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Nuestra Señora de Guadalupe

Madre de Dios y de los hombres

Nuestra Señora de Guadalupe se manifiesta amable con indios y españoles. Todo su ser y proceder, es al mismo tiempo que sorprendente, muy benévolo y respetuoso tanto de la teología de los últimos como de la religión de los primeros [1] .

Ella, que hace percibir a los demás que su persona establece una presencia divina y divinizante, muestra que a la vez que es cristiana, conoce y hace propia la cultura india [2] .

Es más, desde el inicio del acontecimiento y en todo momento, Nuestra Señora de Guadalupe se conduce y Juan Diego la identificará y la tratará como a una mujer noble de la sociedad india [3] .

La palabra “Cihuapilli” que se utiliza repetidamente para designarla «... significa simultáneamenteniña’, ‘muchachita’, ‘hija’, y tambiénDama’, ‘Noble Señora’, ‘Reina...» [4] .

En concordancia, Ella, que le habla utilizando sobre todo el náhuatl noble o tecpillatoli, dice de sí misma: «...‘In nicenquizca cemicac Ichpochtli Sancta María’= ‘Yo (soy) la perfectamente siempre virgen Santa María’, ‘In inatzin in huel nelli Teotl Dios’, literalmente: La venerable Madre del muy verdadero Dios «Dios»...» [5] , lo que equivalía a expresarle que era la Madre de su Dios de siempre, que les traía a Aquél que siempre habían venerado a través de otros: al arraigadísimo Dios de ellos y de los cristianos [6] .

En conexión con esto revela, que además de ser Madre de Dios es al mismo tiempo su creatura; tanto, que incluso Ella misma se somete al obispo como autoridad que representa a su Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre, en la tierra [7] .

Le expresa también a Juan Diego y con toda claridad, que es madre compasiva de él y de todos los hombres [8] . En ambos casos, tanto al anunciar su maternidad divina como la humana, emplea un modo que enaltece a sus hijos, dando a entender que para Ella es una dicha y un privilegio el hecho de serlo, y que por eso se siente honrada y agradecida [9] .

Su nombre, Guadalupe, coincidente con el de la imagen de la Virgen patrona «...de un celebérrimo santuario mariano en Extremadura...» [10] ; es otro aspecto, que expresa que Ella es madre de todos los hombres: pues la Señora del Tepeyac, que se exhibe asumiendo lo mejor del ser de los mexicanos y españoles, se identifica con un título árabe, Wadi al Lub o río de grava negra [11] .

Algunos piensan, en disidencia con lo afirmado en el Nican mopohua, que si bien dicho título se generalizó rápidamente, no sería el nombre que Ella enseñó a Juan Bernardino [12] . Sostienen que fue otro, indio, «...que quizá nunca sepamos, y que los españoles pudieron corromper en ‘Guadalupe’...» [13] . En todo caso y si así fuera, conjetura que no compartimos, nos parece realmente importante y providencial el nombre Guadalupe. Pues uno exclusivamente náhuatl o español, podría haber llegado a ser excluyente de uno u otro pueblo y, por lo tanto, inadecuado para designar a una Señora que se identifica con ambos y a un acontecimiento, suscitado por Ella, caracterizado por ser amorosamente incluyente.

Breves ideas para ayudar a la apropiación
  • Sigamos agradeciendo a Nuestra Madre su maternidad que mostrándonos al Hijo, nos hace hijos...
  • Maternidad que nos contiene, dignifica, enseña y anima a vivir como hermanos...
  • Tratamos de honrar a Nuestra Señora de Guadalupe imitando su amor y respeto por todos?...
  • ¿Nuestro ser personal y comunitario es capaz de establecer una presencia amable, cordial y cercana al ser y circunstancias vitales de los demás, que de esta manera les manifieste a Nuestro Señor Jesucristo?...  
  • ¿Enseñamos, con nuestro ejemplo, a obedecer a su Hijo y a quiénes lo representan?...


[1] Cfr. Guerrero Rosado, José, El Nican mopohua. Un intento de exégesis, 2 t., México: Realidad, Teoría y Práctica, 19982, t. I, p. 173 y 189. (En adelante citado como Guerrero Rosado, El Nican mopohua).

[2] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 156, 158 y 350.

[3] La mujer noble es muy estimada, digna de honra y reverencia, y por su virtud y nobleza en todo da favor y amparo a los que acuden a ella; y la tal, si es buena, tiene estas propiedades, que debajo de sus alas se amparan los pobres, y los ama y trata muy bien, amparándolos [...] y por su bondad a todos muestra amor y benevolencia, dando entender ser noble e hidalga...”. En Sahagún, Bernardino de, Historia General de las Cosas de Nueva España, México: Porrúa, 199910 (Colección “Sepan Cuantos...”, n. 300), lib. X, cap. XIII, p. 559. En este capítulo describe los perfiles humanos deseados y no deseados, según criterios prehispánicos, de los miembros de la sociedad india (en adelante citado como Sahagún, Historia general). Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 200.

