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Peregrinación de la
Unión Nacional de Aves Canoras
y de Ornato A.C.
9 de abril de 2006


Homilía, pronunciada por el M. I. Sr. Cango. Jesús Guizar Villanueva, en la Peregrinación de la Unión Nacional de Aves Canoras y de Ornato A.C.

Muy queridos hermanos se abre la Semana Santa con la lectura de la Pasión de Cristo en este Domingo de Ramos en el que se bendicen las palmas que ustedes han traído y que dejarán en su hogar como signo de fe en la obra redentora de Cristo Jesús.

Recordamos que los niños hebreos en aquel día en que Jesús entró a Jerusalén para la celebración grande de la Pascua, le pedían con gritos y con júbilo en su corazón, y al paso de Jesús, que iba montado en un burro, gritaban moviendo las ramas de los olivos, agitándolas en sus manos: "Hosanna al hijo de David", "Bendito el que viene en el nombre del Señor".

Estaban admirados los niños hebreos, sus padres, su madre, porque acababa de suceder un hecho muy importante: Jesucristo había resucitado a su amigo Lázaro y eso alegró y sorprendió a la gente.

 Por el contrario, los jefes religiosos de los judíos estaban a disgusto porque tenían miedo de qué la gente creyera en Jesús y luego los soldados romanos tomaran venganza del pueblo.

Fue el Sumo Sacerdote Caifas el que dijo: no se apuren, mejor que muera uno y no todo el pueblo y por eso tomaron la decisión de matarlo. La envidia hizo que los jefes religiosos tuvieran ese odio terrible contra Jesús y ese odio lo fueron comunicando al pueblo, de tal manera que los niños hebreos tan jubilosos, ya para el viernes Santo estaban gritando con la gente: crucifícalo!, crucifícalo!

¿En qué momento se fue la esperanza? El gozo de ver a Jesús como el gran predicador; ¿en qué momento desapareció la confianza en El? en el momento en que entró la envidia y la traición. Porque recordemos que para celebrar la Pascua, Jesús llamó a sus doce Discípulos que después serían los Apóstoles.

Los invitó a comer, preparó para ellos un lugar y un manjar, partió el pan y en ese momento instituyó el Sacramento de la Eucaristía.

Les dio el pan: “Tomen y coman porque esto desde ahora es mi cuerpo, deja de ser pan para convertirse en mi cuerpo, que será entregado por la salvación de todos”.

 Y luego les ofrece una copa de vino diciéndoles: "Tomen y beban, éste es el Cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los pecados hagan esto en conmemoración mía”.

Se instituye el Sacramento de la Eucaristía con el que nos alimentamos y se instituye el Sacramento del sacerdocio.
Cuando Jesús abandona el cenáculo, viene en beso traidor de Judas y una vez que Jesús es aprehendido por el piquete de soldados romanos, comienza la noche más triste para Jesús y la humanidad, ya no duerme, lo llevan de Anas a Caifas y de ahí con Herodes y después con Pilatos, lo regresan. Mientras tanto los soldados de burlan de él, le colocan una corona de espinas, lo golpean con una caña, lo insultan, le escupen al rostro y le daban de bofetadas.

A tal punto que el procurador romano Poncio Pilatos lo ve tan desfigurado y al mismo tiempo sabe que es inocente, que piensa él que lo puede salvar proponiéndole a la gente: ¿a quién quieren que deje en libertad, a Jesús ó Barrabas?.

Y para eso todavía lo mandó azotar antes para que le saliera más sangre y el pueblo se compadeciera de él, pero el pueblo grito: ¡crucifícalo!

Y esto es lo que vamos a hacer en esta semana con toda la piedad recogida de siglos y siglos. Queridos hermanos  vamos a acompañar a Cristo Jesús en su pasión, en su soledad, en su sangre, en su sudor, en el despojo de sus vestiduras de camino hacia el calvario, en la cruz y en la muerte.

Vamos a acompañarlo también en Ia Pascua, la Resurrección gloriosa que celebraremos dentro de ocho días. Jesús pasa por nuestra vida, pasa por la condición humana frágil para redimirla y entonces el hombre es rescatado del poder del mal y es proyectado a la gloria.

Entonces podemos vivir una Semana Santa a partir de la bendición de los ramos y la celebración de ésta Eucaristía.

Podemos preparar también nuestra alma para tenerla vibrando con la gracia de Dios, cantar la alabanza y la misericordia del mismo Señor, podemos entender a fondo que nuestra vida final es el paraíso que anticipo la Virgen de Guadalupe para Juan Diego cuando llegó al Tepeyac; y el canto hermoso de los pajaritos le hizo pensar a Juan Diego que estaba en el paraíso.

Ahora escuchamos el canto bello de las aves, si así es en la tierra cómo será la Gloria de Dios en el cielo!

La garganta del cenzontle I de los clarines, calandrias, ruiseñores, jilgueros, canarios, todo eso alegra nuestros oídos y nos permite anticipar un poco la alegría del próximo domingo, y la Virgen Santa María de Guadalupe que nos congrega aquí, ella hace que tengamos en los labios el sabor del cielo.

Le he escrito a la Virgen diciéndole: te llamaré mi sol por tu mirada, Guadalupe de luz Santa María, mi fuente de salud por tu alegría y limpio despertar por tu alborada.

Té llamaré mi inspiración sagrada por tu dulce melodía, te llamaré mi niña mía, te llenaré de gracia fresca noria con veneros que traes del paraíso para llenar mí cántaro de gloria. Al pie del Tepeyac cedo mi piso, porque sé que tu amor a nuestro suelo tiene el mismo sabor que hay en el cielo.

Entendamos este momento con el canto de las aves como una anticipación del cielo en dónde la Virgen nos espera y Jesús también, para coronamos de Gloria.

 
 
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