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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en la Misa Exequial por Raúl "El Ratón" Macías.

24 de marzo de 2009

Mis amados hermanos y hermanas, celebramos en este Tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación a la Pascua de Resurrección, celebramos la Santa Eucaristía, que es celebración gozosa de la Pascua del Cristo. Y hoy celebramos, unido a Cristo y para siempre, la pascua de nuestro amigo Raúl “Ratón” Macías, acompañando a su esposa Yolanda, a sus hijos Arturo y Guadalupe Yolanda. Raúl “Ratón” Macías, hijo consentido de Tepito. Está el padre Socorro Quintana, que después de que fue su párroco, que lo atendió, y que después él dará una breve reseña, una breve semblanza del “Ratón” Macías. Todos sabemos como lo quiso el pueblo de Tepito y como fue el máximo ídolo del boxeo mexicano y como participó, también, en los juegos panamericanos de 1951 donde consiguió la medalla de bronce y en los juegos olímpicos de Helsinki en el año de 1952 quedó en sexto lugar. Él decía: me robaron la pelea sea la dieron al ruso Yenaldi y aquí en México, recordarán algunos, un gran escándalo y recibieron al “Ratón” Macías como si hubiera ganado la medalla.

Él tuvo una carrera corta de sólo 40 peleas, pero se metió de lleno en el ánimo popular, en el ánimo de la gente de nuestro pueblo, y además se codió con famosos artistas, con grandes personajes, como con Pedro Infante, María Félix, Cantinflas, Agustín Lara. Y recordarán algunos este momento paralizó a nuestro país, cuando conquistó el Título Mundial de Peso Gallo. Allá por años 50, él mismo lo dice: gocé del cariño de las abuelitas y todas prendían veladoras para que ganara. Luego me las encontraba en la calle y les decía: hay madrecita el día que no me puso veladora me rompieron la maraca. Y él mismo decía en sus peleas, se acuñó esa famosa frase: “todo se lo debo a mi manager y a la Virgencita de Guadalupe”. La verdad eso de que: todo se lo debo a mi manager, pues, es de Tomás Castillo, pero lo de la Virgencita eso si es mío. Y por eso hoy está aquí “El Ratón” Macías, que se fue su cuerpo, verdad, pero él está ahora gozando de la gloria eterna, gozando de Dios, por eso nuestro ornamentos, mis hermanos, no son negros, no son morados, son blancos porque nos habla de la pascua, porque nos habla de que el “Ratón” Macías ya ha conquistado el triunfo definitivo en el Reino de los Cielos, en la Casa del Padre. Todo vamos hacía allá, somos un pueblo peregrino, somos un pueblo en marcha y también a nosotros, salvo en algún momento nos sonará la campana para ir a la casa definitiva, a la Casa del Padre.

Hoy nos reúne el recuerdo de este querido amigo y hermano. El dolor y la pena de su enfermedad y muerte quedan iluminadas por las palabras del Evangelio de san Juan que acabamos de proclamar en el Evangelio, cómo nos ilumina este trozo evangélico. Vemos que el Señor Jesús tienen amigos: la familia de Lázaro, de Martha y de María son amigos de Jesús. Son amigos que muchas veces lo acogieron en su casa y por eso Martha y María avisan a Jesús, cuando Lázaro se pone enfermo. En estos momentos difíciles quieren que Jesús comparta sus preocupaciones, comparta sus inquietudes.

Mis amados hermanos y hermanas, no existe una página en el Evangelio donde Jesús no este a lado de gente del pueblo, a lado de sus amigos y especialmente de los pobres, de los enfermos, de los que sufren, de los agobiados. Jesús se acerca a la gente porque con ella compartir la amistad, sus preocupaciones y penas, sus inquietudes, sus alegrías, sus esperanzas. Jesús siempre es motivo de consuelo y de ayuda, de sentirse acompañado y de sentirse perdonado y animado por Dios. Y nosotros desde hace 447 años sentimos la compañía, sentimos la presencia, sentimos el aliento de nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe; por eso siempre en las buenas y en las malas; en las derrotas y en los triunfos, en los momentos oscuros y luminosos corremos hacía esta casita a ver a la Señora, a ver a la Madre, a sentirnos alentados siempre por ella. Por eso está aquí la familia Macías Calderón antes de dar sepultura a cuerpo del “Ratón” Macías vienen a encomendar una vez más a la Virgencita, Santa María de Guadalupe.

