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Peregrinación del
Colegio Anglo Español

Sábado 11 de marzo de 2006

 

Homilía de Mons. Salvador Martínez Rector del Seminario Conciliar de México en la Peregrinación del Colegio Anglo Español.

Están aquí los alumnos, las alumnas, del Colegio Anglo Español, también los apóstoles seglares. Así que la homilía vamos a adaptarla para ellos, los niños, las niñas, los jóvenes, las jóvenes.

En primer lugar yo quisiera preguntarles: ¿quienes alguna vez han ido de campamento?, ¿quienes alguna vez han ido a una excursión al campo, lejos, donde hace frío, donde hay montañas? Levanten la mano. ¿Ninguno?, algunos…

Cuando uno sale va ilusionado, es muy bonito decir: “quiero ir de campamento”, pero para ir de campamento tiene uno que llevar sus cosas si va a lugares apartados donde no hay luz, donde no hay tubería, donde no hay construcciones, y en la noche está muy oscuro y hace frío.

Suele suceder que cuando uno está lejos se acuerda de la casa, se acuerda de sus papás, se acuerda del calorcito, del cariño, porque uno a veces se siente solo, está lejos de la casa.

Pero uno sabe, cuando ya regresó, que el haber cumplido con un viaje, a la mejor porque me encargaron que hiciera algo, al regresar me acuerdo de todo lo difícil que pasé por allá, de los sufrimientos que tuve, pero sé que todo ello valió la pena, que fueron experiencias que no se me olvidan. Y si yo tenía que cumplir con una misión, con un encargo, y lo hice, entonces estoy contento, lleno de felicidad, lleno de alegría.

La Santísima Virgen María era una chica tal vez de 14 años, cuando el Ángel Gabriel la visitó --es lo que leímos en la lectura del Evangelio--, cuando le dijo que iba a ser mamá. Normalmente en la actualidad, son pocas las chicas que a los 14 años tienen un hijo, muy pocas, la mayor parte de las mujeres tienen hijos un poquito más adelante en la vida.

Tener un hijo es como una aventura, una misión muy importante. Claro, cuando la Virgen María dijo que sí al Ángel, lo dijo con mucho valor y con mucha confianza pero también tuvo muy  claro que tal vez iba a estar difícil.

A la mejor algún día extrañó que ya no iba a jugar con sus amigas, otro día extrañó que ya no se iba a quedar tranquila en Nazaret sino que iba a tener las responsabilidades de una mujer mayor, de una mujer grande.

Ahora bien, cuando ella poco a poco a lo largo de su vida, fue cumpliendo con la misión que Dios le había invitado a tomar, Ella poco a poco también fue fortaleciendo su corazón y su confianza en Dios y en la medida que avanzaba, en la medida que iba logrando lo que Dios le pedía, entonces en esa medida también iba siendo cada vez más feliz.

Por qué les digo esto?, la mayor parte de ustedes peregrinaron, caminaron, ¿nadie se desmayó?, nadie, ¿quién se quedó muerto?, nadie, ¿quién se cansó un poquito?, ¿a quién le duelen los callos un poquito?, a varios nos duelen los callos un poquito.

Pero al llegar aquí, al estar con la Santísima Virgen María decimos: “si, ya llegué, ya estoy aquí, y vale la pena, vale la pena”.

Nosotros tenemos que aprender que muchas cosas en la vida que son importantes y buenas tenemos que afrontarlas y decir: “si puedo”, aunque me duelan los callos, aunque a la mejor alguno o alguna en el camino se quiso marear. No, no, uno se pone fuerte, respira profundo y dice: “no me voy a desmayar porque sí puedo”.

Todo lo que hacemos no lo valoramos nada más por si me gusta o no me gusta, porque si valoráramos nada más por esa razón, ustedes creen que la Virgen María habría dicho: “Si, hágase en mi según su Palabra”?, Si ella hubiera tenido ese criterio a la mejor Jesús nunca hubiera nacido.

Por eso es importante que nosotros también aprendamos a ver a la Virgen María, a ver a Jesús, y a descubrir que en nuestra vida, los esfuerzos, los vencimientos, el decir “aquí estoy yo para hacer tu voluntad” (lectura del Salmo), es algo que vale la pena, es algo importante. Aunque cueste trabajo, aunque me duela, pero sé que Dios nunca dejará que sus siervos, que sus hijos, que los que El ama y la Virgen Santísima también ama, perezcan y sean defraudados. 

Asi es que hoy que peregrinamos, que caminamos un pedacito, tenemos esta enseñanza bellísima. Si salimos de nuestra casa, si salimos de donde estamos a gusto y caminamos por caminos difíciles, caminamos por caminos que a la mejor nos da dificultad, no hay que echarse para atrás, no hay que rajarse, sino esforzarse con cariño y con alegría porque sabemos que allá donde me está llamando Dios para hacer su voluntad, allá es exactamente donde voy a encontrar la felicidad plena, la felicidad de a de veras, la que no se acaba.

Quiere el Señor sostenernos en todo nuestro caminar, ya  quienes han venido de más lejos, a quienes han venido precisamente porque en su corazón sienten que sólo la Santísima Virgen María puede apoyarlos, ayudarlos, sostenerlos, quiera la Santísima Virgen María extender su manto, sobre ese sufrimiento, sobre ese dolor, sobre esa carencia de trabajo, sobre esas soledades que a mejor están sufriendo porque alguien anda lejos buscando un trabajo. Y quiera la Santísima Virgen María confortarnos para que si estamos decaídos, si estamos débiles, nos fortalezca, nos levante y nos siga sosteniendo para seguir adelante.

¿Quienes después de haber hecho toda la peregrinación, estarían contentos de hacer otras muchas peregrinaciones?, (muchos levantan la mano). ¿Verdad que no nos rajamos?, no, porque sabemos que es una misión bella.

Vamos entonces a continuar nuestra celebración.

 
 
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