Otro día termina, Señor. ¿Un
día más? No; un día menos en la espera de
la muerte. Reviso estas horas tan cercanas aún, pero ya
inscritas en el libro de tu Juicio…, y mi corazón
se entristece al hallarlas tan ocupadas en todo cuanto pasa y
se desvanece, y tan vacías de ti.
Perdóname, Señor, por ser débil
y cobarde, por conocer el bien y hacer el mal, por tropezar cada
vez en la misma piedra, por ser tan tibio y amarte tan poco.
Si no hubiese puesto en las manos Cristo, de una vez para siempre,
mis faltas y mis penas, sólo me quedaría en recurso
de la desesperación y del hastío de mí mismo.
Pero sé que toda debilidad es en ti verdadera fuerza.
Señor, tengo fe en ti.
Bendice mi descanso de esta noche. Protege mi
morada y haz que mi sueño, animado de tu presencia, esté
henchido de confianza y de felicidad.