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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en ocasión de la Peregrinación de Unión Nacional de Aves Canoras y de Ornato, a la Basílica de Guadalupe.

5 de abril de 2009

Sigamos contemplando estos misterios santos.

Con este domingo comenzamos la Semana Santa, porque celebramos en ella precisamente los misterios más santos de nuestro Señor Jesucristo y queremos, mis hermanos, que sea también santa esta semana, porque en estos días nos acercamos con gran deseo a la fuente de la santidad. Nos acercamos a la fuente de la Gracia, que es nuestro Señor Jesucristo. Si algunos tienen la oportunidad de descansar, de pasear, háganlo, si no tienen otra oportunidad  en otro tiempo, pero no se olviden de tener momentos para la oración, para la contemplación de estos misterios santos. Ojala que en esta Semana Santa también nosotros nos santifiquemos y que le ayudemos a otros hermanos a crecer en la santidad.

Mis hermanos, traemos unas palmas en las manos. Levanten sus palmas, miren estas palmas que ustedes traen en sus manos y que hoy bendigo: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Para que el Señor nos haga crecer más en la fe. Aumente la fe de los que tenemos en Él nuestra esperanza y nos conceda a quienes agitamos estas palmas en honor de Cristo victorioso. Permanecer unidos a Él para dar frutos de buenas obras. Estas palmas benditas las llevaremos a nuestras casas y las vamos a llevar para decirle al Señor Jesús: Señor quiero estar contigo siempre en las buenas y en las malas. Estas palmas benditas son un signo elocuente de nuestro compromiso y si las agitamos es porque estamos victoreando a Cristo Jesús junto con los pájaros, la gran variedad de pájaros que hoy tenemos aquí en el altar.

Decía, san Ignacio de Loyola: un día paseando por el jardín de su casa, que andaba él renco, verdad, le llamaban el manco. Renqueando con el bastón en la mano se detenía antes las flores y las tocaba con el bastón y decía: ya sé que ustedes alaban mejor que yo al Señor, ayúdenme a alabarlo.  Y ahora nosotros decimos: Señor ya sé que los pájaros te cantan siempre enséñame a mí a cantarte, enséñame a mí alabarte. Los pájaros que pusiste como ejemplo de confianza y de abandono. Ve a los pájaros del cielo no tienen graneros, sin embargo, ninguno se muere de hambre, porque le Padre Celestial está al pendiente de ellos. Así ustedes valen mucho más que los pájaros del cielo.

Hermanos, cómo no alabar al Señor Jesús, cómo no proclamarlo como nuestro Rey y agitamos estas palmas. Las agitamos de victoria no de las armas, no del poder, no de la influencia, no, es el tipo de victoria no es la que Jesús nos propone hoy en el Evangelio. No es la victoria sobre el enemigo, no es la victoria militar, política, cultural, no, donde se emplea la fuerza, la palabra, la riqueza, el saber, el soborno, la mentira, la injusticia. Aquí es la victoria de la no violencia, es la victoria de la no fuerza, de la no riqueza, del no éxito, del no orgullo, de la no sabiduría o simplemente humana. Con estas palmas en la mano hoy queremos decirle al Señor Jesús, que nos ayude para recitar un: no, rotundo a la soberbia, a la autosuficiencia humana, a la vanidad y que nos ayude a decir un: sí pleno a la voluntad del Padre a los valores del Reino. Triunfan los valores del reino de Dios.

El triunfo de la paz, el triunfo de la bendición, el triunfo de la mansedumbre, el triunfo de la humildad, el triunfo de la pobreza, de la solidaridad, el triunfo de la alegría. Este es el triunfo de Cristo Mesías. Y agitamos las palmas, porque queremos decirle al Señor: Señor se nuestro Rey, se nuestro Redentor, se nuestra Paz, se nuestra Bendición. Enséñame a ser manso y humilde corazón como Tú.

Señor Jesús estas palmas benditas las vamos a colocar, a poner en un lugar visible, como la puerta de la casa y si además, mis hermanos, le tejemos a esta palma al final una cruz será para recordar que Jesús nos amó hasta el extremo, hasta el vaciamiento de sí mismo, hasta derramar la última gota de su preciosísima sangre. Esta cruz si la ponemos en la palma quiere significar: el compartir la vida, toda, con al del Señor Jesús, como Él la comparte con nosotros. Y queremos con estas palmas expresar que tanto en la alegría exuberante, como en el sufrimiento y en la dureza de cada día siempre estaremos con el Señor.

Amén.

 
 
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