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Nuestra Señora de Guadalupe
Dialoga y hace actua

La Madre de Dios y de los hombres manifiesta con su ser y proceder mucho amor y cercanía; por lo tanto, gran autoridad y gobierno. Ello concreta o plasma un camino de diálogo, que manifiesta esas dos dimensiones indisociables de su  persona: lo primero, en cuanto es capaz de escuchar y responder desde el lugar del interlocutor; lo segundo, en cuanto esa respuesta origina acciones obedientes, que suscitan progresivamente el protagonismo generalizado de todos los actores del acontecimiento, para de este modo comunicar y conducir a concretar todo su mensaje de vida.

Es por su maternidad así entendida, que se dejó afectar por las experiencias vitales de sus interlocutores colectivos e individuales, y se hizo presente para conducirlos efectivamente a su superación.

Toda su generosidad y firmeza, que media la salvación y aleja la perturbación, es para todos los que la busquen y continúa operando hoy. Es por esto que, tal como lo dijo, su visita sigue hasta nuestros días. Ella permanece amando y, de este modo, mostrando a su Hijo, al asumir y remediar las penas, miserias y dolores de todos aquellos hombres que confíen y se dejen guiar por su maternidad [1] .

De este modo, su mirada de sumo respeto, delicadeza y autoridad, continúa ofreciendo en su preciosa imagen, lo que ella quiere dar y hacer alcanzar a los hombres.

«...‘Mirada compasiva’, ‘mirar con compasión’, son expresiones contínuamente referidas al gobernante. En náhuatl ‘te-ixtlapal-itta’ sería, literamente, ‘Ver’= Itta, ‘de soslayo’, ‘de lado’= ‘ixtlapal’, ‘a las personas’= ‘te’, exactamente como aparece en su imagen»[2] , como se suponía también que miraba el mismísimo Dios: «...el Señor del cielo, el amado, el digno de ser rogado, que de través, de lado nos ha mirado a nosotros...»[3] y cómo enseñaba a mirar la madre a su hija: «...no irás siguiendo con la mirada a la gente, no mirarás de frente a las personas...» [4] .

De este modo entonces, su compasiva mirada misericordiosa, ligada a la buena educación y al gobierno, sigue comunicando a su Hijo y todo lo que Ella, al mostrarlo a Él, quiere ayudar a lograr [5] .

Escucha y responde

La base fundamental y centro de su proceder es ese diálogo, global y permanente, mucho más amplio que el intercambio de meras palabras en el que Ella, para emitir su anuncio como respuesta, se adapta con total eficacia a los modos específicos de percibir, pensar, comunicarse y expresarse de los demás, teniendo en cuenta las capacidades y límites de indios y españoles [6] .

Consecuentemente, el relato la presenta escuchando o conociendo las coyunturas históricas y características personales de sus interlocutores, y utilizando con soltura, para presentar su palabra y mensaje, pautas culturales de todos ellos. Y es de este modo, en diálogo auténtico, como «...arma una obra maestra de comunicación, admirable hasta en sus más finas minucias...»[7] , «...clara, elocuente, precisa... perfecta, para sus destinatarios, hasta en sus menores detalles...» [8] , que combina con belleza un gran despliegue de distintos símbolos teofánicos de ambos pueblos. Ellos hicieron sentir y entender a todos lo que Ella quería transmitir, empleando mayormente el náhuatl noble, pero utilizando palabras latinas o españolas, cuando tiene que realizar identificaciones sin dar lugar a equívocos [9] .

En consecuencia, el anuncio de Nuestra Señora de Guadalupe es manifestado entonces por la globalidad de su proceder; y así está compuesto no sólo por lo que Juan Diego y su tío han oído, sino también por lo que ellos han visto y admirado; es decir, por todo el acontecimiento inicial del fenómeno guadalupano, que es palabra integral a sus pueblos destinatarios; palabra presentada en respuesta  a lo que estaban viviendo [10] .

