Salve, Virgen perfecta,
Salve, Señora y Reina nuestra.
Salve, Hija de tu Hijo, a Quien hiciste presente
en nuestra tierra,
Salve, tú que nos entregaste visible a Quien nadie
puede ver,
Salve, Guadalupe, nombre en el que unes a árabes, judíos
y a los hombres todos.
Salve, tú que elegiste a tu amado Juan Diego, y en
su lengua armoniosa dialogaste,
Salve, tú que en su tilma enraizaste tu imagen sublime,
Salve, tú que a tu Hijo veneras en la persona del reciente
Obispo,
Salve, tú que sosegaste las aguas y los montes.
Salve, tú que tu paz trajiste a los escudos y flechas,
Salve, tú que los cañones acallaste y mellaste las espadas,
Salve, tú que nos abriste los botones floridos de la Verdad
Suprema,
Salve, Jardín en que florece el conocimiento de Aquel por
Quien se vive.
Salve, ¡Flor de las flores!
Salve, ¡Señora y Niña nuestra!
|