5 de abril de 2009
Sigamos contemplando estos misterios santos.
Con este domingo comenzamos la Semana Santa, porque celebramos
en ella precisamente los misterios más santos de nuestro Señor Jesucristo
y queremos, mis hermanos, que sea también santa esta semana, porque
en estos días nos acercamos con gran deseo a la fuente de la santidad.
Nos acercamos a la fuente de la Gracia, que es nuestro Señor Jesucristo.
Si algunos tienen la oportunidad de descansar, de pasear, háganlo,
si no tienen otra oportunidad en otro tiempo, pero no se olviden
de tener momentos para la oración, para la contemplación de estos
misterios santos. Ojala que en esta Semana Santa también nosotros
nos santifiquemos y que le ayudemos a otros hermanos a crecer en la
santidad.
Mis hermanos, traemos unas palmas en las manos. Levanten sus
palmas, miren estas palmas que ustedes traen en sus manos y que hoy
bendigo: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Para que el Señor nos haga crecer más en la fe. Aumente la fe
de los que tenemos en Él nuestra esperanza y nos conceda a quienes
agitamos estas palmas en honor de Cristo victorioso. Permanecer unidos
a Él para dar frutos de buenas obras. Estas palmas benditas las llevaremos
a nuestras casas y las vamos a llevar para decirle al Señor Jesús:
Señor quiero estar contigo siempre en las buenas y en las malas.
Estas palmas benditas son un signo elocuente de nuestro compromiso
y si las agitamos es porque estamos victoreando a Cristo Jesús junto
con los pájaros, la gran variedad de pájaros que hoy tenemos aquí
en el altar.
Decía, san Ignacio de Loyola: un día paseando por el jardín
de su casa, que andaba él renco, verdad, le llamaban el manco. Renqueando
con el bastón en la mano se detenía antes las flores y las tocaba
con el bastón y decía: ya sé que ustedes alaban mejor que yo al
Señor, ayúdenme a alabarlo. Y ahora nosotros decimos: Señor
ya sé que los pájaros te cantan siempre enséñame a mí a cantarte,
enséñame a mí alabarte. Los pájaros que pusiste como ejemplo de
confianza y de abandono. Ve a los pájaros del cielo no tienen graneros,
sin embargo, ninguno se muere de hambre, porque le Padre Celestial
está al pendiente de ellos. Así ustedes valen mucho más que los pájaros
del cielo.
Hermanos, cómo no alabar al Señor Jesús, cómo no proclamarlo
como nuestro Rey y agitamos estas palmas. Las agitamos de victoria
no de las armas, no del poder, no de la influencia, no, es el tipo
de victoria no es la que Jesús nos propone hoy en el Evangelio. No
es la victoria sobre el enemigo, no es la victoria militar, política,
cultural, no, donde se emplea la fuerza, la palabra, la riqueza, el
saber, el soborno, la mentira, la injusticia. Aquí es la victoria
de la no violencia, es la victoria de la no fuerza, de la no riqueza,
del no éxito, del no orgullo, de la no sabiduría o simplemente humana.
Con estas palmas en la mano hoy queremos decirle al Señor Jesús, que
nos ayude para recitar un: no, rotundo a la soberbia, a la autosuficiencia
humana, a la vanidad y que nos ayude a decir un: sí pleno a la voluntad
del Padre a los valores del Reino. Triunfan los valores del reino
de Dios.
El triunfo de la paz, el triunfo de la bendición, el triunfo
de la mansedumbre, el triunfo de la humildad, el triunfo de la pobreza,
de la solidaridad, el triunfo de la alegría. Este es el triunfo de
Cristo Mesías. Y agitamos las palmas, porque queremos decirle al Señor:
Señor se nuestro Rey, se nuestro Redentor, se nuestra Paz, se nuestra
Bendición. Enséñame a ser manso y humilde corazón como Tú.
Señor Jesús estas palmas benditas las vamos a colocar, a poner
en un lugar visible, como la puerta de la casa y si además, mis hermanos,
le tejemos a esta palma al final una cruz será para recordar que Jesús
nos amó hasta el extremo, hasta el vaciamiento de sí mismo, hasta
derramar la última gota de su preciosísima sangre. Esta cruz si la
ponemos en la palma quiere significar: el compartir la vida, toda,
con al del Señor Jesús, como Él la comparte con nosotros. Y queremos
con estas palmas expresar que tanto en la alegría exuberante, como
en el sufrimiento y en la dureza de cada día siempre estaremos con
el Señor.
Amén.