Mis amados hermanos y hermanas que nuestra presencia hoy aquí, también, nos permita encontrar este Jesús que nos trajo Santa María de Guadalupe y que nos da siempre la Señora y que nos encamina hacía Él, Santa María de Guadalupe. Que este Jesús esté siempre a nuestra lado compartiendo las tristezas por la muerte de nuestros hermanos, de nuestro hermano en concreto Raúl “Ratón” Macías. Nuestros ojos no lo ven, pero nuestra fe hace que lo sintamos presentes entre nosotros, despertemos por tanto nuestra fe, acojamos a Jesús como amigo. Él está aquí, Él nos ha reunido para celebrar el acto más grande que tenemos los cristianos: la Santa Eucaristía. Y sintamos y experimentemos como Jesús en estos momentos, tal y como hizo con Martha y María ante el sepulcro de Lázaro, comparte nuestras penas, comparte nuestras alegrías, comparte el dolor de esta familia Macías Calderón.

Que la compañía de Cristo Jesús, que nuestra presencia, que hace de alguna manera este aliento de Cristo Jesús, llene de consuelo a esta familia y démosle gracias por este gesto que tiene hacia todos nosotros la Morenita del Tepeyac de alentar y acogernos, especialmente en estos momentos difíciles.

Amados hermanos y hermanas, lo que acabamos de decir del Señor Jesús: que se preocupa. Lo que acabamos de decir de la Señora del Cielo, Santa María de Guadalupe: que se preocupa por nosotros, procuremos, también, decirlo de todos y cada uno de nosotros. Si nos hemos reunido aquí que sea por el amor y la amistad que teníamos por Raúl “Ratón” Macías. Que sea para dar como Jesús un testimonio de solidaridad con la familia Macías Calderón en estos momentos difíciles. Que sea para compartir entre todos el dolor de esta muerte. A nuestro lado Jesús es también Aquel que nos abre a la esperanza de una vida, y de una felicidad plena y más aún Él mismo se nos ofrece, como esta vida y esta felicidad, que sólo desde Él se puede conseguir. La saboreamos ya desde ahora, cuando nos enraizamos y nos cimentamos en el Señor Jesús. Recordemos las palabras que dice Jesús a Martha: “Tu hermano resucitará. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí aunque haya muerto vivirá. Y el que está vivo y cree en Mí no morirá jamás, no morirá para siempre.

Mis hermanos, la muerte es un hecho que nos visita constantemente y nos deja no sólo afligidos, no sólo tristes, sino también nos deja muchas veces sin esperanza, sin ilusión ante la vida. Miren, con la fuerza que nos da la compañía de Jesús, la fe, la adhesión a Cristo Jesús: con la fuerza que nos da contemplar a la morenita del Tepeyac junto a nosotros; con la luz que nos dan estas palabras que hemos escuchado del mismo Jesús; con el testimonio de vida que nos dio; con la fe en su resurrección hagamos nacer en nosotros la esperanza en la vida que nunca acaba a pesar de la muerte. Avivemos en nosotros, mis hermanos, la confianza que nos da el saber que Dios siempre está a nuestro lado, caminando con nosotros. Que nosotros nos llenemos de fe y avivemos la confianza que nos da el saber que nuestro hermano el “Ratón” Macías se encuentra ya en las manos del Padre para siempre. Cristo Jesús igual como le preguntó a Martha: ¿crees esto? Él mismo nos pregunta ahora a nosotros, nos hace la misma pregunta. Que cada uno haga suya las palabras con las que Martha respondió a Jesús: sí Señor, sí Señor, yo creo, yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Que para nosotros, mis hermanos, Jesús sea nuestro Dios y Señor el dador de la vida, el Salvador del mal y de la muerte y como Él seamos portadores a los hombres y mujeres de nuestro mundo, de este tercer milenio, seamos portadores de esta esperanza de vida, de felicidad plena.

Que el Señor dé el descanso eterno a nuestro querido amigo y hermano Raúl “Ratón” Macías.

Que así sea.

 
 
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