Homilía de Mons. Salvador Martínez Rector del
Seminario Conciliar de México en la Peregrinación del Colegio
Anglo Español.
Están aquí los alumnos, las alumnas, del Colegio Anglo Español,
también los apóstoles seglares. Así que la homilía vamos a adaptarla
para ellos, los niños, las niñas, los jóvenes, las jóvenes.
En primer lugar yo quisiera preguntarles: ¿quienes alguna vez
han ido de campamento?, ¿quienes alguna vez han ido a una excursión
al campo, lejos, donde hace frío, donde hay montañas? Levanten
la mano. ¿Ninguno?, algunos…
Cuando uno sale va ilusionado, es muy bonito decir: “quiero
ir de campamento”, pero para ir de campamento tiene uno que llevar
sus cosas si va a lugares apartados donde no hay luz, donde no
hay tubería, donde no hay construcciones, y en la noche está muy
oscuro y hace frío.
Suele suceder que cuando uno está lejos se acuerda de la casa,
se acuerda de sus papás, se acuerda del calorcito, del cariño,
porque uno a veces se siente solo, está lejos de la casa.
Pero uno sabe, cuando ya regresó, que el haber cumplido con un
viaje, a la mejor porque me encargaron que hiciera algo, al regresar
me acuerdo de todo lo difícil que pasé por allá, de los sufrimientos
que tuve, pero sé que todo ello valió la pena, que fueron experiencias
que no se me olvidan. Y si yo tenía que cumplir con una misión,
con un encargo, y lo hice, entonces estoy contento, lleno de felicidad,
lleno de alegría.
La
Santísima Virgen María era una chica tal vez de 14
años, cuando el Ángel Gabriel la visitó --es lo que leímos en
la lectura del Evangelio--, cuando le dijo que iba a ser mamá.
Normalmente en la actualidad, son pocas las chicas que a los 14
años tienen un hijo, muy pocas, la mayor parte de las mujeres
tienen hijos un poquito más adelante en la vida.
Tener un hijo es como una aventura, una misión muy importante.
Claro, cuando la Virgen María dijo que sí al Ángel, lo dijo con
mucho valor y con mucha confianza pero también tuvo muy claro
que tal vez iba a estar difícil.
A la mejor algún día extrañó que ya no iba a jugar con sus amigas,
otro día extrañó que ya no se iba a quedar tranquila en Nazaret
sino que iba a tener las responsabilidades de una mujer mayor,
de una mujer grande.
Ahora bien, cuando ella poco a poco a lo largo de su vida,
fue cumpliendo con la misión que Dios le había invitado a tomar,
Ella poco a poco también fue fortaleciendo su corazón y su confianza
en Dios y en la medida que avanzaba, en la medida que iba logrando
lo que Dios le pedía, entonces en esa medida también iba siendo
cada vez más feliz.
Por qué les digo esto?, la mayor parte de ustedes peregrinaron,
caminaron, ¿nadie se desmayó?, nadie, ¿quién se quedó muerto?,
nadie, ¿quién se cansó un poquito?, ¿a quién le duelen los callos
un poquito?, a varios nos duelen los callos un poquito.
Pero al llegar aquí, al estar con la Santísima Virgen María
decimos: “si, ya llegué, ya estoy aquí, y vale la pena, vale la
pena”.
Nosotros tenemos que aprender que muchas cosas en la vida que
son importantes y buenas tenemos que afrontarlas y decir: “si
puedo”, aunque me duelan los callos, aunque a la mejor alguno
o alguna en el camino se quiso marear. No, no, uno se pone fuerte,
respira profundo y dice: “no me voy a desmayar porque sí puedo”.
Todo lo que hacemos no lo valoramos nada más por si me gusta
o no me gusta, porque si valoráramos nada más por esa razón, ustedes
creen que la Virgen María habría dicho: “Si, hágase en mi según
su Palabra”?, Si ella hubiera tenido ese criterio a la mejor Jesús
nunca hubiera nacido.
Por eso es importante que nosotros también aprendamos a ver
a la Virgen María, a ver a Jesús, y a descubrir que en nuestra
vida, los esfuerzos, los vencimientos, el decir “aquí estoy yo
para hacer tu voluntad” (lectura del Salmo), es algo que vale
la pena, es algo importante. Aunque cueste trabajo, aunque me
duela, pero sé que Dios nunca dejará que sus siervos, que sus
hijos, que los que El ama y la Virgen Santísima también ama, perezcan
y sean defraudados.
Asi es que hoy que peregrinamos, que caminamos un pedacito,
tenemos esta enseñanza bellísima. Si salimos de nuestra casa,
si salimos de donde estamos a gusto y caminamos por caminos difíciles,
caminamos por caminos que a la mejor nos da dificultad, no hay
que echarse para atrás, no hay que rajarse, sino esforzarse con
cariño y con alegría porque sabemos que allá donde me está llamando
Dios para hacer su voluntad, allá es exactamente donde voy a encontrar
la felicidad plena, la felicidad de a de veras, la que no se acaba.
Quiere el Señor sostenernos en todo nuestro caminar, ya quienes
han venido de más lejos, a quienes han venido precisamente porque
en su corazón sienten que sólo la Santísima Virgen María puede
apoyarlos, ayudarlos, sostenerlos, quiera la Santísima Virgen
María extender su manto, sobre ese sufrimiento, sobre ese dolor,
sobre esa carencia de trabajo, sobre esas soledades que a mejor
están sufriendo porque alguien anda lejos buscando un trabajo.
Y quiera la Santísima Virgen María confortarnos para que si estamos
decaídos, si estamos débiles, nos fortalezca, nos levante y nos
siga sosteniendo para seguir adelante.
¿Quienes después de haber hecho toda la peregrinación, estarían
contentos de hacer otras muchas peregrinaciones?, (muchos levantan
la mano). ¿Verdad que no nos rajamos?, no, porque sabemos que
es una misión bella.
Vamos entonces a continuar nuestra celebración. |
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