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Peregrinación Unión de
Comerciantes y Tianguistas
no asalariados A.C.

Jueves 30 de marzo de 2006

Homilía, pronunciada por  el  M. I. Sr. Cango. Jesús Guizar Villanueva, en la Peregrinación de Unión de Comerciantes y Tianguistas no asalariados A.C.

Muy queridos peregrinos que están presentes aquí con la alegría de su corazón, estandartes, banderas, flores, sus trajes, sus cuerpos preparados para encontrarse con la Santísima Virgen y su corazón y alma limpia en su presencia.

Queridos fieles atraídos por el dulce amor de Santa María de Guadalupe, en esta ocasión la Madre Iglesia nos presenta a Jesús que nos habla, de quien da testimonio de él.

Es impresionante lo que dice y cómo lo dice. Dan testimonio de él, las Santas Escrituras porque viene anunciado desde la época antigua como el Mesías, el liberador del pueblo.

Dan testimonio de los profetas antiguos, los salmos hablan del Mesías Redentor del pueblo.

Ustedes recordarán el momento en que Jesús comienza su ministerio público, él va a una sinagoga en Nazaret, estando allí desenrolla un libro que corresponde al capítulo 60 del profeta Isaías y que dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres, anunciar la libertad de los cautivos, devolver la vista a los ciegos y anunciar el año de gracias del Señor.

Jesús enrolla el libro, va a su lugar y dice: “Hoy se está cumpliendo ésta palabra”. Está encarnando la misión de Dios; ahí las escrituras dan testimonio del Jesús, y en el momento de su Bautismo se abre el cielo y de una nube se escucha la voz del Padre Celestial, que dice: “Este es mi Hijo muy amado, a él escúchenlo”.

Escuchar, en la terminología bíblica, significa, obedecer, escúchenlo, Shema. Shema Israel, escucha, Israel.

Como los Mandamientos de la antigua ley descritos y manifiestos en el Libro del Éxodo, Shema Israel. Los 10 Mandamientos que son el camino seguro para alcanzar lo que Dios promete a quienes son fieles: una vida trascendente.

En el capítulo 17  del Evangelio de San Mateo aparece Cristo con Elías y Moisés, profetas, y la voz del Padre: “Este es mi Hijo muy amado, escúchenlo”.

Jesús manifiesta su grandeza como enviado de Dios con sus milagros. Valoremos juntos, el primero de todos los Milagros: la transformación del agua en vino en las Bodas de Cana, la curación de tantos enfermos leprosos, paralíticos, tullidos, ciegos; de los endemoniados. Jesús que calma los vientos en aquellos dos relatos de la tempestad en el mar de Galilea.

Jesús convierte la fe de los pobres a través de su comprensión y cariño. Jesús que multiplica los panes en varias ocasiones para dar de comer a aquellos que lo están siguiendo.

Pero no nada más pensemos que las obras de Cristo son sus milagros, su vida cotidiana es manifestación de Dios.

Llama a los Apóstoles, vive con ellos, los va educando, les manifiesta las verdades del Reino Eterno y los acompaña para que ellos fortalezcan su espíritu.

Jesús es carpintero, pescador, va pesca, vende y va haciendo su vida ordinaria, sencilla y convierte su vida en oración y se pone en íntima colaboración con Dios.

La oración de Cristo más que palabras, es su vida como tiene que ser nuestra oración, tenemos que saber estar en unión con Dios, cuando saludamos, cuando trabajamos, cuando vamos en el camión, cuando venimos de peregrinos, cuando reímos; todo eso lo estamos consagrando a Dios, por que ése es el sentido fundamental de la oración, saber elevar nuestras acciones a Dios, y nuestro pensamiento.

Es como el que está enamorado, piensa todo el día en la persona amada y le consagra todo, le habla, le platica, le espera, esta al pendiente de lo que necesita; así es Cristo.

Cristo es la oración de la humanidad al Padre, porque Jesucristo es verdaderamente hombre. Cuando el sacerdote incensa el altar, ese incienso es imagen de la oración, la oración que sube a Dios como el incienso.

Sube este incienso Señor, a tu divina presencia y descienda tu clemencia a mi pecho pecador, has que se eleve en tu honor a tus altares miss ruego y queme la malicia de mis labios hasta borrar los agravios, como el incienso en el fuego.

Necesitamos pensar en que no únicamente el día que venimos al Templo estamos orando. Estos hermanos tianguistas, cuando están ofreciendo su mercancía atendiendo al cliente, lo elevan a Dios y eso se convierte en oración.

El pensamiento puesto en Dios nos ayuda a evitar pasiones y pensamientos vanos, y la Virgen Santísima de Guadalupe nos llama, nos trae a su casa poderosamente al joven, al anciano, al hombre, a la mujer, al enfermo, al pobre, al rico, al intelectual, al ignorante, al analfabeta; a todos nos llama la Virgen, porque aquí ella nos va a dar Gracia.

Y nosotros cuando venimos a la Basílica, nada nos aparte de ese pensamiento los que vienen a pie desde lejos su intención es muy clara, estar cerca de la Virgen Santísima de Guadalupe.

El sacerdote se encuentra a diario con personas que le dicen: padre vengo de Chihuahua, de  Matamoros, de Puebla, de Toluca, de Chile, de Guatemala, de Estados Unidos, padre, vengo a ver a la Virgen, a pagar una manda, a pedirle la bendición, a consagrar mi vida, a decirle que salí bien de la operación, que me acompañe al hospital, que este conmigo ahora que pidieron la mano de mi hija y quiero que ella tenga paz en su corazón, que le vaya bien.

Vengo porque tengo una gran necesidad, porque estoy triste, solo, porque perdí el trabajo; vengo a traerle el primer sueldo que recibí.

Todo esto, es consagrar nuestra vida cotidiana para que todo se nos ilumine y transforme viendo a la Virgen, ella nos da gracia y a través de ella nos mantiene alegres, como buenos cristianos.

También le he dicho a la Virgen: ¿como entiendo su gracia? el aire canta, si tu voz lo besa; el agua baila, si tu luz la enfoca; la tierra es cielo, si tu piel la toca; el fuego es gracia, si tu amor es fresco; y cuando tu mirada penetra en mi alma, arrepentida de su vida loca, la vuelves limpia; y con tu linda voz me llamas hijo, con acento tierno, como a Juan Diego le dijiste un día en que de rosas se vistió el invierno: atraes entonces hasta ti mis pasos y me ofreces tu fuente de alegría poniéndome en el cruce de tus brazos.

Esa es la Gracia de Guadalupe, por ejemplo, la Virgen de Guadalupe se inclina hasta donde estamos nosotros, nos toma en sus brazos y nos coloca junto a su corazón y es el mejor lugar para vivir, estando con ella.

Queridos peregrinos, que la Virgen de Guadalupe los ponga entre sus brazos y a quienes han venido de lejos o de cerca, la Virgen los ponga en sus brazos y así vivamos nuestra conciencia clara de que nos incorporamos a ese Jesús orante con su vida, con su muerte y con su gloria. Así sea.

 
 
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