[4] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 145.

[5] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 173 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 26.

[6] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 176.

     Aclaremos “...que ‘Nelli’, ‘Verdadero’, era para los indios sinónimo de ‘definitivo’, ‘perenne’ de modo que el ‘huel nelli Teotl Dios’ no podía ser sino el único, el de todos y el de siempre: Ometéotl, que, por extraño que suene, es de Quien Ella es Madre...”. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p.173.

[7] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 33 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 176, 189 y 190.

[8] Verdad “... que ya estaba implícita desde sus primeras palabras: ‘-¡Hijo mío!’.. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 185. Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 23, 29, 30 y 31.

[9] En el Versículo 119 usa la “...palabra: Ni-mo-nantli-tzin: ‘Yo-de-ti-madre-venerable’ [...] todo un poema, de veras inefable por intraducible[...] María no sólo está diciéndole a Juan Diego que es su Madre, ‘su Madrecita’, lo que ya es en sí una nueva y diáfana proclamación de su maternidad espiritual, sino que ¡Ella se siente honrada y agradecida por serlo!. Es la misma expresión que usó en el verso 26 para indicar que tenía el privilegio de ser la Madre de Dios...”. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 321.

[10] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 96. Cfr. Chitarroni, Leandro, El modelo pedagógico de Nuestra Señora de Guadalupe en el Nican mopohua. Córdoba: edición del mismo autor, 2003, p. 246, subtítulo “Marianismo español” (en adelante citado como Chitarroni, El modelo pedagógico). Con respecto a esta última obra, se puede acceder a su texto completo, y a cuadros y resúmenes que facilitan su lectura, en el sitio oficial de internet, de la Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de México: http://www.virgendeguadalupe.org.mx/apariciones.htm o más directamente a la página http://www.virgendeguadalupe.org.mx/apariciones/pedagogia/presentacion.htm. También se puede encontrar información referida a esta Tesis en las siguientes páginas: http://www.universidadabierta.edu.mx/Biblio/C/ModeloPedSraGpe.pdf¨
http://www.universidadabierta.edu.mx/Biblio/C/ArticuloCLH.htm).

[11] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 96, 442 y 443.

[12] Cfr. Romero Salinas, Joel, Precisiones históricas de las tradiciones guadalupana y juandieguina, México: Centro de Estudios Guadalupanos, 1986, p. 53 (en adelante citado como Romero Salinas, Precisiones históricas).

     En relación con lo anterior, algunos sostienen que los indios podrían tener dificultad en pronunciar el nombre Guadalupe porque el mismo contiene las consonantes “G” y “D” que no existen en el idioma náhuatl (Cfr. por ejemplo Becerra Tanco, Luis,  Origen milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe(1.666). En De la Torre Villar, Ernesto y Navarro de Anda, Ramiro, Testimonios históricos guadalupanos, México: Fondo de Cultura Económica, 1982 (1ª. reimp. 1999), p. 321 y 322 -en adelante citados como Becerra Tanco, Origen milagroso y De la Torre Villar y Navarro de Anda, Testimonios históricos -). Ahora bien, dicho argumento nos parece improcedente en los casos de Juan Diego y Juan Bernardino, ya que ellos sabían pronunciar sus propios nombres cristianos y no se ve por qué no pudieran llegar a pronunciar el de la Señora.

[13] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 442 . Ya desde el siglo XVII y también en la actualidad, ante el hecho de que los españoles efectivamente corrompían, hasta cómicamente, las palabras indígenas, se proponen posibles nombres indios de la Señora. Cfr. Becerra Tanco, Origen milagroso, p. 321 y 322, Rojas Sánchez, Mario, Guadalupe Símbolo y Evangelización: la Virgen de Guadalupe se lee en Náhuatl, México: Othón Corona Sánchez, 2001, p. 34 y 35 (en adelante citado como Rojas Sánchez, Guadalupe), Siller Acuña, Clodomiro, Para comprender el mensaje de María de Guadalupe. Buenos Aires: Guadalupe, 19903, p. 93 y 94 (en adelante citado como Siller Acuña, Para comprender) y Flores Segura, Joaquín, Nuestra Señora de Guadalupe. México: Progreso, 1998, p. 37, nota 27 (en adelante citado como Flores Segura, Nuestra Señora ).    

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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