crecer en nuestros corazones y en nuestra humanidad.

Hermanos, en esta ocasión como todos los años el Santo Padre nos invita a una reflexión sobre la paz. El mensaje de este año se desarrolla alrededor del tema: “Familia humana, comunidad de paz”. Para construir la paz el Papa nos invita a ir a la raíz que es la familia, nuestras familias humanas. La primera forma de comunión entre las personas, es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente, para construir juntos una nueva familia. Todo empieza con la familia primer lugar de la humanización de la persona y de la sociedad, cuna de vida y de amor.

Porque tiene un papel tan importante de educación, Benedicto XVI invita a nuestras sociedades a respetar los derechos específicos de las familias. En 1983 la Santa Sede proclamó una carta de los derechos de la Familia, la negación o la restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre amenaza los fundamentos de la paz. Como consecuencia el Papa afirma que todo lo que contribuye a debilitar la familia, fundada en el matrimonio de un hombre y de una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz.

La familia es como la primera escuela de vida, donde aprendemos la solidaridad, el respeto del otro, la justicia y el amor; sin los cuales se genera en nuestra sociedad la guerra y el odio. El Papa quiere alargar esta reflexión a la comunidad social que para vivir en paz está llamada a inspirarse, también, de los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es válido para las comunidades locales, nacionales y para la entera familia humana. Todos recorremos un mismo camino como hombres y mujeres, somos hermanos y hermanas, Dios es la fuente de la propia existencia y de la de los demás. Todo ser humano está invitado a construir una humanidad pacificada que es la familia. El Papa trae para nosotros las consecuencias de esta afirmación fundamental en cuatro campos de la vida y de la organización del mundo.

El primero, es una reflexión sobre la “Comunidad humana y medio ambiente”. La familia humana tiene la tierra como casa, casa común, es decir, el ambiente que Dios Creador nos ha dado, para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. El tema del respeto al medio ambiente es de gran actualidad y el Papa quiere ofrecer su contribución a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Es fundamental nos dice el Santo Padre sentir la Tierra como nuestra casa común y para ponerla al servicio de todos debemos adoptar la guía del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales. Hermanos, tomemos con seriedad los consejos del Papa: colaborar responsablemente, actuar de común acuerdo, intensificar el diálogo entre las naciones por la gestión de recursos energéticos del planeta, revisar los elevados niveles de consumo debido al modelo actual de desarrollo y predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energía y mejorar la eficiencia energética.

El segundo campo, es una reflexión sobre la “Economía”. La familia humana, hoy más unida por el fenómeno de la globalización necesita un fundamento de valores compartidos, una economía que responda realmente a la exigencia de un bien común de dimensiones planetarias. Las relaciones entre individuos y entre pueblos deben permitir a todos, todos, colaborar en plan de igualdad y justicia, es preciso emplear acertadamente los recursos y distribuir la riqueza con equidad.

El tercer punto, es una reflexión sobre la “Naturaleza de las normas jurídicas que regulan las relaciones entre personas y el funcionamiento de la sociedad”. El Papa nos dice que la norma jurídica tiene como criterio la norma moral, basada en la naturaleza de las cosas. La razón humana es capaz de discernirla, al menos en sus exigencias fundamentales, llegando así hasta la razón creadora de Dios, que es el origen de todas las cosas. Esta norma moral debe regular las opciones de la conciencia y guiar todo el comportamiento del ser humano. Existe una ley moral común, que por encima de las diferencias culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos, sobre los aspectos más importantes del bien y del mal, de lo que es justo e injusto. Es nuestro deber buscar esta ley y construir un orden nacional y también internacional con los valores contenidos en esta ley. Estas normas tienen que ayudar a nuestras sociedades a ponerse a servicio del hombre y también ayudar a vivir en dignidad.

En fin, el cuarto punto, es una invitación a la humanidad a construir la paz a través de una movilización de todas las personas de buena voluntad para llegar acuerdos concretos con vistas a una eficaz desmilitarización sobre todo en el campo de las armas nucleares. Las guerras, los conflictos armados, los atentados, la espiral de la violencia sigue en todo el mundo, poniendo en peligro la paz y el desarrollo armonioso de la vida de nuestros hermanos y hermanas.

Con eso el Papa reitera la invitación a construir un mundo basado en el respeto de los derechos del hombre. Él hace mención especial de esta carta de los Derechos de la Familia adoptada por la Santa Sede hace 25 años, también en el 2008, este año, se celebra el cuadragésimo aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz, eso fue en 1968.

Que esta celebración sea para todas las personas de buena voluntad en nuestro país, una ocasión de dedicarse a la construcción de una sociedad fundada sobre valores que conducen a una verdadera paz. Los cristianos saben que pueden confiar en la intercesión de Aquella que siendo la Madre del Hijo de Dios, que se hizo carne para salvación de toda la humanidad es Madre de Dios y también nuestra Madre.

Amén.

 
 
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