Nuestra Señora de Guadalupe certificará su comunicación por
medio de una Imagen Sagrada, que es un auténtico amoxtli
o códice indio que manifestó glíficamente, a un pueblo acostumbrado
a transmitir por medio de iconos, la totalidad de lo que
Juan Diego les testimonió oralmente.
La estampación de Nuestra Señora de Guadalupe dijo, y dice
visualmente, lo que por medio de su palabra confió a su
mensajero. Sus formas y colores hablan y despiertan a los
ojos indios, y a todos los que se ocupan en conocer sus
sentidos, las mismas sensaciones y comprensiones que su
acción y vocablos suscitaron en Juan Diego, cuando contemplaba
su proceder y lo asociado al mismo; o cuando la escuchaba.
La imagen no era para los indios un mero recuerdo de
alguien, sino la continuidad viva de su persona; a su vez,
la tilma también era sacramento y símbolo de un sujeto o
individuo.
A la luz de esa última concepción, se comprende cuánto los
impresionó Nuestra Señora de Guadalupe al estamparse en
la tilma de uno de ellos, para continuar su impactante presencia
en el Tepeyac.
Aún hoy «...asombrosa e inexplicablemente, esa mismísima tilma
no se ha destruido ni deteriorado, y esa mismísima imagen
continúa, ahí mismo, arrobando los corazones de los
mexicanos» y de peregrinos de todas las
nacionalidades.
Admiró y admira por ser una obra maestra plasmada en una superficie
no adecuada para ser pintada. Según el Nican mopohua,
no fue obra de mano humana y esto lo corroborarían investigaciones
de diversa índole. Si bien siempre ha sido objeto de estudios
rigurosos, actualmente disponemos de mejores instrumentos
para realizar objetivos análisis científicos.
Los resultados de la aplicación de los mismos siguen maravillando:
un examen de reciente realización concluye, que el rostro
«...está hecho con pigmentos desconocidos, mezclados
de tal manera que aprovechan las cualidades de la difracción
de la luz causada por la tela sin apresto, para impartir
el matiz oliva al cutis. Además, la técnica se sirve de
las imperfecciones del tejido de la tilma para dar una gran
profundidad a la pintura. La cara es de tal belleza y de
ejecución tan singular, que resulta inexplicable para el
estado actual de la ciencia»
Impresiona así cómo la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe
tiene una inculturación y consecuente competencia comunicativa,
que trasciende la de su momento originario. Hoy, cinco siglos
después, y vistos los resultados de los estudios científicos
efectuados sobre Ella, sigue hablándonos «...con el lenguaje que hoy nos maravilla y convence: el de los análisis de
la Ciencia».
Así, en correspondencia total con el final abierto y continuado
del Nican mophua; y ante una mentalidad relacionada
con la absolutización de lo empírico, continúa admirando,
respondiendo y generando plegarias, ante lo que las investigaciones
de dicho orden siguen descubriendo en su preciosa e inigualable
imagen.
Es interesante destacar también que Nuestra Señora, que está
a punto de iniciar una danza, que era para los indios la
máxima forma de reverenciar a Dios, se manifiesta con un rostro mestizo. En un primer
momento
«...el mestizaje fue entusiastamente aceptado y promovido por
los indios, que entregaron gustosos a sus hijas y hermanas,
pero que nunca esperaron la infamia de que, al nacer los
hijos de esas uniones, los padres los abandonasen y considerasen
a las madres infamadas por el hecho de serlo...»
Como consecuencia de lo anterior,
muchos niños fueron rechazados por ambos progenitores y
quedaron sometidos a la orfandad y pobreza; y Ella, precisamente,
asumió el color de esos hijos abandonados y humillados.
Breves ideas para ayudar a
la apropiación