Homilía,
pronunciada por el M. I. Sr. Cango. Jesús Guizar Villanueva,
en la Peregrinación de la Unión Nacional de Aves Canoras y
de Ornato A.C.
Muy queridos hermanos se abre la Semana Santa
con la lectura de la Pasión de Cristo en este Domingo de Ramos
en el que se bendicen las palmas que ustedes han traído y
que dejarán en su hogar como signo de fe en la obra redentora
de Cristo Jesús.
Recordamos que los niños hebreos en aquel día en que Jesús
entró a Jerusalén para la celebración grande de la Pascua,
le pedían con gritos y con júbilo en su corazón, y al paso
de Jesús, que iba montado en un burro, gritaban moviendo las
ramas de los olivos, agitándolas en sus manos: "Hosanna
al hijo de David", "Bendito el que viene en el nombre
del Señor".
Estaban admirados los niños hebreos, sus padres, su madre,
porque acababa de suceder un hecho muy importante: Jesucristo
había resucitado a su amigo Lázaro y eso alegró y sorprendió
a la gente.
Por el contrario, los jefes religiosos de los judíos estaban
a disgusto porque tenían miedo de qué la gente creyera en
Jesús y luego los soldados romanos tomaran venganza del pueblo.
Fue el Sumo Sacerdote Caifas el que dijo: no se apuren, mejor
que muera uno y no todo el pueblo y por eso tomaron la decisión
de matarlo. La envidia hizo que los jefes religiosos tuvieran
ese odio terrible contra Jesús y ese odio lo fueron comunicando
al pueblo, de tal manera que los niños hebreos tan jubilosos,
ya para el viernes Santo estaban gritando con la gente: crucifícalo!,
crucifícalo!
¿En qué momento se fue la esperanza? El gozo de ver a Jesús
como el gran predicador; ¿en qué momento desapareció la confianza
en El? en el momento en que entró la envidia y la traición.
Porque recordemos que para celebrar la Pascua, Jesús llamó
a sus doce Discípulos que después serían los Apóstoles.
Los invitó a comer, preparó para ellos un lugar y un manjar,
partió el pan y en ese momento instituyó el Sacramento de
la Eucaristía.
Les dio el pan: “Tomen y coman porque esto desde ahora
es mi cuerpo, deja de ser pan para convertirse en mi cuerpo,
que será entregado por la salvación de todos”.
Y luego les ofrece una copa de vino diciéndoles: "Tomen
y beban, éste es el Cáliz de mi sangre, sangre de la alianza
nueva y eterna que será derramada por ustedes y por todos
los hombres para el perdón de los pecados hagan esto en conmemoración
mía”.
Se instituye el Sacramento de la Eucaristía con el que nos
alimentamos y se instituye el Sacramento del sacerdocio. Cuando Jesús abandona el cenáculo, viene en beso traidor de
Judas y una vez que Jesús es aprehendido por el piquete de
soldados romanos, comienza la noche más triste para Jesús
y la humanidad, ya no duerme, lo llevan de Anas a Caifas y
de ahí con Herodes y después con Pilatos, lo regresan. Mientras
tanto los soldados de burlan de él, le colocan una corona
de espinas, lo golpean con una caña, lo insultan, le escupen
al rostro y le daban de bofetadas.
A tal punto que el procurador romano Poncio Pilatos lo ve tan
desfigurado y al mismo tiempo sabe que es inocente, que piensa
él que lo puede salvar proponiéndole a la gente: ¿a quién
quieren que deje en libertad, a Jesús ó Barrabas?.
Y para eso todavía lo mandó azotar antes para que le saliera
más sangre y el pueblo se compadeciera de él, pero el pueblo
grito: ¡crucifícalo!
Y esto es lo que vamos a hacer en esta semana con toda la piedad
recogida de siglos y siglos. Queridos hermanos vamos a acompañar
a Cristo Jesús en su pasión, en su soledad, en su sangre,
en su sudor, en el despojo de sus vestiduras de camino hacia
el calvario, en la cruz y en la muerte.
Vamos a acompañarlo también en Ia Pascua, la Resurrección gloriosa
que celebraremos dentro de ocho días. Jesús pasa por nuestra
vida, pasa por la condición humana frágil para redimirla y
entonces el hombre es rescatado del poder del mal y es proyectado
a la gloria.
Entonces podemos vivir una Semana Santa a partir de la bendición
de los ramos y la celebración de ésta Eucaristía.
Podemos preparar también nuestra alma para tenerla vibrando
con la gracia de Dios, cantar la alabanza y la misericordia
del mismo Señor, podemos entender a fondo que nuestra vida
final es el paraíso que anticipo la Virgen de Guadalupe para
Juan Diego cuando llegó al Tepeyac; y el canto hermoso de
los pajaritos le hizo pensar a Juan Diego que estaba en el
paraíso.
Ahora escuchamos el canto bello de las aves, si así es en la
tierra cómo será la Gloria de Dios en el cielo!
La garganta del cenzontle I de los clarines, calandrias, ruiseñores,
jilgueros, canarios, todo eso alegra nuestros oídos y nos
permite anticipar un poco la alegría del próximo domingo,
y la Virgen Santa María de Guadalupe que nos congrega aquí,
ella hace que tengamos en los labios el sabor del cielo.
Le he escrito a la Virgen diciéndole: te llamaré mi sol por
tu mirada, Guadalupe de luz Santa María, mi fuente de salud
por tu alegría y limpio despertar por tu alborada.
Té llamaré mi inspiración sagrada por tu dulce melodía, te
llamaré mi niña mía, te llenaré de gracia fresca noria con
veneros que traes del paraíso para llenar mí cántaro de gloria.
Al pie del Tepeyac cedo mi piso, porque sé que tu amor a nuestro
suelo tiene el mismo sabor que hay en el cielo.
Entendamos este momento con el canto de las aves como una anticipación
del cielo en dónde la Virgen nos espera y Jesús también, para
coronamos de Gloria.