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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en ocasión de la Celebración Eucarística de Matrimonios Comunitarios, en la Basílica de Guadalupe.
15 de mayo de 2009

Mis amados hermanos y hermanas, ¡con grande alegría, con profundo gozo! Nos hemos reunido esta tarde en la casita de nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe para orar por estos hermanos nuestros que han decidido unir para siempre sus vidas por el sacramento del Matrimonio. Ellos ya han caminado juntos buena parte de su vida, pero hoy vienen llenos de ilusión, llenos de alegría. En este momento en que estamos asistiendo, todos, en comunidad al enlace matrimonial de estos hermanos nuestros, queremos reflexionar y meditar en el sentido profundo del Sacramento del Matrimonio. Sin duda alguna que estos hermanos, junto con su familia después prolongarán la fiesta que aquí ya hemos iniciado.

Jesús Alberto Aguilar Lozano y Nelly Carmen Bustamante de Paz
Paulino Benítez Lugo y María del Refugio Hermoso Jiménez.
Hugo Castro Romero y Mónica Batres Lugo.
Cornelio Cortés Sánchez y Flora de la Cruz Hernández .
Miguel Ángel Cortés Castillo y Suyelli Olimpia Sánchez Bernal.
Manuel Fierro Carranza y Sonia Bretón Rodríguez.
Carlos García García y Bertha Sánchez Juárez.
José Alberto Godínez Jiménez y María de Lourdes Martínez Bravo.
Celestino Martínez Morales y Carolina Ferrer Morales.
Gregorio Pablo Tephox y María de Jesús Yobal Hernández.
David Ramírez Arraccia y Marisela Rocío Dorante Quintero.
Guillermo Rosas Barcenas y Guadalupe Guzmán Martínez.
Víctor Manuel Sánchez Cleofas y Ofelia Ávila Aguido.
Heriberto Santis Juárez y Silvia Cano Juárez.

Y estamos celebrando los 3 años de Carlos Emmanuel Martínez Ferrer.

Miren, mis amados hermanos, no creo equivocarme mucho, si a la luz de la Palabra de Dios que hemos proclamado, afirmo que el matrimonio, es aparte de muchísimas otras cosas y, diría que como base de todo el triunfo clamoroso del amor. Ustedes van a ser sacramento del amor de Dios a la humanidad; sacramento del amor de Cristo; esposo a su esposa la Iglesia. Ustedes señores serán signos claros de Jesucristo. Tendrán que amar a sus esposas, como Cristo amó a su Iglesia y ustedes señoras tendrán que ser imagen de la Iglesia. La Iglesia que cada día santa, limpia, inmaculada, sin arruga, sin mancha, sin defecto se entrega a su Esposo Cristo, por eso vienen hermosamente vestidas. Una de ustedes me preguntaba, hace algunos días:

-          Monseñor, yo vengo a consultarle sobre ¿cómo venir vestida el día de mi boda?
-          ¿cómo? ¿por qué me haces esa pregunta? Todos sabemos como se viste una novia
-          es que yo, monseñor, yo, ya
-          yo, ya ¿qué?
-          yo ya tengo cuantos años con mi marido y tengo tantos hijos…
-          y eso
-          bueno, pues, quiero preguntar ¿cómo voy a venir vestida?
-          pues, como se viste una novia, ¿cómo viene una novia? A ver dime, ¿cómo va una novia con el novio al altar? La novia va de blanco, va hermosamente vestida.
-          ah ¿y así voy a ir yo?
-          claro, que así vas a venir tú
-          yo quería vestirme de pajita, de un colorcito, pues, que no sea blanco, porque…
-          quítate tus porqués
-          lo importante es que vas a ser imagen de la Iglesia, que cada día santa, inmaculada se entrega a su Esposo Cristo
-          es que ya tengo 3 hijos
-          si tuvieses 10, y hasta ahora te casas por la Iglesia de blanco debes ir a la Iglesia

A veces pensamos absurdamente que lo blanco en el matrimonio es sólo pureza y pureza sexual, que pena, no. No casaríamos de blanco a ninguna pareja, créanme, que hoy disparatadamente los novios no viven auténticamente su escuela de noviazgo, no viven adecuadamente lo que debería ser su noviazgo, sino que ya se andan adelantando en expresiones, que deberían de guardarse para el día de su matrimonio por la Iglesia y por lo Civil.