De este modo, su accionar y palabra siempre asumen y responden globalmente a sus interlocutores. Concreta así su intervención y origina un diálogo vencedor de incomprensiones, que pide a su mensajero participe a los demás. Las pláticas entre Ella y Juan Diego son el punto de partida que origina nuevas conversaciones entre dicho indio y el obispo, sus cercanos y el tío, entre este último y el obispo, entre los pueblos.

Más aún, Juan Diego dialoga con los otros como Ella dialoga con él; es decir, desde la situación de su interlocutor, poniéndose al servicio de sus demandas y respondiendo a las mismas con su acción y palabra [11] . Y para que realmente las conversaciones sean verdaderos y recíprocos diálogos, en los casos en que sea necesario hacerlo en alguno de los protagonistas, la intervención de Nuestra Señora de Guadalupe corregirá actitudes personales y modificará la temática y tono de lo hablado.

Ella, además, sigue escuchando y respondiendo a aquéllos que van a verla en su imagen y a presentarle sus plegarias. Hay que destacar entonces, que este final abierto en el que todos van a dialogar con Ella no es sólo la meta, sino también el camino y mediación para que la acción de Nuestra Señora plasme su propósito materno y salvador [12] .

Suscita acciones obedientes

A partir de todo lo que venimos desarrollando, se puede observar que Nuestra Señora de Guadalupe entabla relaciones significativas que originan acciones obedientes, por convicción y aceptación, de todos sus interlocutores. Lo anterior ocurre cuando éstos descubren que Ella los entiende, sabe tratarlos y da importancia a lo que ellos consideraban relevante [13] .

Así como el diálogo materno entre la Señora y Juan Diego suscitó la obediencia y acción del indio, los encuentros que irá entablando Ella en persona y a través de su mensajero con los otros interlocutores, van generando y animando gradualmente acciones obedientes, y un protagonismo generalizado de todos los que intervienen en el acontecimiento.

El diálogo se constituye así en un camino de realización, que se participa o ensancha, haciendo crecer el círculo de los convencidos e implicados en la concreción del suceso o mensaje guadalupano en el que, sin agotarlo, tiene Ella la iniciativa. Lo que ocurre es que, como la finalidad de su acción y palabra es al mismo tiempo colectiva e individual, habla a todos y busca el protagonismo responsable de cada uno en el despliegue de ese hecho y verdad, que hace nacer un pueblo y madura a las personas.

Y si bien queda muy claro que tanto su presencia como su mensaje primero se manifiestan a Juan Diego y a Juan Bernardino, luego a fray Juan de Zumárraga y sus cercanos y por último a todos; y que, en el caso de los dos primeros, la perciben a Ella y reciben su palabra de un modo más extraordinario que los demás, su cercanía en la imagen o anuncio testimonial llega a la totalidad de los personajes y los transforma en actores.

Por eso, en la difusión de su mensaje, Nuestra Señora de Guadalupe  «... exige la intervención de Zumárraga, pero no es menos explícita en cuanto a exigir la de Juan Diego...»[14] , cuando éste tiene otra pretensión. Con respecto a las flores, «...no fue Ella tampoco quien las cortó, sino pidió e insistió en que las cortara y trajera un mexicano, aunque de él las recibió y en su tilma las reacomodó, para que las llevara, en su nombre, al...»[15] señor obispo, que las vio asociadas a su aparición o estampación de su preciosa imagen [16] .

Si consideramos la totalidad de los hechos, no sólo vemos entonces que Juan Diego es el mensajero y el obispo el que discierne, sino también que el tío da el nombre; algunos van a ver el lugar elegido por la Señora y acompañan a su sobrino; muchos construyen el templo y todos, sin que falte ninguno, van a admirarla y a rezarle [17] .

