El
Miércoles de Ceniza, marca el inicio de la Cuaresma, que en el
tiempo litúrgico de la Iglesia, es un tiempo de reflexión sobre
nuestra vida, cómo la hemos llevado y hacia dónde vamos con lo
que estamos haciendo a diario, en nuestra familia, el trabajo,
los amigos.
Es el tiempo en que la Iglesia nos llama a encontrarnos con
nosotros mismos y con el amor misericordioso de Dios, y experimentar
de manera más viva la Pascua de Jesús, la Resurrección, la alegría
que llega a nuestra vida, cuando dejamos atrás actitudes y acciones
que nos dañas a nosotros mismos o a los demás.
El Miércoles de Ceniza, acudimos al templo para que nos imponga
un poco de ceniza en la frente. El significado de esta acción
es reconocernos pecadores y con la necesidad del perdón de Dios.
Esto es solamente un signo que debe expresar lo más importante,
que es la actitud interior de arrepentimiento y deseo de convertirnos
a Dios y de llevar una vida mejor.
A lo largo de toda la Cuaresma vivimos otros signos de penitencia
como son el ayuno y la abstinencia, con el mismo deseo de que
Dios nos dé su gracia y fortalezcamos nuestra voluntad para lograr
la conversión y vivir plenamente la gran fiesta de los cristianos,
que es la Pascua.
El pasado primero de marzo del año en curso –el Miércoles de
Ceniza--, Su Santidad Benedicto XVI, destacó la importancia de
vivir la Cuaresma.
“En todas las comunidades parroquiales se realiza hoy un gesto
austero y simbólico: la imposición de la ceniza, y este
rito es acompañado por dos fórmulas llenas de significado que
constituyen un apremiante llamamiento a reconocerse pecadores
y a volver a Dios.
La primera fórmula dice: Acuérdate de que eres polvo y al polvo
volverás. (Cf. Génesis 3, 19), evoca la condición humana sometida
al signo de caducidad y de la limitación, y quiere llevarnos a
poner únicamente la esperanza en Dios.
La segunda fórmula dice Convertíos y creed en el Evangelio
(Marcos 1, 15), es una invitación a hacer de la adhesión firme
y confiada al Evangelio el fundamento de la renovación personal
y comunitaria”. La Cuaresma se ve como un camino que conduce
a la Pascua, a través de: * Un llamado a la conversión, a revisar la vida y buscar la
forma de cambiarla, viviendo según el criterio del Evangelio
de Cristo.
* Nos invita a profundizar nuestra
fe, escuchando la Palabra de Dios. Es tiempo privilegiado para
la instrucción de los cristianos, mediante la meditación, ejercicios
espirituales y cursos especiales de evangelización.
* Nos invita a una particular purificación e iluminación, mediante
la práctica del Sacramento de la Reconciliación (Confesión) y
la mayor frecuencia al Sacramento de la Eucaristía.
El Papa Benedicto XVI, nos recuerda que la Cuaresma “es un
tiempo propicio en el que la Iglesia invita a los cristianos a
tomar conciencia más viva de la obra redentora de Cristo y vivir
con más profundidad en el Bautismo.“
La Cuaresma nos estimula a dejar que la Palabra de Dios penetre
en nuestra vida y a conocer de este modo la verdad fundamental:
quiénes somos, de dónde venimos, adónde tenemos que ir, cuál es
el camino que hay que tomar en la vida.
De este modo, el periodo de la Cuaresma nos ofrece un camino
ascético y litúrgico que, ayudándonos a abrir los ojos ante nuestra
debilidad, nos hace abrir el corazón al amor misericordioso del
mismo”.
Otros de las actitudes, de las cuales nos habla el Papa Benedicto
XVI para vivir en este tiempo, es el “ayuno y la limosna”,
que, junto con la oración, la iglesia propone de modo especial
en el periodo de Cuaresma.
“Son una ocasión propicia para conformarnos por esa “mirada”,
la mirada de Cristo, y para vernos a nosotros mismos, a la humanidad,
a los demás, con su mirada.
Con este espíritu, entramos en el clima austero y orante de la
Cuaresma, que es precisamente un clima de amor por el hermano”.
Desde la Basílica de Guadalupe, deseamos a todos ustedes la fortaleza
para vivir este tiempo y vivir reconociéndonos como hermanos en
el amor misericordioso de Jesucristo Resucitado. |
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