En el momento en que se unen las almas ante Dios y se unen los corazones, se unirán también los cuerpos, por eso hoy ustedes vienen hermosamente vestidas de blanco, ninguna viene de pajita, alguna más discretita con la cola más chiquitita, etc. Pero ustedes, mis queridas hermanas, novias serán la Iglesia, que se entregan a su Esposo Cristo. Y sus maridos serán, se empañarán en ser la imagen de Jesucristo, proyectar siempre a Cristo, por eso Pablo, dice: maridos amen a sus mujeres, como Cristo amó a la Iglesia, mujeres sométanse a su marido, como al Señor, como la Iglesia se somete a Cristo. Así ustedes van a someterse a sus maridos en la medida que sus maridos sean como el Señor Jesucristo, eh, nada de que: ya oíste vieja te me vas a someter a mí. Sí, viejito tú también oíste tienes que ser como Jesús y amarme hasta la muerte, y muerte de cruz, si es necesario. El amor de ustedes hoy se diviniza, se humaniza, se sublima, este amor humano se diviniza y se sublima, no es amor simplemente humano.

Guillermo amabas a Guadalupe a lo Rosas Barcenas, pero hoy la vas a amar a lo divino, como Guadalupe te amaba hasta ahora a lo Guzmán Martínez, pero hoy te va amar, también, a lo divino. Así como Jesús Alberto Aguilar Lozano amaba sólo a su mujer Aguilar Lozano, pero ahora la vas amar a lo divino, como Nelly Carmen te va amar a lo Bustamante de Paz y así cada uno de ustedes a lo divino, porque ese amor de ustedes se diviniza, se sublima.

Miren, su matrimonio hoy es el triunfo clamoroso del amor, de este amor de ágape, de este amor de ofrenda, de este amor de donación. El amor efectivamente es el que los ha traído aquí a unir sus corazones. El que los ha traído aquí para que Dios por su Iglesia lo reconozca, lo bendiga, lo haga más fuerte y eterno entre ustedes dos ¿y por qué caminos misteriosos ha llegado ese amor a sus corazones y a sus vidas?

Miren, mis amados hermanos y hermanas y amigos todos, en el mundo no existe más amor que uno, el que Dios es y el que Dios derrama hacía todas sus creaturas. Ningún otro amor es verdadero amor aunque acaso lo parezca todo el amor del mundo nace de esa fuente que es Dios y si es amor auténtico, verdadero, es amor limpio, es amor puro, es amor santo, como es el amor de Dios. Si nosotros vamos a la Sagrada Escritura vamos a encontrar desde el primer libro del Génesis, como en medio de antropomorfismos, en medio de símbolos, en medio de figuras literarios nos transmite el mensaje fundamental de que todo el Universo procede de la acción creadora de Dios y que todo el Universo es un reflejo, diríamos, algo de lo que Dios es. Por eso nos dice la Sagrada Escritura el libro del Génesis: que cuando Dios contemplo toda la obra de la creación, vio Dios que era bueno. Pero cuando Dios vio al hombre y a la mujer vio que era muy bueno. ¿Por qué? porque el hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Porque el hombre y la mujer han sido creados, diríamos, como una copia, como un retrato, como un doble casi exacto de Dios y de todas sus perfecciones en la medida en que ustedes vivan amándose, perdonándose, ayudándose, promoviéndose se van asemejar a Dios. En la medida en que se aparten de este amor de entrega, de ofrenda, de donación, se irán apartando del amor de Dios, porque Dios, lo dice bien claro san Juan en su primera carta 4-9: Dios es Amor, y de esto se sigue que como consecuencia que una de las primeras cualidades del hombre, diríamos, uno de los primeros fines de su existencia es precisamente el haber sido creado para el amor y es ahí donde esta la semejanza del hombre con Dios. Es ahí donde de verdad somos el retrato de Dios, cuando amamos.

Efectivamente, mis amados hermanos, Dios no es un ser solitario, Dios en su misterio más íntimo es una comunidad de vida y de amor. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo las tres divinas personas forman una comunidad perfecta y viviente, cuyas relaciones están presididas por el amor y son pura relación de amor.

