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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arquidiócesis Primada de México, en ocasión de la celebración de Ordenaciones Diaconales, en la Basílica de Guadalupe.


10 de junio
de 2006

Amigos de estos candidatos al Diaconado, muy queridos formadores de nuestro seminario, queridos sacerdotes que ayudaron en la formación de estos candidatos al Diaconado, muy queridos Señores Obispos.

Con la imposición de las manos y la oración de la Iglesia, estos hermanos nuestros entrarán a formar parte de la jerarquía eclesiástica.

Jerarquía, que en su sentido auténtico y original significa: el que tiene el Poder Sagrado, el que ha recibido el Poder Divino. Ustedes recibirán el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo a través de un signo muy sencillo que establecieron los Apóstoles para transmitir lo que ellos habían recibido en Pentecostés.

Ustedes al entrar a esta Jerarquía, saben que no son sus méritos o sus capacidades. No es lo que ustedes hayan adquirido de experiencia a través de la vida lo que van ha ejercer, sino lo que van a ejercer es el poder de Dios.

Especialmente son destinados a servir, a ejemplo de Aquél que no vino a ser servido, sino a servir, Cristo Jesús. Así nacieron los diáconos en la primitiva Iglesia, por la necesidad de atender a los más necesitados.

En nuestro tiempo son muchas las categorías de seres humanos que necesitan una atención y servicio especial. Ustedes deberán encontrar los caminos, tener imaginación, dejarse guiar por el Espíritu para llegar a estos hermanos nuestros tan necesitados del amor de Dios, tan necesitados de reconocer la presencia de Dios en obras concretas.

Quizá ya no sean ni las viudas, ni los huérfanos, pero si los niños de la calle, los encarcelados y otros muchos hermanos nuestros que están esperando de parte de la comunidad cristiana una mejor organización, mejores iniciativas para que lleguemos a ellos y les demostremos que el amor de Dios está en medio de nosotros.

Ustedes son destinados especialmente al servicio, para eso reciben el Espíritu Santo y la Imposición de las Manos. Ese servicio también es especialmente a la Eucaristía, ustedes como diáconos saben que están capacitados para preparar la celebración de los Misterios Santos. No reciben la Imposición de las Manos para presidir estos misterios, sino para preparar la celebración de estos Misterios Santos.

Faltan en nuestra comunidad Arquidiocesana para que los Misterios Santos sobre todo el de la Eucaristía se prepare adecuadamente.

En muchos ambientes no existe esa preparación, no existen lectores preparados, monitores preparados, gentes que reciban y despidan a la comunidad, ni si quiera existen en muchas comunidades cantores que sepan acompañar la celebración de los Misterios Santos.

El campo que ustedes tienen para servir a la Misa Santa es muy amplio y como escuchábamos al principio de esta celebración, los Diáconos reciben la Palabra del Señor para que la difundan y la lleven a los distintos ambientes.

Sabemos que en esta comunidad arquidiocesana hay muchos alejados del influjo del Evangelio, ojalá ustedes sepan encontrar caminos y lleguen a muchos hermanos nuestros que están hambrientos y sedientos de esa palabra.

Los caminos no están hechos, hay orientaciones generales, pero se necesita de la iniciativa, ardor, constancia de aquellos que son consagrados para realizar estos ministerios, pero muchas veces aunque conozcamos esos caminos, sabemos que hay muchísimas dificultades al interior y exterior de las comunidades.

Muchas veces no hay el ambiente adecuado para que estos misterios y ministerios del servicio, a la caridad, al altar, a la Palabra se realicen adecuadamente. Nosotros nos podríamos quejar de las dificultades actuales, pero siempre han existido éstas.

Hace 75 años exactamente, cuando México celebraba los 400 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, arreció la persecución religiosa y sobre todo se hizo presente en Veracruz a tal punto, que la mayoría de los sacerdotes y el mismo Obispo tuvieron que salir del Estado, porque el Gobernador Tejeda, un criminal y asesino buscaba matar no solamente a los sacerdotes, si no a todos aquellos que expresaran públicamente su fe.

Una táctica fue replegarse en el Estado de Puebla como los hizo el Obispo de Veracruz Don Rafael Guízar, pero un día se presenta en Jalapa, en la casa de Gobierno ante el Gobernador y le dice: sé que usted ha dado la orden terminante de matarme en donde quiera que me encuentre, no quiero que ninguno de mis feligreses se manche sus manos con mi sangre, tome su arma y dispáreme.

El gobernador palideció y lo dejo salir, pero el Obispo no confió en su palabra como era natural, de aquel gobernador asesino, siguió huyendo.

Y un día se vino a la Villa de Guadalupe, precisamente al Santuario que tenemos al lado, los Obispos mexicanos estaban celebrando los 400 años de las apariciones de Santa María de Guadalupe y él no traía las vestiduras eclesiásticas, como un fiel laico se quedo entre la multitud, y lo empezaron a reconocer, la gente empezó a gritar: ¡viva el obispo de Veracruz!, ¡viva Don Rafael! y no tuvo más remedio que subir a donde estaban los obispos y le proporcionaron las vestiduras eclesiásticas y celebró los 400 años de las apariciones de Santa María de Guadalupe con los demás obispos mexicanos.

Esta tarde Don Rafael, nuestro Santo, nuestro obispo mexicano que ha llegado al máximo que grado que puede aspirar cualquier cristiano y eclesiástico nos acompaña. Los jóvenes de nuestro Seminario Conciliar de México lo tomaron desde el principio de su formación, como su patrono y nos alegramos que ha iniciativa de ellos puedan estar aquí las reliquias de este obispo santo.

Nos alegramos también, porque sabemos que no solamente son ustedes los de este grupo del seminario los que lo han tomado como un modelo de inspiración de vida apostólica y de santidad, ya en nuestro Seminario Conciliar de México desde hace mucho ha sido un guía, un punto de referencia para la formación sacerdotal, de hecho, en el grupo de Mons. Diego, Rector de esta Basílica, también había sido tomado como el patrono de su grupo, nos alegramos que Don Rafael haya inspirado a muchas generaciones de nuestro Seminario Conciliar de México, que siga inspirando a nuestro presbiterio y seminario a esta vida de santidad.



Ordenados al Diaconado

1.- David Bolaños Villanueva 11.- Jesús Sepulveda Guzmán
2.- Alberto Meza Saavedra 12.- Julio César Saucedo Torres
3.- Gilberto López Franco 13.- Felipe de Jesús Ramos
4.- Onésimo Ortega Torres 14.- Valentin Salmerón Flores
5.- Enrique Francisco Lozada García 15.- Joel Sánchez Vargas
6.- José Luis Alfonso Yañez 16.- Arturo Manuel Nogues Lara
7.- Juan Carlos Valente Noguez 17.- Andrés Luis García
8.- Jorge Antonio Ruiz Cedeño 18.- Cuauhtémoc Islas Barquera
9.- Carlos Serrano Patiño 19.- José Alberto Medel Ortega
10.- Alfonso Tehuintle Guzmán    
 
 
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