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Palabras de Mons. Diego Monroy Ponce, Rector de la Basílica de Guadalupe, durante la inauguración del Nacimiento instalado en el interior de la Basílica.


Sábado 16 de diciembre de 2006

La Gracia y la paz de Dios nuestro Padre que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo, esté con todos ustedes.

Mis amados hermanos, tenemos la oportunidad de contemplar 18 escenas bíblicas en este nacimiento tradicional de nuestra Basílica. Algunas del Antiguo Testamento, otras del Nuevo Testamento, que nos revelan el designio amoroso y providente de Dios Padre sobre la humanidad, la encarnación del Verbo Eterno de Dios, el nacimiento de Jesús, Señor y Cristo.

Tenemos la oportunidad de contemplar, en la escena central que es el nacimiento de Jesús en el pesebre, el gran amor que Dios nos tiene. Tanto nos ama Dios que se anonadó, dice San Pablo, se abajó, se metió en nuestra humanidad, para desde ahí levantarla y promoverla. Dios se hace hombre para que nosotros hombres, nos hagamos hijos de Dios.

Que estas escenas bíblicas, y sobre todo la del nacimiento, nos lleven a interiorizar, a profundizar, en qué significa esto, qué debe significar esto en nuestras vidas, cuáles son los caminos de Dios. No son los del poder, el tener, el placer. Los caminos de Dios son los de la sencillez, de la entrega, del servicio, del amor, y del amor hasta el extremo.

Ojalá que ustedes, amados hermanos, también monten su nacimiento en sus hogares, en sus casas, que reúnan a la familia en torno al nacimiento para que de verdad Cristo renazca en sus corazones.

Esto es lo importante.
Es una pena que miles y millones de hombres hoy en día, celebren la navidad, sin Jesús. Mis hermanos, la navidad no son comilonas, no son bebidas en exceso, no son compras exageradas. No, si esto fuese navidad no habría navidad para Jesús de Nazareth.

Qué pena que para muchos después de navidad sólo les queda un gran empacho, una cruda tremenda, una angustia porque no tenemos dinero, todo lo gastamos. No, mis hermanos, ¡que Cristo renazca en nuestros corazones!. ¡No hay navidad sin Cristo, gravémonos bien esto, no hay navidad sin Cristo!

Preparemos el corazón, digámosle a nuestra niña, a nuestra muchachita Santa María de Guadalupe, que nos enseñe a preparar el corazón, a disponer el espíritu para que Cristo renazca en cada uno de nosotros.

Si Cristo renace esta navidad 2006 en nuestros corazones, mis hermanos, les aseguro que habrá un año nuevo lleno de esperanzas, de ilusión, de ganas de vivir, de trabajo, como restaurar el Reino de Dios.
Bendigamos este nacimiento y vayámonos a nuestras casas con la inquietud y la preocupación y el compromiso de montar también nuestro propio nacimiento.

Señor Dios Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir este nacimiento y a la comunidad cristiana de esta Basílica de Guadalupe que esta aquí presente, para que las imágenes de este nacimiento, las diversas escenas bíblicas que contemplamos, nos ayuden a profundizar en la fe, y a los adultos y a los niños, les haga madurar cada día en el seguimiento de Cristo. Te lo pedimos por Jesús tu Hijo amado que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.    

 
 
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