Miren, mis amados hermanos y hermanas, esas precisamente la significación más profunda del misterio de la Santísima Trinidad, de la misma manera que la esencia misma de Dios es el amor, es decir: conocerse, amarse y ser amado. Así, también, el hombre hecho imagen y semejanza de Dios, ha sido creado para amar y ser a la vez amado. Y, miren, ustedes han querido unir sus vidas, por el Sacramento del Matrimonio en la casita de nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe ¿por qué? porque la han querido invitar a su boda. ¡Qué gran significado tiene esto, el casarse aquí en la casita del Tepeyac! Como hemos escuchado en el trozo del Evangelio, miren: unos novios de Caná de Galilea invitaron a María y a Jesús a sus bodas. Mis hermanos, nunca hubo más acertada invitación, ojala que todos los novios renovarán esta invitación, que pena muchos novios dicen: no nada más nos rejuntamos, ni siquiera por el civil nos casamos ¿para qué? vamos a ensayar si la hacemos o no la hacemos. Es que no es para eso la unión del hombre y la mujer. Ustedes han pasado varios años y hasta que llegó el momento en que decidieron: queremos que Dios nos bendiga, queremos que Dios fecunde en nuestro amor y venimos a invitarle y delante de Él nos vamos a unir. Miren, no sabemos aquí los nombres de aquellos simpáticos novios, pero no importan al ser anónimos podríamos poner el nombre: Hugo y de Mónica, o el nombre de Cornelio y de Flora de la Cruz o el nombre de Carlos y de Berta, y el nombre de José Alberto y María de Lourdes, que sé yo, el nombre de cada uno de ustedes. Pero, miren, lo maravilloso es que la invitación fue aceptada y el Mesías, el Hijo de Dios, Jesucristo estuvo de bodas, participó de la fiesta, participó de la alegría que origina esta importante acontecimiento humano. Estoy seguro que el felicitó a los novios, brindó por su felicidad, por su amor y desde luego los bendijo de corazón. Quiere decir, mis hermanos, que Dios es humano, que Dios bendice el amor, que consagra la unión del hombre y de la mujer. Quiere decir que Dios es amigo de la vida y de las relaciones humanas y de la alegría, hasta de los banquetes de bodas. Pero, miren, lo que paso ahí, como la presencia de Jesús en una boda, puede interpretarse como purificación, como santificación de todas las bodas. Fíjense, purificación, santificación de todas las bodas, esto es lo que va a pasar en ustedes, mis amados hermanos, por eso todos les vamos a decir: felicidades Celestino, felicidades Carolina, felicidades David, felicidades Marisela, Rocío, es decir: sean plenos, porque van a vivir en el amor. Sean plenos, sean felices, realizados, porque van a caminar en el amor. Miren, ese amor de ustedes hoy es santificado, Jesús lo santifica, lo mismo que santificó la familia por el hecho de haber nacido en ella y haber vivido en ella, la santifica, la sacramentaliza. Así pasa con la boda por el hecho de que Él haya asistido a ella. Convierte el matrimonio en fuente de gracias; convierte el matrimonio en fuente de salvación, no es lo mismo ser casado por la Iglesia, que nada más ser casado por lo civil, no es lo mismo. Que bueno que ustedes ya se abrieron a la gracia de Dios, a recibir las bendiciones de Dios. Que bueno que van a estar atentos para acudir a la Santísima Virgen María, cuando se les acabe el vino, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, el vino del diálogo, el vino del reencuentro, el vino del perdón.

Acudirán a la Virgencita y le dirán: Señora, aunque Ella va a estar al pendiente de ustedes, Ella va a estar al cuidado de ustedes. Ustedes va a acudir a decirle: Señora ya no tenemos vino, se nos está acabando el vino y se acaba el vino. Y se acaba el vino, mis hermanos, cuando llegan: los abusos, las incomprensiones. Cuando llegan: las dudas, cuando llega, que terrible es esto, la violencia intrafamiliar, cuando llegan los desencantos, cuando llegan las incomprensiones, cuando llega la rutina. Ya no sienten atractivo uno del otro, dejan apagar ese amor, o más bien dejan que se cubran de cenizas por la indolencia, por la tibieza. El amor ahí está, pero las cenizas de su indiferencia de su rutina, que terrible carcoma es la rutina, hace que ya no se sienta el calor. Como es necesario que llegue un viento, el viento del Espíritu Santo para que sople sobre esas cenizas y vuelva a encender el fuego del amor y es la Virgencita la que va a estar atenta para decirle, a Jesucristo: ya no tienen vino, ya se les acabo el vino. Y entonces Cristo intervendrá inmediatamente, participará en la vida de ustedes, caminará con ustedes. De hecho ese es el compromiso del matrimonio, proyecto de vida con Cristo, para transformar esa agua insípida de la humanidad en el exquisito vino del diálogo y del amor.

¡Felicidades por este día tan especial!

¡Felicidades por este día tan hermoso!

Disfrútenlo, gocen su fiesta, ahora y allá en su casa, sean mediditos no vayan a terminar de bajo de la mesa, que no se les pasen las copiosas. Nada de eso, no echen a perder esta fiesta, no echen a perder este festejo tan hermoso de su unión, de su boda, de su sacramento matrimonial.

Pues, que el Señor les bendiga y los felicitamos muy sinceramente.

¡Felicidades a todos!

 
 
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