La
Gracia y la paz de Dios nuestro Padre que tanto amó al mundo
que le entregó a su Hijo, esté con todos ustedes.
Mis amados hermanos, tenemos la oportunidad de contemplar 18
escenas bíblicas en este nacimiento tradicional de nuestra Basílica.
Algunas del Antiguo Testamento, otras del Nuevo Testamento,
que nos revelan el designio amoroso y providente de Dios Padre
sobre la humanidad, la encarnación del Verbo Eterno de Dios,
el nacimiento de Jesús, Señor y Cristo.
Tenemos la oportunidad de contemplar, en la escena central
que es el nacimiento de Jesús en el pesebre, el gran amor que
Dios nos tiene. Tanto nos ama Dios que se anonadó, dice San
Pablo, se abajó, se metió en nuestra humanidad, para desde ahí
levantarla y promoverla. Dios se hace hombre para que nosotros
hombres, nos hagamos hijos de Dios.
Que estas escenas bíblicas, y sobre todo la del nacimiento,
nos lleven a interiorizar, a profundizar, en qué significa esto,
qué debe significar esto en nuestras vidas, cuáles son los caminos
de Dios. No son los del poder, el tener, el placer. Los caminos
de Dios son los de la sencillez, de la entrega, del servicio,
del amor, y del amor hasta el extremo.
Ojalá que ustedes, amados hermanos, también monten su nacimiento
en sus hogares, en sus casas, que reúnan a la familia en torno
al nacimiento para que de verdad Cristo renazca en sus corazones.
Esto es lo importante. Es una pena que miles y millones de hombres hoy en día, celebren
la navidad, sin Jesús. Mis hermanos, la navidad no son comilonas,
no son bebidas en exceso, no son compras exageradas. No, si
esto fuese navidad no habría navidad para Jesús de Nazareth.
Qué pena que para muchos después de navidad sólo les queda
un gran empacho, una cruda tremenda, una angustia porque no
tenemos dinero, todo lo gastamos. No, mis hermanos, ¡que Cristo
renazca en nuestros corazones!. ¡No hay navidad sin Cristo, gravémonos bien esto, no hay navidad
sin Cristo!
Preparemos el corazón, digámosle a nuestra niña, a nuestra
muchachita Santa María de Guadalupe, que nos enseñe a preparar
el corazón, a disponer el espíritu para que Cristo renazca en
cada uno de nosotros.
Si Cristo renace esta navidad 2006 en nuestros corazones, mis
hermanos, les aseguro que habrá un año nuevo lleno de esperanzas,
de ilusión, de ganas de vivir, de trabajo, como restaurar el
Reino de Dios. Bendigamos este nacimiento y vayámonos a nuestras casas con
la inquietud y la preocupación y el compromiso de montar también
nuestro propio nacimiento.
Señor Dios Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos
entregaste a tu hijo único nacido de María la Virgen, dígnate
bendecir este nacimiento y a la comunidad cristiana de esta
Basílica de Guadalupe que esta aquí presente, para que
las imágenes de este nacimiento, las diversas escenas bíblicas
que contemplamos, nos ayuden a profundizar en la fe, y a los
adultos y a los niños, les haga madurar cada día en el seguimiento
de Cristo. Te lo pedimos por Jesús tu Hijo amado que vive y
reina por los siglos de los siglos. Amén. |
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