Este criterio de protagonismo progresivo y cada vez más generalizado, también se percibe en el crecimiento cuantitativo y cualitativo de espacios y tiempos compartidos por los actores del relato. Juan Diego es enviado a “lugares a donde no anda y no para”, y en los cuales desplegará su actividad con dificultades en primer lugar y, por último, terminará siendo recibido y alojado [18] . Pero a su vez, también los españoles terminarán yendo a lugares que antes no frecuentaban, o sólo se aproximaban persiguiendo y enojándose; pero al que finalmente concurrirán junto con los indios,  para encontrarse con la Señora y su Hijo.

En redundancia y corroborando todo lo anterior, las cinco referencias al canto en el cerro de las apariciones, simbolizan para los indios el quinto rumbo o dirección; y lo muestran como el lugar donde se cruzan los caminos del hombre y de Dios; el espacio en el cual uniendo sus esfuerzos y trabajos, pueden superar cualquier situación por más contradictoria que sea. Es, por lo tanto, sede de un acontecimiento o verdad superadora, que sólo se realiza totalmente en la unión y colaboración de los esfuerzos humanos con los divinos [19] .

Breves ideas para ayudar a la apropiación
  •      Que dialoguemos mucho con Nuestra Señora de Guadalupe que sabe asumir nuestra realidad y darnos respuestas de acuerdo a nuestras reales necesidades...
  •       Que Ella nos enseñe a dialogar entre nosotros de dicho modo, para que éste sea el camino que transitemos para crecer como comunidad, como pueblo, y así poder concretar todo su mensaje...
  •       ¿Somos capaces de dialogar presentando nuestra acción y palabra como respuesta existencial, integral y cercana al modo de ser, colectivo e individual, y situación de nuestros interlocutores?...
  •       ¿Somos capaces, viviendo lo anterior, de ganarnos el respeto de todos aquéllos con quienes nos relacionamos, y de colaborar en la generación de un creciente protagonismo compartido para hacer presente el Reino de Dios?...           


[1] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 29 a 33.

[2] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188.

[3] Anónimo, Huehuetlatolli, que contiene las pláticas que los padres y madres hicieron a sus hijos, y los Señores a sus vasallos. todas llenas de moral y política. Recogida, arreglado y acrecentado por el Padre Fray Ioan Baptista de la Orden del Seraphico P. Sanct Francisco. Con privilegio. En México, en el conuento de Sanctiago Tlatilulco, por M. Ocharte, Año 1660, México: Comisión nacional conmemorativa del V centenario del encuentro de dos mundos, 1988, Amonestaciones en Tepeyac, p. 447 (en adelante citado como Anónimo, Huehuetlatolli).

[4] Anónimo, Huehuetlatolli, Palabras de exhortación con que la madre así habla, instruye a su hija, p. 313.

[5] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 28.

[6] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 17.

[7] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 153. Aclaramos que Monseñor Guerrero refiere la afirmación que citamos a la comunicación de Nuestra Señora de Guadalupe para con sus destinatarios indios y en cambio aquí, dándole mayor alcance, la asumimos refiriéndonos también a sus interlocutores españoles.

[8] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 330 y 331. Vale también para esta cita textual la aclaración que realizamos en la nota anterior.

[9] Así utiliza las palabras: Sancta, Dios, Obispo. Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 173.

    También nos parece un rasgo de su precisión al hablar y al servicio de la finalidad que busca alcanzar la revelación del nombre árabe Guadalupe. Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. VI, subtítulo Marianismo español”, p. 246 y 247.

[10] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 33, 43, 141 y 206 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 360.

[11] Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. IV, subtítulo El vidente del Tepeyac en el Nican mopohua, p. 188 a 192.

[12] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 31, 32 y  214 a 218.

[13] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 358. Vale aquí, con respecto al nuevo alcance que damos a lo afirmado por autor al que remitimos, misma aclaración que hicimos en nota 50. 

[14] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 236 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 60.

[15] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 333 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 134 a 140.

[16] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 181 a 183 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 359 y 360.

[17] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 214.

[18] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 55 y 60.

[19] Cfr. Siller Acuña, Anotaciones y comentarios, p. 146.

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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